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Los peligros de abrirle las puertas al gigante chino

Vamos a tentar al gigante asiático a que venga y cuando lo hace, trae sus reglas. O su carencia total de ellas, arrasando con todo. Los análisis.
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China avanza a pasos agigantados en la economía mundial. Lo hace territorialmente y, también, ocupando los espacios vacíos que hay adentro de aquellos países que no han sabido, podido o querido desarrollarse. Muchos se alegran: ven en China una solución fácil a los problemas urgentes de sus gobiernos y no se sacan el nombre de la nación asiática de la boca, como si supieran de qué se trata. Otros, en tanto, empiezan a recoger los testimonios de lo que implica abrirle las puertas a un gigante que funciona bajo otras reglas o bajo ninguna, pero dentro de nuestra propia casa.

Los occidentales que reportan para medios de comunicación desde las entrañas de la mismísima China comenzaron relatando anécdotas y ahora lo que hacen es, directamente, es apurar los apuntes y espacios en los medios que los enviaron hasta allá para contar lo que se viene.

Es que la expansión de China por el mundo no es caritativa: por el contrario, funciona –como lo están señalando esos reportes- como un agujero negro que todo lo come y lo hace desaparecer. Y cuando dicen “todo”, hablan de cuestiones tan materiales como los recursos naturales, el dinero, la mano de obra y hasta la dignidad consagrada en derechos universales que no suscriben, ya que actúan como extraplanetarios apoyando con su despliegue a dictaduras o democracias fallidas; les da igual.

Por ello, los gobernantes que corren a China a mostrarse activos lo están haciendo 30 o quizá 50 años después del momento en que esas oportunidades se abrieron y llegan tarde: el gigante despierto toma todo. Podrán ofrecerle los productos para sus mercados, pero caerían en un error insalvable –según los reportes periodísticos que van tomando formato de libros aquí, en Occidente- si los invitaran a “invertir” en sus sitios de origen.

Así lo cuentan, en resumidas cuentas, los españoles Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo. El primero, residente en Hong Kong es corresponsal del diario El Economista. El coautor, con domicilio en Beijing, reporta a la agencia Notimex. Su libro, editado en la Argentina bajo su sello Crítica se llama "La silenciosa conquista china".

Los dos salieron a recorrer 25 países con una hipótesis en sus libretas de apuntes: una frase de Deng Xiaoping pronunciada en 1990 tras los sucesos de la plaza de Tiananmen y que sirvió de sustento a la estrategia de cambio que está en su zénit en la actualidad. Dice: "Observar y analizar, asegurar nuestra posición, hacer frente a los asuntos con tranquilidad, ocultar nuestras capacidades y esperar el momento oportuno, ser bueno en mantener un perfil bajo, nunca liderar la reivindicación, llevar a cabo operaciones de carácter modesto".

Y advierten una cuestión desconsiderada a la hora en que los funcionarios “venden” a sus votantes los esfuerzos de viajar a Oriente: “China no es un ´estado – nación¨, sino una civilización. Nunca cambiará sus principios”.

中國危險 (El peligro chino)

Antonio Navalón, analista, empresario y promotor cultural español radicado en México, hace lo propio desde "Paren el mundo que me quiero enterar" (Editorial Debate). Allí sostiene que China se ha convertido en un "peligro" para el nuevo mundo global y multipolar, que asiste a la decadencia de EEUU y que surgió de las cenizas de los atentados perpetrados contra la potencia norteamericana el 11 de septiembre de 2001 (11-S).

En ese contexto, China representa un "peligro mundial" al haberse erigido en un enorme comprador de deuda pública de EEUU, ya que "el 70 por ciento de las reservas chinas -apunta- se encuentran colocadas en bonos del Tesoro estadounidense".

El escritor subrayó que las "especiales condiciones laborales de China, muchas veces rayanas en la esclavitud, han permitido crear un sistema de producción mundial que ha convertido a los países productores en países consumidores".

A su juicio, "el equilibrio productivo mundial de la gran factoría que es China es un atentado contra el resto del mundo. Y lo es no solamente por la simplificación de los costos, sino por su permanente competencia desleal".

