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Nuestro nuevo Patrimonio Mundial

Ubicado en Chubut, este parque nacional estrena la distinción que le otorgó la Unesco, gracias a sus árboles de hasta 3.000 años de antigüedad.

El Parque Nacional Los Alerces está ubicado en el noroeste de Chubut, en el departamento Futaleufú. Es la unidad de conservación terminal (en sentido Norte-Sur) del sistema de áreas protegidas de los bosques andinos de la región norpatagónica, integrado por los Parques Nacionales Lago Puelo, Nahuel Huapi, Arrayanes y Lanín. Toda esta área hoy es identificada como el Corredor de los Lagos. Fue creado en 1937 con el objetivo de proteger los bosques de lahuán o alerce, gigante exponente de la flora andino-patagónica. Abarca una extensión de 263.000 hectáreas, y se caracteriza por un paisaje, flora y fauna que lo hacen único.

Actualmente, el parque estrena la distinción otorgada por la Unesco como Patrimonio Mundial, dada la conservación de sus ejemplares de alerces que llegan hasta los tres mil años de antigüedad, y tras la evaluación de un comité por más de un año. Con esto denominación, ya son cuatro las áreas protegidas nacionales que cuentan con esta categoría: Los Glaciares, Iguazú, Talampaya y, ahora, Los Alerces.

El espacio se divide en senderos que se recorren en auto y que también pueden hacerse a pie en forma particular. El muelle de puerto Limonao es la primera parada de este ingreso. El lago Futalaufquen se ofrece a la vista panorámica de color turquesa y se verá transparente hasta el fondo de piedra a varios metros de profundidad. Como medida de preservación, fueron cancelados los paseos en embarcaciones hasta el bosque de alerces. Esa excursión se hace ahora desde otro sector, según la época del año, y hay que consultar previamente. Al alerzal se llega sólo por vía lacustre hasta una pasarela que la recorre.

Algunos lugares del parque son como sacados de un cuento, un claro ejemplo es donde se ubica la hostería abierta a todo público, en medio de un bosque, rodeada por la cordillera y sobre la playa de un lago donde crecen arrayanes y otras especies.

La cascada Irigoyen es una explosión de naturaleza que lleva al visitante a ser parte desde un sendero en subida, hasta llegar a un deck rodeado de vegetación donde salpica el salto de agua que cae con furia y mezcla las gotas de agua en el aire a contraluz de los rayos del sol que penetran entre los árboles.

Esta distinción ayuda a potenciar el desarrollo de economías regionales a través de una mayor demanda de visitantes y, sobre todo, seguir creando conciencia sobre la importancia de la conservación de este ambiente único que la Unesco acaba de incluir en la exclusiva lista de los Sitios naturales que pertenecen al Patrimonio Mundial.