Venezuela, de los medios a las redes
El proceso que venía incubándose largamente mostró de forma cruda sus consecuencias en esta crisis a partir de las protestas de los sectores medios urbanos en el país. La televisión, y aquí vale hablar de este medio en su conjunto, dejó de contarle a la sociedad lo que ocurre en Venezuela. En la radio el proceso es más diverso, con excepciones notables de emisoras o circuitos que se mantienen en la arena informativa, mientras que la prensa escrita, por un lado, recibe esta crisis dentro de su propia agonía por la falta de papel para imprimir, al tiempo que este momento de conflictividad revaloriza los esfuerzos digitales que venían haciendo -de forma desigual-. En un período corto de tiempo quedó en claro la mutación: cada vez menos los medios son la fuente y con mayor fuerza se apela a las redes sociales como referencia, especialmente en los sectores medios.
La red social informativa por excelencia, Twitter, sobrepasa largamente los tres millones de usuarios en Venezuela. Eso hace que su penetración social no sea masiva, partiendo de que somos unos 30 millones de venezolanos. Es usada fundamentalmente por gente joven. Tres de cada cuatro usuarios venezolanos está por debajo de los 35 años. Eso la convierte en una suerte de burbuja etaria y social, ya que sus usuarios son principalmente jóvenes, universitarios, de sectores medios y urbanos. En el seno de las redes sociales pareciera que el gobierno de Nicolás Maduro vive sus últimos días, y si bien en este momento muchos usuarios de estas han desnudado la represión gracias a sus fotografías y videos, y eso es sumamente importante, se trata de un relato incompleto y eso no lo podemos olvidar. El relato de lo que está ocurriendo, según las redes sociales, efectivamente ocurre, pero no es todo lo que ocurre en el país. Olvidarse de ese detalle puede llevar a extrapolar y exagerar el impacto, significación y alcance de la protesta en el país.
El carácter de burbuja que tienen las redes sociales, encapsuladas muy claramente en un sector social, unido al control político sobre la televisión, la falta de penetración de la televisión por cable y la tradicional ausencia de lectoría de prensa especialmente en los sectores populares, hace que para una parte importante del país (algo así como el 45 por ciento) no tenga una versión distinta a la que ofrece de forma reiterada Nicolás Maduro. Por si fuera poco, Maduro multiplicó sus apariciones en cadena nacional de radio y televisión. Durante el año 2013, en promedio, Maduro habló 30 minutos en cadena cada día, mientras que entre el 12 y 26 de febrero estuvo una hora y 54 minutos diariamente -en promedio-.
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Otra característica propia de las nuevas plataformas: la multiplicidad de relatos sobre un mismo hecho. Los medios tradicionales tienen la virtud (cuando cumplen cabalmente con el deber ser periodístico) de organizarle a su audiencia los sucesos, juntar varios relatos para hacer una historia periodística, jerarquizar, etc. La multiplicación de voces que ha generado esta crisis en Venezuela, de miles de personas informando, enviando fotografías, compartiendo puntos de vista, con una ausencia notable del jerarquizador tradicional (la televisión), hace que sea muy difícil saber a ciencia cierta qué está pasando hoy en Venezuela, salvo que usted siga siendo lector fiel de la prensa escrita. Tenemos fragmentos, pero estamos lejos de tener una historia. Eso explica por qué se ha multiplicado la búsqueda de información de ciudadanos venezolanos, residentes en su país, de las noticias que tienen sobre Venezuela los medios internacionales.