Deja atrás la mala suerte y sé una persona afortunada
¿Por qué tenemos mala suerte? A veces este interrogante nos atormenta y tenemos la sensación subjetiva de que todo nos sale mal. Como si tuviéramos un imán para las cosas negativas, por momentos nos parece que todas las opciones que se nos presentan son insuficientes o se tornan demasiado complicadas. Entonces, ¿es posible cambiar la racha y tener buena suerte?
El creer que tenemos siempre mala suerte puede transformarse en nuestro peor vicio. Nos olvidamos de que esa percepción es producto de nuestra propia mente y que tenemos el poder de modificar esos pensamientos negativos.
Hay varios elementos que conforman el factor de la “suerte”, pero quizás el más importante es el que proviene de nuestros sesgos cognitivos: un efecto psicológico que produce una desviación en el proceso mental y que lleva a una distorsión o interpretación ilógica o lo que, en términos generales, se llama “irracionalidad”.
“Es la orientación a la que tiende el cerebro, forman parte de su constitución funcional, de su estructura. Son con lo que viene predeterminado el cerebro” ,explica Clara Delfino, psicopedagoga y primera facilitadora formada en el país de mindfulness para niños con el método de Donna Linsell.
Uno de aquellos sesgos es predictivo. Este se encarga de anticipar, organizar y ordenar estímulos. En este proceso interviene otro de los sesgos: el negativo, responsable de nuestra tendencia a predecir en “catástrofe”. Es decir, creer que las cosas van a salir mal. “Nos quedó desde el hombre de las cavernas, el cerebro tiende a mirar más lo negativo que lo positivo”, explica la psicopedagoga.
En el caso de que creamos que tenemos siempre mala suerte, esos sesgos van a ser los responsables de identificar factores en nuestro día a día que confirmen esa creencia. Es como una especie de frame o marco de interpretación de todo lo que nos pasa.
Entonces, ¿cómo dejamos de creer que tenemos mala suerte y empezamos a atraer a la buena suerte? En primer lugar debemos combatir esta idea haciéndonos preguntas sobre nuestro sistema de creencias. Todo puede ser cuestionado, analizado y observado. Debemos preguntarnos por qué, en qué situaciones, qué esperábamos, por qué sucedió lo que sucedió.
“Desde el mindfulness o práctica de la atención plena se dice que hay antídotos para estos sesgos. Con respecto al predictivo se busca prestar atención de una manera intencional, notar cuales son mis patrones de predictibilidad que normalmente uso, pausarlos y darme cuenta cuándo estoy proyectando en negativo”, aconseja Linsell.
En segundo lugar, debemos incorporar a nuestro pensamiento la noción de probabilidad. La suerte es, en gran medida, una cuestión probabilística. Un experimento realizado por Richard Wiseman, investigador y profesor de psicología británico, autor de The Luck Factor, se propuso identificar qué es lo que distingue a las personas con buena y mala suerte, a través del análisis de las trayectorias personales, creencias y cualidades psicológicas de 400 voluntarios. ¿Qué determinaba su éxito o su fracaso? Al contrario de lo que muchos podrían pensar, no se trataba de haber disfrutado de un golpe de suerte en algún momento de sus carreras, sino de haber mantenido una actitud consistente.
Aquellas personas que consideran que van a fracasar suelen tener una actitud más tensa y ansiosa frente a los retos de la vida, lo que provoca, a su vez, que su habilidad para reaccionar frente a lo inesperado disminuya. Por el contrario, quienes piensan que son afortunados suelen lanzarse a aceptar desafíos con menos presión.
Esta actitud los hace más abiertos, con mayor capacidad de aceptación y motivación por cambiar lo que haga falta en función de sus propósitos. En consecuencia, cuando alguien está más abierto descubre mayores posibilidades y tiene más opciones para elegir.
¿Mala suerte o buena suerte? Si cambiamos la clave de interpretación de lo que nos pasa podemos incluso leer las situaciones negativas de modo positivo: asumir lo que nos toca, aceptarlo, entender el aprendizaje y dejarlo atrás para seguir caminando.
Ahora cuéntanos, antes de esta nota, ¿te considerabas una persona afortunada?