Dumping social

Manuel Molares do Val fue corresponsal de la agencia EFe en China, entre otros países y ahora escribe desde su blog "Crónicas bárbaras". Desde puso en paralelo cómo esa "ayuda" china en momentos críticos se puede extender más rápido que un carcinoma, volando de cuajo las normas sociales, comerciales y sindicales que costó décadas construir.

"Aparte de poseer restaurantes, los tenderos chinos suelen montar bazares, los antiguos ultramarinos y cada vez más centros con algunos productos ya a la moda. Y todas las tiendas estarían abiertas las 24 horas, si les dejaran", escribió en su blog especializado. Agregó luego que eso "es lo que ocurría con las españolas cuando nos creíamos menos ricos, el país era menos acomodado y toda la familia trabajaba para sobrevivir: el horario era permanente; y si un cliente necesitaba algo de madrugada, había quien abría para atenderlo".

"Ahora -explicó Do Val- los españoles queremos trabajar cada día menos, pero los chinos lo hacen cada vez más. Quieren comerse el mundo. Sus hijos, además de ayudar en las tiendas, se comen también las universidades: son el número uno en casi todo. Y se integran con gran facilidad".

China vs. EEUU

A Estados Unidos le gusta compararse con China (ver infografía comparativa abajo). Sin embargo, a pesar de su liderazgo occidental y su triunfo cultural sobre Latinoamérica, debe considerarse que no está en condiciones económico políticas de aparecer tendiendo la mano a las economías emergentes: no tiene con qué y sus habitantes, además, no tienen interés en que ese sea el rol de su país.

Del peligro al miedo

El otro factor imperante es el del miedo. El miedo organiza, cuadra, alista a unos con unos y a otros con otros. En un multo multipolar, con los Estados Unidos y Europa en crisis terminal, todos los manotazos son de ahogados: los de los propios afectados, los de los que quieren ocupar la vacante de "grandes", los que buscan nuevos aliados y dinero para sostener alguna mínima identidad como nación y esgrimen sus viejos rosarios ideológicos como oración para explicarle a sus pueblos esos movimientos que, más que de ajedrez, a veces se asemejan a un juego de bochas o petanca.

El miedo es azuzado desde Estados Unidos, el mismo que promovió inestabilidades ajenas y que ahora dice que China, además de todo lo demás en materia comercial y social, podría remplazarlos a ellos en el entrenamiento militar de los países latinoamericanos.

El artículo lo escribió Andrés Oppenheimer desde Miami en tiempos de George Bush y en él predijo que Beijing avanzaría rápidamente en todos los campos en la región y que, obviamente, también lo haría en el campo militar.

Chináfrica

África ha retomado su no tan vieja condición de escenario colonial, del que creía estarse liberando definitivamente. Lo es de las disputas religiosas extremistas en la región subsahariana. Pero también con China como "socio" comercial en las naciones incompletas que le entregan sus territorios a cambio de algún nivel de estabilidad.

Según relató Mariano Aguirre en Radio Francia Internacional, China "ha pasado a ser un gran inversor y un gigantesco exportador de productos manufacturados. A la vez, se ha convertido en una fuente de financiación para algunos países del Sur, ya que facilita créditos sin imponer condiciones políticas ni económicas, como sí hacen los países occidentales y las organizaciones financieras internacionales. El sostenido crecimiento económico chino ha incrementado su demanda de hidrocarburos, minerales y madera. En el caso africano, el capital chino se ha orientado también hacia el sector bancario, construcción, agricultura y telecomunicaciones".

Agrega que "el comercio chino-africano, especialmente basado en la extracción de recursos naturales, creció de 9.000 millones de dólares en el 2000 a 160.000 millones en el 2011, según el Banco Africano de Desarrollo. Desde 2009, China compite con Estados Unidos por el primer puesto como socio comercial y se encuentra por delante de Francia y Gran Bretaña".

El fenómeno que se está produciendo es más o menos así: al final, es China la que le compra a los chinos de África o del lugar del mundo en donde estén. Siempre, para satisfacer el insaciable hambre de ese gigante chino.