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El lado oscuro de la moda que también se debe dar a conocer

Desde el inicio de la pandemia se puso el foco en la contaminación y la industria de la moda no escapa, las tendencias y la innovación son los pilares del consumismo.
Toneladas de prendas nuevas se descartan segundo a segundo. Foto: Pexels
Toneladas de prendas nuevas se descartan segundo a segundo. Foto: Pexels

Sabemos que nuestras acciones cotidianas tienen consecuencias en el ambiente, desde decidir si vamos caminando al trabajo o tomamos un taxi, si llevamos nuestro vaso reutilizable o compramos uno café en un recipiente descartable...y la lista podría seguir. A su vez, en estos tiempos escuchamos más discursos en defensa del medioambiente, ¿pero cuán profunda es la preocupación?

Hay elementos que deben desecharse pero otros podrían ser reutilizados. Cuando caminamos por la calle pasamos por decenas de vidrieras con carteles de “Sale” o “Nueva temporada” y resulta difícil imaginar un mundo sin la producción continua de textiles, siendo esta la cuarta industria más importante a nivel global. 

Según Statista, los ingresos en el segmento de la moda se proyectan a alcanzar los US$987.065 millones en 2022, siendo el mayor productor China. Además, la fundación Ellen Macarthur calcula que cada segundo que pasa, el equivalente a un camión de residuos lleno de ropa es quemado o enterrado en un terreno. 

El periodista Jason Mayne cuenta en este hilo de Twitter cómo se depositan toneladas de ropa en el desierto de Atacama. 

Fast fashion: la producción para el consumo desmedido

Fast fashion o moda pronta, es cómo se le llama a la producción de moda para públicos masivos. “Comprá más, usá menos” es el slogan -nunca explícito- de esta tendencia que se abrió paso en las últimas décadas, en función de los cambios de temporada y en la necesidad de innovación.

Para cumplir con los plazos de entrega e incrementar la ganancia, muchas veces la producción se lleva adelante en países en condiciones laborales precarias, países como Bangladesh, India, Camboya, Indonesia, Malasia, Sri Lanka y China. 

Los talleres clandestinos presentan condiciones deplorables tanto en lo sanitario, como lo salarial, lo alimenticio y lo habitacional. 

Las pésimas condiciones de trabajo, representan un problema ético y social, atacando directamente los derechos humanos, explotando niños y mujeres y obligándolos a realizar trabajos forzosos, además de los pocos o más bien, nulos cuidados para con su salud.

A pesar de conocer las consecuencias de esta industria seguimos consumiendo. “Porque es económicamente redituable y los consumidores se sienten atraídos por los precios bajos y la posibilidad de comprar y cambiar constantemente”, afirma Gabriela Vázquez Kirsch, docente de Historia del Diseño de Indumentaria y Textil de Fadu.

En conclusión, la moda rápida pone en evidencia la precarización laboral y el afán de nuestra cultura por consumir. Y la pregunta que surge es: ¿qué podemos hacer nosotros como ciudadanos comunes? Como consumidores tenemos el poder de decisión y podemos apoyar a empresas locales o a tiendas de segunda mano con nuestro dinero.

En Argentina hay miles de marcas sustentables y Pymes que promueven la venta de productos únicos y singulares. Por otro lado, existe la posibilidad de comprar o vender ropa en locales de segunda mano, como Otra Vuelta Feria una feria online con prendas de primerísimas marcas que merecen una segunda oportunidad. Están en Mendoza y hacen envíos a todo el país.

También Somos Cocoliche. Su slogan “ropa con otra oportunidad” define su propósito, ofrecer un lugar para la compra y venta de ropa nueva o usada. Además, una vez registrado en la página web el usuario puede ver en su perfil cuánto redujo la huella de carbono. 

Somos Cocoliche

Otra opción es Renova tu vestidor,  página web que funciona como una vidriera para publicar la ropa y venderla. El usuario arma su perfil, sube fotos de las prendas y una descripción acompañándolas. En sí, la web funciona como un servicio, dónde conecta a la vendedora con la compradora.  

Ahora, si hablamos de donar en Argentina hay miles de instituciones que aceptan ropa y telas. A lo largo y ancho del país: Cruz Roja y Cáritas, la Fundación Tzedaká, centros barriales y colectas solidarias que surgen por épocas del año como “Invierno solidario”.