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El carrusel de la Vendimia, disfrazado de popular, es un fiel reflejo de la casta política

La Vendimia es el fiel reflejo de la sociedad y de lo irreal que es la vida del político. De camisa y saco sentado en la sombra recibiendo infinidad de regalos, mientras el pueblo se golpea por una manzana: el Carrusel de la Vendimia.
El Carrusel de la Vendimia remarca la división de clases en su máxima expresión. Foto: Gabriel Sotelo
El Carrusel de la Vendimia remarca la división de clases en su máxima expresión. Foto: Gabriel Sotelo

Si bien quisieron dibujar su comienzo a las 10.30, lo cierto es que el Carrusel de la Vendimia de Mendoza arrancó a las 12, dos horas después de la hora estipulada. Sin dudas que el desayuno de la Coviar y los discursos eternos de los políticos cambiarán y mejorarán para siempre a la sociedad, pero quizás para el año que viene modificar el horario de comienzo del Carrusel sería una lógica que llevaría a que la gente no espere durante horas con 30 grados y el sol radiante.

Quizás la desorganización y el no cumplir las reglas es algo habitual en la política, pero “la fiesta popular” esperaba el desfile de carros a partir de las 10, creo que nuevamente pecamos de ilusos y creímos que este año sí se iba a cumplir. Es cierto que la impuntualidad es parte de la tradición de la que se jactan.

Luego de las marchas que coparon cinco cuadras del desfile y que pasaron por un palco casi vacío, se dio el comienzo a la fiesta con la Virgen de la Carrodilla. Después fue el momento del Himno nacional y a continuación comenzaron a marchar los carros departamentales que tenían un gran labor y casi todos resaltaron por su belleza o historia. Punto para los departamentos.

Lo llamativo, que también, como todo lo referido a Vendimia, es parte de la tradición, es la obsenidad y desigualdad entre el pueblo que está en la calle y el político que está en el palco. ¿Es algo de todos los años? Sí, lo es, pero eso no es una justificación válida para que siga sucediendo.

Todos, literalmente todos, departamentos radicales y departamentos peronistas llevan una absurda cantidad de obsequios a los políticos y personalidades que están en los palcos. Y dentro del palco también hay divisiones y según la fila en la que estés recibís más o menos regalos. 

Es como comprar una entrada para un show. La ultra vip con acceso al meet & greet es la primera fila en donde los funcionarios provinciales y nacionales de primera línea dicen presente y se llevan el baúl lleno de regalos. La segunda fila ya no recibe tanto y tiene que estirar la mano para obtener las bolsas, ubicamos acá a algunos ministros no tan trascendentales o, en este año electivo, ministros que no serán candidatos.

Luego tenemos las últimas filas en donde se recibe algo por pedirlo o levantar la mano y alguien de más adelante, si se apiada, o si ve que no le va a entrar a su asistente para subirlo al auto, lo pasa para atrás a este humilde senador, diputado o director de algún organismo provincial.

Ahora, en este desfile del pueblo, que realmente convoca multitudes si sos parte de ese pueblo arremangate y salta por un racimo de uvas que se te explotan en la mano, o una manzana y si tenés suerte o alguna reina es pariente lejana ligaste un agua. Porque pese a la temperatura no hay puestos de hidratación o para refrescarse en varios puntos del extenso recorrido.

Extenso y absurdo, haciendo referencia al recorrido. Desde los Portones del Parque, tras pasar por calle Chile, luego Avenida Las Heras, San Martin y Colón para finalizar en Aristides hay casi 5 km. Desde que salió el primer carro, el de la reina y virreina nacional, en ese falso horario de apertura de las 10.30 hasta qué pasó el último de Godoy Cruz por Arístides y Boulogne Sur Mer pasaron casi 5 horas. Desde San Martín y Colon hasta la mencionada arteria de cierre la cantidad de público esperando fue casi nula.

Cuando se prolongó el recorrido hacia Arístides, años atrás finalizaba en Colón y Chile, el objetivo era incentivar y ayudar a los restaurantes y bares de esa avenida potenciando sus ventas. Pero claro los Menú Vendimia son desayunos y almuerzos, a las 15.30 los turistas ya están cansados, con calor y aburridos de ver espacios vacíos de 2 o 3 cuadras entre los carros.

Desde mi infancia, hace alrededor de 25 años, que esto es así. Dirán que es parte de la tradición o quizás simplemente el absoluto abandono y desinterés por ordenarlo y que la experiencia del turista, porque el pueblo mendocino no les importa, sea buena.

¿Más de 85 años de Vendimia? Es verdad. ¿Es una tradición nuestra? Es verdad. ¿Es imposible mejorarla sin romper la tradición? Eso dicen. ¿Es absolutamente imposible de comparar con cualquier otra fiesta de la región? Eso argumentan. ¿El pueblo mendocino ama la Vendimia? Cada vez menos. 

¿Hacen algo para que mejore? No. ¿Les da vergüenza irse con los baúles llenos de regalos mientras los vecinos de la ciudad apenas agarraron una manzana y un pororó? Ni un poco. ¿Sienten pudor de demorarse 2 horas haciendo campaña y atrasar el arranque de un evento popular? Bajo ningún punto de vista. 

Entonces en qué quedamos. Ustedes ponen las reglas del juego y ustedes mismos hacen trampa. Quieren el voto de la gente, pero se codean en el palco mientras se ríen con una botella de vino en la mano. El político es elegido por el pueblo y su cargo debería ser funcional a nosotros. Acérquense, el año que viene vean la Vendimia parados y peleando por agarrar una uva. Dejenle la silla del palco, bajo techo, y que reciba los obsequios la gente que labura en los viñedos. Al menos sean educados y en ese lugar de privilegio quédense hasta el final y vean pasar a las murgas y comparsas que cierran la fiesta.

Al final Serrat siempre tiene razón porque "resulta bochornoso verles fanfarronear a ver quién es el que la tiene más grande".