ver más

Una carta al Vaticano (con aviso de retorno)

Son sacerdotes (o lo fueron). Defienden el matrimonio gay (y uno se casó). ¿Qué reclaman a la Conferencia Episcopal? Un "capricho" de la Iglesia.

Dos ex curas amenazan con romper la paz de las máximas autoridades de la iglesia católica en Argentina con la intención de que el remezón del epicentro en la Conferencia Episcopal Argentina se sienta, tenga réplicas o al menos conmueva a alguien en el Vaticano.

Se trata de una carta que el expulsado cura cordobés José Nicolás Alessio y el renunciante cura mendocino Andrés Gioeni (foto), ambos por defender el matrimonio entre personas del mismo sexo, le enviaron a los obispos con la esperanza de que respondan; no como el papa Francisco, que ya tiene dos y jamás contestó.

¿Qué plantean? Que se termine el "capricho" de la Iglesia con la "putez" de los católicos.

Putez: concerniente a “puto”, término éste aceptado por la Real Academia Española de la Lengua como sinónimo de “homosexual” y del snobista y popular “gay”, aunque menos grave al ser pronunciado en España que aquí, en donde suele usarse como etiqueta, discriminación y hasta acusación. ¿Hay católicos que prefieren el amor y el disfrute sexual con persona del mismo sexo? Los hay. Y también los que prefieren sólo el amor, platónico, a veces oculto, secreto, reprimido, enfermizo o todo lo contrario: pleno. Y los que sólo buscan disfrute, sin amor pero con onda.

El catecismo que la iglesia católica les dicta a los niños antes de los 10 años y aun a los adultos, lo condena y prohíbe; lo segrega y promete el Infierno. A pesar de ello, quienes han logrado salir del pozo al que el estigma condena (los incautos, los ingenuos: en definitiva, a los niños que reciben esas órdenes con sello presuntamente divino), aseguran que logran alcanzar el “Cielo” en la plenitud del goce en libertad.

El papa Francisco abrió una luz de esperanza en ocasión de su retorno a Roma desde Brasil, en donde participó del encuentro con los jóvenes católicos del mundo. Parado en el avión de Alitalia, respondió preguntas de los periodistas que, ansiosos, leyeron cada respuesta como una y otra ventana de los herméticos aposentos vaticanos. Jorge Bergoglio, el papa, dijo entonces que quién era él para condenar a un homosexual. Rápidamente, se leyó lo que no se dijo: que la Iglesia revisaría su doctrina, que los homosexuales serían aceptados y tolerados además de nunca jamás atacados.

Entre los vientos de una historia reciente

El 5 de noviembre de 2009, los obispos argentinos, bajo la tutela de Jorge Bergoglio, emitieron su primer documento en el que anticipaban la lucha contra el Matrimonio Igualitario. Dijeron allí que "afirmar la heterosexualidad como requisito para el matrimonio no es discriminar, sino partir de una nota objetiva que es su presupuesto. Lo contrario sería desconocer su esencia, es decir, aquello que es". Y citando el Catecismo de la Iglesia Católica, afirmaron: “El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanentes".

Lejos de aceptar la posibilidad de sanción de la ley, el 20 de abril de 2010 emitieron una "declaración" de siete puntos "sobre el bien inalterable del matrimonio y la familia". Dijeron allí: "Constatar una diferencia real no es discriminar. La naturaleza no discrimina cuando nos hace varón o mujer. Nuestro Código Civil no discrimina cuando exige el requisito de ser varón y mujer para contraer matrimonio; sólo reconoce una realidad natural. Las situaciones jurídicas de interés recíproco entre personas del mismo sexo pueden ser suficientemente tuteladas por el derecho común. Por consiguiente, sería una discriminación injusta contra el matrimonio y la familia otorgar al hecho privado de la unión entre personas del mismo sexo un estatuto de derecho público".

Otra cuña de Gioeni a la curia

El ex cura mendocino Andrés Gioeni es duro al referirse a los obispos argentinos. "Ellos dicen que Dios se manifestó en la Palabra, pero aún así prefieren seguir en silencio".

En diálogo con MDZ, sostiene que "les mandamos esta carta el lunes pasado y no responden nada. No pueden seguir recurriendo al silencio".

Arremete: "Ya lo hicieron durante muchos años: en la seguda guerra mundial o en la dictadura, por ejemplo en la Argentina, mucha gente dependía de sus pronunciamientos y prefirieron callar. Cuando se calla también se es cómplice. Esperamos de parte de ellos una respuesta al menos".

