Tenía más de 40 años y el deseo de formar una familia la movió a adoptar a un niño grande
Sonia es profesora de música y directora de coro. Vivió durante años en Trelew, pero hace un año volvió a su lugar: Esquel. "Me había divorciado hace bastante, tenía el deseo de tener familia desde siempre pero lo había dejado un poco de lado. Estaba trabajando mucho y con muchas cosas. Y en un momento, luego de bastante terapia y charlas con gente amiga, se despertó de nuevo el deseo de ser mamá", recuerda acerca del momento en el que decidió adoptar. Agrega que no estaba en pareja y que, con 42 años, no le cerraba hacer tratamientos de fertilidad.
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"La adopción me resultaba familiar. Tenía gente allegada en esa situación: una amiga que es hija por adopción y otra que tiene hijos adoptados", detalla. En el momento en que tomó la decisión comenzó a averiguar qué debía hacer y cómo podía ser el proceso. "En Chubut la adopción depende del Ministerio de Familia que trabaja en conjunto con los juzgados y alguien de esa oficina me contó cómo era el proceso", dice,
En ese momento se asesoró no sólo respecto al trámite que debía realizar sino también en cuestiones transversales. Pasaron desde entonces unos 7 u 8 años. "Una vez que decidís la adopción, sabés lo que se viene pero no sabés cuándo. Y a mí me pesaba esa incertidumbre", comenta Sonia que la primera vez que se inscribió para adoptar marcó la opción de niños o niñas de 0 a 5 años y hasta 2 hermanos. "En el momento en que te inscribís tenés que optar en relación a enfermedades y demás. Y ahí uno tiene que pensarlo muy seriamente: tenés que saber si vas a poder con esas situaciones y es muy raro porque quienes tienen hijos biológicos no deciden eso", cuenta.
Ya inscripta en el registro, empezó a vivir el tiempo más complejo. "No sabés cuándo. Tenés que estar preparado para que sea mañana pero sin saber cuándo. En ese momento por recomendación de la oficina de adopción y de mis amigas, me fui preparando: comprar muebles que podrías necesitar y no tenés. Hice talleres, cursos, leí muchísimo, hablé con familias que habían adoptado y ahí fue donde hice un poco el click de lo que es la adopción en Argentina", señala.
Sonia recuerda que ahí se le cayeron un ideas erróneas que tenía al respecto. "Tenemos el preconcepto de que la adopción es para familias que no pueden tener hijos y que vas a tardar muchísimo en adoptar. Y eso no es así. En Argentina la adopción está planteada para restituir derechos a niños que tienen sus derechos primarios vulnerados y entre ellos el derecho a tener una familia que prima sobre el deseo o falencia o pensamiento de 'caridad' que alguien puede tener al pensar en adoptar", explica. Y destaca la importancia de garantizar a los niños el derecho a ser niños.
Un llamado que no fue y una pregunta que cambió todo en un minuto
"Tuve un primer llamado al año y medio de haberme anotado en el registro. Cuando tuve que renovar mi carpeta, cambié las edades. Después de haber estado un año sabiendo que hay más chicos y chicas grandes en adopción, y de hacer terapia y demás, pensaba que con el tipo de vida que yo llevaba, me iba a costar más un bebé que un niño más grande. Entonces amplié el rango etario a 8 años", recuerda y acota: "Al toque recibí una llamada de un juzgado. Había tres postulantes: dos matrimonios y yo. Fue muy fuerte. Muy emocionante, justo era mi cumpleaños... Y a la semana me llamaron para decirme que había sido seleccionado uno de los matrimonios. Fue difícil. Le di vueltas un tiempo, pensé en salir del registro. Sentía enojo, frustración, dolor. En ese momento sentís que sin siquiera conocerte alguien toma una decisión por vos y por un niño o niña. Hacen match con una carpeta sí y con otra no", relata.
Y enseguida reflexiona que eso la hizo tomar conciencia de lo que estaba pasando. "Si uno en su casa, cómodo, con su familia, con amigos, con terapia, se frustra, lo que puede pasar a un chico en un hogar, cuánto más", define. Esto fue en agosto. Y la volvieron a llamar los primeros días de diciembre.
