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Necrocracia en Venezuela: Y un día, Chávez reemplazó a Bolívar

El presidente de Venezuela decidió hoy que cada cuartel debe portar un estandarte con la efigie del ex presidente Hugo Chávez.
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No será la imagen de Bolivar. Tampoco, la insignia venezolana. Los cuarteles militares de Venezuela deberán izar estandartes con la efigie de un presidente -Hugo Chávez- que murió hace tan solo un año, que encabezó un golpe de Estado en 1992 y que gobernó el país hasta el día de su muerte con el apoyo de la sociedad en elecciones libres, aunque sin ocultar su pretensión de instaurar un modelo "socialista cristiano", asociado al no cristiano que encabezan los hermanos Fidel y Raúl Castro en Cuba.

Para que lo entendamos, a modo de provocación: ¿algún argentino imagina a los militares argentinos dándole una vuelta de rosca al fanatismo kirchnerista del jefe del Ejército, César Milani, para imponer banderas con el rostro del "Nestornauta" en las dependencias castrenses? No, ¿no?

Volviendo sobre el tema, no es objeto de esta nota analizar el aporte de Chávez a la política y a los pueblos, como ya lo hemos hecho en otras oportunidades. Tampoco, la de comparar su dimensión política con otros líderes carismáticos de Latinoamérica que, mediante golpes o revoluciones, pretendieron eternizar su proyecto político en sus países.

El objeto es tan único como relevante: el rostro de un dirigente político cuyo impacto aun está en discusión en un país que parece dividido casi en mitades iguales entre quienes lo apoyan y quienes lo defenestran, presidirá a la Fuerza Armada en cada uno de sus cuarteles.

La decisión es fuerte. Es un mensaje directo: "Todo nos pertenece". Contiene, además, una implicancia: "No hay otra fuerza armada sino la nuestra, la chavista, la del Partido Socialista Unido, la de Maduro". Y, por lo tanto, no hay otra fuerza armada en Venezuela, al menos por ahora, que sea de toda Venezuela y no de un sector político partidario.

Está cantado que la oposición no está recurriendo a los resortes constitucionales para reclamar la salida de Nicolás Maduro. Si quisiera que todo se desarrolle en paz, recurriría a la figura de la revocatoria de mandato. Pero no lo ha hecho: se moviliza y agita y le ha abierto la puerta a sectores anárquicos que germinaron en uno y otro bando. Están los exaltados del chavismo, que no quieren que nunca jamás termine su revolución, y los que hasta se han desencantado d ela oposición aun siendo opositores y que no quieren saber nada con la política.

Pero también se sabe que dentro del chavismo, con el líder ya fallecido, las cosas no están bien. Se tolera a Maduro por dos cosas no menores: lo eligió Chávez, casi místicamente, y lo votó la sociedad en elecciones, aunque los resultados fueron bastante parejos.

Más allá de ello, los sectores militares hoy se muestran en efervescencia interna. Se hizo desfilar en el aniversario de la muerte de Chávez a "10.260 soldados combatientes, socialistas, revolucionarios y antiimperialistas", como lo tuiteó @PresidencialVen, la cuenta de Miraflores, la casa presidencial. Y no es casual tampoco: los uniformados no nacieron chavistas, ni socialistas, sino que se los obliga a un doble juramento, por la Patria y por la memoria de Chávez y el partido gobernante. A algunos, ambas opciones les parecen lo mismo. Otros no ven la forma de unirlas.

Una nueva grieta atraviesa, en tanto, a los cuarteles militares: los chavistas nacionalistas enfrentados a los procubanos. Las amenazas, entonces, a lo que Maduro pretende sostener como una "revolución" que dejó inconclusa su antecesor, pueden ser "del imperio", como prefiere mencionar el mandatario en sus diálogos con las masas afines en actos públicos o por televisión, Provienen, en muchos casos, desde los intestinos del chavismo. La ilegitimidad propia, tanto como la que le endilgan desde "afuera" (afuera del país y afuera del PSUV, la oposición), cruje desde adentro.

Con estandartes rojos con el rostro de Chávez, ¿lograrán unificar a todos los cuarteles? ¿Comenzarán a identificar a los que se nieguen a usarlos como "fascistas", "apátridas", "cipayos"? Tanta alusión bolivarianista terminó en esto: el reemplazo del propio Simón Bolívar por quien se decidió, desde el corazón del poder, que es su mejor intérprete: Hugo Chávez.