El Diablo metió la cola (con perdón de la palabra)

A tal punto llegó el rechazo encabezado por el propio Bergoglio a la ley de Matrimonio Igualitario (hay quienes dicen que exageró su posición para frenar a los más ultras) que una de sus frases todavía retumba en internet, en medio de las manifestaciones en favor y en contra de la iniciativa. Dijo en una carta enviada a cuatro monasterios de Buenos Aires para incentivar la movilización en contra de la apobación de la ley:

- "No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios"

- "No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una "movida" del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios".

- "Aquí también está la envida del Demonio, por la que entró el pecado en el mundo, que arteramente pretende destruir la imagen de Dios: hombre y mujer que reciben el mandato de crecer, multiplicarse y dominar la Tierra".

La carta de Bergoglio a la marcha anti matrimonio gay

El derrotado

El 2 de febrero de 2011, el por entonces presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Jorge Bergoglio, fue recibido por Joseph Ratzinger, el papa Benedicto XVI en Roma. El argentino -según la crónica escrita para Clarín desde el lugar de los hechos por el periodista Julio Algañaraz- llegaba con la interna de la Iglesia argentina a cuestas. Lo mencionó entonces como el líder de la facción "centrista" que llegaba a la Santa Sede "con la respiración en el cuello del líder del ala" conservadora argentina, el obispo de La Plata, Héctor Aguer.

"Para el Vaticano -escribió Algañaraz en 2011- el golpe de la ley de casamiento gay ha sido muy fuerte, porque Argentina es el décimo país católico del mundo y en la Santa Sede temen que se propague la ola laicista a otros países de la América Latina, donde reside el 45% de los católicos del mundo, que reservan su veneración más a Juan Pablo II que a su actual sucesor".

Llegaba como un fracasado a hablar ante quien le había arrebatado el Sillón de Pedro, ya que el argentino había quedados segundo en la votación para ser elegido papa tras la muerte de Juan Pablo II. A partir de allí, los analistas vernáculos no cesaron de hablar sobre el fin de la carrera de Bergoglio rumbo al Vaticano.

Contraataque: el cura expulsado y desocupado que porfía

Un cura fue expulsado de su condición eclesiástica en Córdoba justo un mes antes de que los cardenales de todo el mundo optaran por un argentino en remplazo del reemplazante papa Benedicto XVI, el mismo que se hartó -según reveló el diario italiano La Repubblica por esos días- del accionar del ¨lobby gay¨en la Santa Sede. Se llama Nicolás Alessio y defendió el matrimonio gay.

Hoy Alessio está sin trabajo: no abandonó su fe, porfía -a pesar de todo- con su “amor a Cristo y la confianza en el Evangelio”, pero siempre fue cura y solo puede hacer lo que sabe: leer, releer, comentar y promover lo que considera que es “la palabra de Dios”.

Desocupado y en la búsqueda de un empleo que le permita continuar en pie, no halla en esas letras milenarias ningún justificativo a la persecución contra los homosexuales que realiza la Iglesia Católica en el mundo y que, según su opinión, el hoy papa Francisco, otrora arzobispo, cardenal y presidente de la Conferencia Episcopal Bergoglio, lideró con furia en la Argentina. “No va a cambiar”, dice, escéptico en un momento, para al minuto siguiente darle aliento a alguna luz de esperanza.

Carta a los obispos argentinos: en busca de curas valientes

Alessio envió el lunes pasado una carta a los obispos. La firmó junto al ex sacerdote mendocino Andrés Gioeni, ahora dedicado a la literatura y la actuación, recientemente casado con Luis tras diez años de noviazgo y ferviente defensor de la preferencia homosexual dentro de la fe católica.

Gioeni acaba de presentar su libro en el que explica por qué los Evangelios no cuestionan lo que aquí, burdamente (una carnada para captar la atención y abrir un debate) titulamos como “la putez católica”. Se llama "Tanto amor desperdiciado. De cómo ser cristiano y homosexual sin morir en el intento".

Ambos tienen historias diferentes, pero al final los camino los juntó en un reclamo: pedirle a la Conferencia Episcopal Argentina que evalúe explicarle a sus pares del mundo en el Vaticano, en octubre próximo, mes en que se discutirá la opinión de la Iglesia sobre “la familia”, que por la ley de Matrimonio Igualitario no sucedió catástrofe alguna en este país y que, por lo tanto, ya que el papa es de estas tierras... en fin..., que revean la doctrina católica con respecto a la homosexualidad.