"Me llamaron por Joaquín que tenía una situación legal urgente, había pasado ya por una familia solidaria, el juez no tenía tiempo de hacer nada y venía de una instancia fallida de vinculación con un matrimonio", comenta. Ya cerca de fin de año, a punto del inicio de la feria, era importante avanzar con la situación y la que seguía era la carpeta de Sonia.
Cuando lo conoció a Joaquín, él tenía 8 años. Sonia fue a la oficina de adopción en la que conoció su historia, su nombre y algo sobre lo que él estaba viviendo. Tomó la decisión de avanzar y la citaron para conocerlo en Rawson. "Lo conocí el día que le estaban diciendo que la vinculación con el otro matrimonio no iba a continuar", dice y sigue: "Él estaba muy enojado, atravesando una situación de angustia, y caí yo. Le contaron que yo lo iba a conocer. Él me conoció en ese momento y le costaba hasta mirarme. Fuimos a una plaza, hablamos un poco para conocernos. Le preguntaba cosas como si hablara con un alumno o un sobrino".
Si bien las vinculaciones con niños grandes suelen ser paulatinas, esta fue diferente. "Quedamos en que al día siguiente lo iba a buscar para almorzar. Nos despedimos. Subí al auto y recibí un llamado de la cuidadora del lugar en el que él se iba a quedar y me dijo: 'Mirá, Joaquín no sabía que se podía quedar en tu casa hoy'. Contesté que todavía no podía. Y ella me dijo que él quería. Me pasó el teléfono y él me preguntó: '¿Puedo ir a tu casa hoy? Yo quiero ir a tu casa'. La respuesta fue sí. Di la vuelta, llamé y vine con él a casa".
Desde ese día Joaquín y Sonia viven juntos. El tono del relato cambia. aparecen las risas. "Fue muy loco", confiesa Sonia. que cuenta los nervios que tenía ese día: "Llamaba a mis amigas para preguntarles qué hacer: ¿Le doy la leche? ¿Le digo que se bañe?", revela con una sonrisa. Y acota que: "fue muy fuerte para los dos".
Ese día Sonía tenía un ensayo de coro al que no quería faltar e hizo lo que pensó que era correcto. "Lo llevé al ensayo. Le avisé al grupo que iba con una visita y que, por favor, no lloraran", relata. Llegó con Joaquín de la mano. Tenía la certeza de que iba a haber otros niños porque muchos solían ir con sus hijos. Y desde ese momento Joaquín charló con todos. "Siempre fue muy comunicativo", exalta.
"Al principio fue un cambio muy extraño: éramos dos personas que no nos conocíamos. Traíamos dos historias y sabíamos que tenía que funcionar. Al principio es como una luna de miel, pero después todo empieza a aflorar", detalla.
"Más allá de las dificultades que uno tenga en su deseo de formar una familia, de las miles de formas de familia que conocemos, existe la opción de la adopción. Y cuando tomás esa decisión tenés que saber que el eje de la adopción no sos vos con tu deseo sino el niño, niña o adolescente que tiene su derecho vulnerado y necesita tener una familia", reflexiona Sonia.
Con la convicción de que es urgente garantizar a miles de niños, niñas y adolescentes su derecho a crecer en una familia, se integró al colectivo #AdoptenNiñesGrandes, formado por padres que adoptaron niños grandes y tratan de despertar conciencia sobre el cambio que se puede hacer al tomar ese camino. En esta línea, agrega que "la realidad de la adopción en Argentina es que la mayoría esperan niños pequeños de hasta 2 o 3 años y la mayoría de los niños que esperan una familia en adopción son niños de 5, 6 o 7 años o más grandes, que han transcurrido sus vidas en hogares y crecen ahí sin que haya familias que en su disponibilidad de adopción los elijan. Entonces hay 2.500 carpetas y unos 2.500 niños en adopción pero son más grandes", concluye, invitando a poner el foco en la importancia de adoptar niños grandes, teniendo en el horizonte la posibilidad de devolver a niños, niñas y adolescentes el derecho a tener una familia.
