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Oficialmente empezó el año, evitá el Síndrome de Estrés Post-Vacacional

El shock de la vuelta de las vacaciones es real y pega fuerte. Despedido el mes de febrero y avanzando sobre Marzo, podemos asegurar y oficializar que esos días de relax, pileta y ocio creativo tan anhelados terminaron. ¡A no desanimarse, no tiene porqué ser tan terrible!

 El Síndrome de estrés Post-Vacacional es un sentimiento de tristeza o vacío, pérdida de sentido, ansiedad, angustia, insatisfacción, irritabilidad, dolores musculares o de cabeza, insomnio, etc., que aparece generalmente al término del receso vacacional. Suele ser de curso breve, prolongándose durante un máximo de dos semanas luego de haber retomado las rutinas. 

Salvo que seas uno de esos inteligentes que se guardaron el As bajo la manga y tienen las vacaciones aún por delante en abril, julio o porqué no octubre, te estará pasando lo mismo que a mí: toca oficialmente volver a la rutina

Pero la buena noticia es que no toda rutina tiene porqué ser terrible, si la sabemos hermosear puede ser tan agradable como esos días de panza al sol. Aquí algunas herramientas para que el aterrizaje no sea forzado

  1. Respetar el propio espacio y tiempo de adaptación. Es muy importante comprender que el organismo hace procesos de adaptación, tanto a las vacaciones como a la vuelta de las mismas. Darnos tiempo para procesar que volvimos y facilitarle al cuerpo un descanso y adaptación paulatina a las rutinas es de gran ayuda. Si nos cargamos la agenda con mil actividades para mañana, nos sobre conectamos con la tecnología abruptamente o pasamos de dormir 10hs a dormir 5hs de golpe estaremos poniendo al sistema nervioso en estado de alerta y todo el relax que tan laboriosamente sembramos en las vacaciones no tendrá cosecha.
Evitar volver y arrancar a trabajar al día siguiente. Dejarse unos días para paulatinamente acomodarse a la vuelta. Al tiempo de cada uno. 

Planificar la agenda personal de a poco. No darse atracones de trabajo u obligaciones. 

Descansar lo necesario hasta volver a agarrar el ritmo. Recordá que tu cuerpo no es una máquina, necesita de tu compasión. 

Muy importante: priorizar las obligaciones. No todo tiene el mismo orden de importancia. Si, aunque cueste mucho, algunas cosas pueden y deben esperar. 

     2.  Las vacaciones no terminan cuando terminan. Que terminaron las     vacaciones y no volvés a tener más días hasta el año siguiente no significa que te tenés que olvidar y enterrar todo lo hermoso y cándido de esos días de verano. Tendemos a vivir demasiado enfocados en el futuro, pensando sistemáticamente en nuevos desafíos, devorando lo que nos sucede, y sintiendo mucha nostalgia por lo que ya fue. Este estilo de vida no es sinónimo de salud, sino de urgencia y hay que combatirlo. 

Repetir actividades que se realizaron durante las vacaciones y meterlas en tu cotidianidad. Por ejemplo, si en las vacaciones desayunaste algo distinto y te gustó, ¿porqué no comerse esos huevos revueltos un miércoles cualquiera en la mañana? 

Traer algo de ese lugar especial que conociste y ponerlo donde lo veas y te puedas transportar rápidamente allá. Por ejemplo un caracol, un souvenir o una flor en tu agenda. En serio, probalo porque funciona. 

Si escribiste un diario de vacaciones o viaje, siempre podés retranscribirlo y armarlo a tu manera para compartirlo con tus seres queridos. 

Las fotos son un recurso excelente para prolongar las sensaciones vividas en esos días. Bajarlas, elegirlas, arreglarlas, compartirlas con otros, contar anécdotas, etc. ¡Entre las imágenes y los relatos no vas a poder evitar que se te dibuje una sonrisa en la cara! 

Compartir los fines de semanas con amigos es como estar de vacaciones. Salidas, cenas, charlas, etc. Planificalos, que no te agarren desprevenido para poder optimizarlos. 

    3.  Hay formas mejores de vacacionar, y no son las más caras. Hay formas mejores y no tienen que ver con el presupuesto o cuán lejos te fuiste. Hay formas mas saludables de tomar los recesos, donde el cuerpo se cansa menos y la mente se relaja mas, que en definitiva es el objetivo superior de cualquier vacación de descanso. 

Tomar períodos cortos de vacaciones (de 3 a 10 días) es más efectivo que tomar todos los días de los que disponés de corrido (por ejemplo 15-20 días de corrido). 

Con una buena planificación siempre se pueden aprovechar los feriados para tener muchas mini-vacaciones a lo largo del año. 

En una buenas vacaciones de 4 días se logran los mismos efectos de descanso que en una de 7. 

Ayuda mucho realizar pequeñas y espontáneas escapadas de fin de semana, sobre todo aquellas que nos conectan con los espacios abiertos y la naturaleza. 

       4.  Un último tip, pero sin lugar a dudas el más valioso: ¡Agradecer! La posibilidad de tomarse vacaciones, sea que te fuiste o no, no la tiene cualquiera. Quedarte con ese gustito a lo largo del año es un lujo, no lo demos por sentado. La humildad y el agradecimiento por lo que pudimos hacer, mucho o poco, genera una sensación de calma interior y nos prepara para empezar el año con el pie derecho.