Ilusos o esperanzados. O escépticos provocadores. Lo que buscan es que se hable de los temas, ya que se supone que hay tanta apertura.

Alessio y un mensaje en la botella al océano vaticano

“Tengo una preocupación concreta frente a la iglesia institucional”, empieza el ex cura Alessio, desde Córdoba, su diálogo. “Tiene que ver -profundiza y avanza- con una iglesia que tiene una deuda ética e histórica muy grande con la comunidad homosexual. Porque históricamente ha colaborado, a veces consciente o inconscientemente con los prejuicios, el estigma, la violencia, la homofobia, la discriminación. Es cómplice de una larga historia de sufrimiento humano. Y al seguir sosteniendo hoy que se trata de una desviación grave, importante de la naturaleza, ´un desorden´. Pero no solo eso, porque podría ser una deformidad inocente, pero no: dice que ese desorden lleva al pecado, a la promiscuidad, al Infierno”.

¿Qué enseña la iglesia sobre la homosexualidad? ¿Así de grave es?

- Si uno vive su sexualidad “desordenada” va al Infierno. El único camino que le queda es la represión: su sensibilidad, su tendencia erótica termina siendo un camino de tortura. Semejante posición ha colaborado con la violencia, la estigmatización, el prejuicio y el odio.

¿Y qué cree que debería hacer la Iglesia? ¿Le parece que va a cambiar una posición que es doctrinal?

- Frente a esa posición, la Iglesia oficial tendría que pedir perdón por haber sido copariticipante de esta larga historia de dolor y sufrimiento y modificar sus documentos, en donde sigue afirmando que ser homosexual “es un desorden de la naturaleza”. Eso lo dice en el catecismo en todos los colegios para la formación de niños adolescentes y adultos: no es un documento reservado de los obispos. Lo difunde como una doctrina con base teológica indubitable, lo que en realidad no es cierto; es fácilmente rebatible desde la palabra del Evangelio. Es otro capricho de la iglesia con consecuencias graves y concretas.

Hay quienes afirman que intestinamente, el tema se está hablando.

- La ONU pudo firmar un tratado para pedirle a las naciones en donde se castiga penalmente a los homosexuales para que revisen sus legislaciones. El Vaticano no quiso firmarlo.

Insisto con algo: aquella afirmación del papa Francisco, en el avión, cuando se mostró tolerante con los homosexualidades, ¿no representa un buen inicio?

- Creo que el papa en estos temas no va a cambiar absolutamente nada. Lo hizo acá en la Argentina como arzobispo, como presidente de la Conferencia Episcopal. Su posición fue muy grave, fue muy tenaz. Dijo algunas frases que fueron barbaridades y realmente desafortunadas, como aquellos de plantear “una pelea entre el bien y el mal” mientras se discutía la ley de Matrimonio Igualitario.

¿Y lo del avión?

- En el avión se lavó las manos. Él como papa no puede hacerlo. No tendría que haber dicho “no soy yo quién para juzgar”, sino pedir perdón. Se escapó del problema. Si uno analiza bien cómo sigue la frase, dijo que un homosexual es como “un enfermito controlado”, lo que equivale a decir que si reza mucho y se reprime y se porta bien, se va a sanar. Esa es la posición clásica de la Iglesia. “No te voy a prender fuego. Pero curate”.

Y si es tan escéptico, ¿por qué mandan esta carta a los obispos? ¿Tienen alguna esperanza de que algo cambie?

- Esperamos que los obispos nuestros, algunos que no tuvieron posturas tan combativas en aquel debate legislativo, tengan la honestidad de contar que en Argentina se aprobó esta ley y no se produjo ninguna catástrofe moral, ni un cataclismo. Es un país que con seriedad pudo aprobar una ley a favor de la diversidad. Todas las predicciones catastróficas quedaron en la nada y le hizo bien a muchas personas. Como en octubre se trata el tema de “la familia” en el Vaticano, Argentina podría dar testimonio de que aquí se pudo hacer algo que no fue una catástrofe. No soy muy optimista.

¿Están solos usted y Gioeni en esta lucha? ¿Hay otros católicos que prefieren seguir siéndolo a pesar del rechazo?

- Seguro que sí, que los hay y muchos. No quisimos abrir la firma de la carta a la Conferencia Episcopal porque los dos somos curas y por estar implicados fuertemente en el tema. Tampoco queremos que salgan a decir que se trata de un “lobby gay”, ni de organizaciones que están en contra de la Iglesia. Somos dos curas que hemos estadio durante años dentro de la Iglesia y que queremos seguir amando a Cristo. Yo, desde un análisis bíblico.

…..

Documento: la carta enviada a la curia 

Argentina, abril de 2014.

Secretaría

Conferencia Episcopal Argentina

Suipacha 1034. Ciudad de Buenos Aires

CP (1008). Argentina

 

Estimados Obispos:

¡Paz y bien! En vísperas de la semana mayor de la fe cristiana, en la memoria de aquel gesto que inspira la misericordia y el servicio de la Iglesia a los pequeños de la historia, el "lavatorio de los pies", queremos ofrecer esta carta a la CEA, convencidos que uno de los sectores de las periferias humanas a los que les debemos un gesto de profundo arrepentimiento y reivindicación, es a nuestros hermanos y hermanas de diversidad sexual.

Ya han pasado casi cuatro años desde que en la Argentina se aprobó la Ley de Matrimonio Igualitario (Ley n° 26.618 sancionada el 15 de julio del 2010). La sociedad argentina en general ha recibido con agrado y valentía esta decisión, y la ha asumido como propia sin resquebrajamiento alguno de sus valores e ideales. La implementación de la misma ha dado hermosísimos resultados en el avance contra la discriminación, el bullying y la violencia hacia personas con una identidad sexual diversa, como lesbianas, gays, bisexuales y trans.

Cuatro años atrás, cuando la ley estaba por ser sancionada se escucharon muchas voces. Algunas más moderadas, otras más enfrentadas. Algunas con “rasgos de fanatismo, expresiones de intolerancia y tintes conspirativos” (Manifiesto de laicos y laicas de la Iglesia Diocesana de Quilmes. Domingo 11 de julio 2010). Otras que aportaban elementos de madurez para una discusión productiva y democrática. Ese debate fue muy fructífero y positivo para toda la sociedad argentina en diversos campos. Destacamos la labor de la FALGBT (Federación Argentina de lesbianas, gays, bisexuales y trans) representada en todas sus organizaciones, de los medios de comunicación, del periodismo en particular y de muchos legisladores de diversos partidos que supieron llevar adelante un diálogo cortés.

Tuvo una discusión particularmente acalorada en el plano religioso, que fue un ámbito donde la división de opiniones era más distante. El dictamen oficial de la Iglesia Institución fue moderado y objetado desde diversas organizaciones eclesiales.

Comunidades cristianas de distintas parroquias y diócesis manifestaron sus posiciones desde un espíritu evangélico y conciliador, demostrando reconocer y aceptar la diversidad humana, rasgo de la voluntad creadora de Dios. Merece ser mencionada entre otras, la carta “CON LOS QUE SUFREN. Posición de algunos cristianos respecto al matrimonio entre personas del mismo sexo.” donde un grupo de profesionales y fieles católicos manifestaban una postura positiva, abierta, comprensible y tolerante.

Varios Sacerdotes y Pastores levantaron sus voces a favor de los más desprotegidos. Sólo para mencionar algunos nombres, recordamos las voces de los sacerdotes de Quilmes, entre ellos Ignacio Blanco, Marcelo Ciaramella, Eduardo de la Serna; en Mendoza el Padre Vicente Reale, en Córdoba el Grupo Sacerdotal Enrique Angelelli, con Nicolás Alessio a la cabeza de este debate, a quien le valió una injusta expulsión del ministerio (que debería ser puesta a consideración nuevamente).

Fueron prudentes y responsables las alocuciones de otras Iglesias y comunidades hermanas que se manifestaron en ese contexto. Cabe mencionar como ejemplos la carta firmada por el Obispo Frank de Nully Brown de la Iglesia Metodista Argentina del 16 de mayo de 2010; o la carta firmada conjuntamente entre el Pastor Federico Schäfer de la IERP (Iglesia Evangélica del Río de la Plata) y el Pastor Alan Eldrid de la IELU (Iglesia Evangélica Luterana Unida) del 31 de mayo de 2010.

Muchas comunidades de oración recibieron el mandato de rezar expresamente por este debate para que ganara Dios en medio de la pluralidad de voces. Y creemos que el triunfo fue divino. Dios sabe decodificar y recibir cada oración y buena energía en función de la felicidad y bienestar de sus hijos.

Es por eso que, luego de este periodo de convivencia pacífica y respetuosa con la nueva ley, consideramos prudente y responsable elevar un informe a las demás conferencias episcopales del mundo reconociendo y aceptando que en esta pluralidad no ha salido perdiendo ni el concepto de familia ni el de ser humano ni el de sexualidad, sino que ha sido un tiempo donde se han podido iluminar esos conceptos desde nuevas experiencias, con testimonios de entrega, renuncia, compromiso, dedicación, y tantos otros valores que siempre han sido ensalzados por el cristianismo.

Este INFORME necesariamente debe acompañar la encuesta de 39 preguntas que el mismo Papa Francisco enviara a las diócesis de todo el mundo para recabar información acerca de la vivencia de cada Iglesia particular en diversos aspectos de la familia, la natalidad y las uniones esponsales. Es muy importante que los Cardenales reunidos en el Sínodo de la Familia previsto para octubre de este año cuenten con ese INFORME. De su silencio o su compromiso sincero en la lectura de los signos de los tiempos en la comunidad argentina, dependerá que el verdadero diálogo con la realidad actual encuentre un valioso aporte para iluminar la vida con el Evangelio.

Creemos que este Informe puede tener repercusiones a nivel mundial, parafraseando el proverbio chino del “efecto mariposa” ("el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo"o"el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo"). Puede revertir la oleada de legislaciones que están atentando contra la libertad y la vida de muchas personas en diversos países (Uganda, Nigeria, Egipto por nombrar sólo algunos). Y denunciar la injusticia de semejantes leyes que impiden la expresión del ser humano. “El fuerte disciplinamiento, el secreto, la hipocresía, las complicidades: Estos signos de regresión en el seno de la Iglesia Católica en todo el mundo, nos deben invitar a romper los cercos de silencio y levantar nuestra voz, allí donde sea necesario, para estar a la altura de la invitación de paz, justicia y libertad que el Evangelio propone.”(“Cristianismo sí, homofobia no” del Centro Nueva Tierra. Ciudad de Buenos Aires, 26 de abril de 2010).

Estamos convencidos en conciencia y así lo van confirmando y corroborando los recientes y renovadores estudios bíblicos, morales y de otros campos de la Teología. Donde hay Amor está Dios. Y donde está Dios hay Amor. No hay textos bíblicos objetivamente hablando que condenen las relaciones entre personas del mismo sexo que sean consentidas mutuamente y que sean responsables, respetuosas, abiertas al amor, a la vida y a proyectos en común. Por lo que tarde o temprano, el Catecismo de la Iglesia deberá revisar y renovar sus conceptos al respecto de las consideraciones de las personas homosexuales, para que muchos puedan creer sin necesidad de elegir entre ser fieles a un Magisterio desalmado y su voluntad de vivenciar y practicar su sexualidad sin culpas infundadas.

Por último, a través de testimonio de muchos jóvenes, no deja de preocuparnos también este nuevo dilema que se genera en la pugna de derechos conseguidos. Muchos chicos y chicas recurren al confesionario y en su interior se encuentran con opiniones muy diversas y divergentes al respecto de su identidad sexual, e incluso con la posibilidad de negación de la absolución por parte de muchos pastores. Acá se enfrentan dos derechos: el de la Iglesia a fijar sus propias normas (que deberían surgir de una lectura despojada de fanatismos), y el del ciudada no argentino a no ser discriminado por su orientación sexual. Este acto religioso (no absolución por cuestiones morales y religiosas), tiene no sólo efectos civiles (discriminación por razones de sexo), sino que también genera en muchos jóvenes un daño moral y psicológico muchas veces irreversible. La garantía del Concordato con la Santa Sede respecto a la autonomía de las comunidades religiosas, no debería ser fundamento para dejar de revisar esta práctica que pone en riesgo la libertad de conciencia de muchas personas.

Con espíritu fraterno y evangélico, les proponemos ayudar a elaborar este informe en lo que consideren oportuno.

Saludos en Cristo.

José Nicolás Alessio

Andrés Gioeni

.....

La carta está en poder de los obispos. Hay otras dos que Andrés Gioeni le mandó al papa al Vaticano, por correo postal, como se hacía antes, con la esperanza de que le lleguen. La respuesta puede ser por sí o por no. Pero lo importante es que haya retorno, que haya debate. Que -dando vuelta aquella frase- no solo se le parezca al César, sino que lo sea.