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¿Sabés por qué es importante acordar?

Los acuerdos son esenciales para conducir las relaciones por buenos caminos y avanzar. Un acuerdo es una señal de madurez, de entendimiento y crecimiento.
Foto: Web
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Los acuerdos, generalmente, surgen a través de un proceso intenso que nos invita a desarrollar virtudes, hacer movimientos para salir de los moldes preestablecidos y saltar.  Así superamos la desavenencia, subimos un escalón y empezamos una nueva etapa. En esta nota te proponemos que exploremos de qué trata el arte del acuerdo.

Las relaciones ponen a prueba nuestra capacidad de acordar todo el tiempo. Los acuerdos reflejan las reglas, pautas, modos y maneras que consideramos apropiados para enmarcar nuestra relación. Sientan bases que transmiten mayor seguridad, nos animan a profundizar y avanzar. Generan emociones lindas, experimentamos armonía, fluidez, nos sentimos contentos, nos dan alegría. 

Acordando vamos entretejiendo esa trama sobre la que va asentándose el rumbo que elegimos darle a la relación.

A veces los acuerdos surgen de manera espontánea, nos da la sensación que ya estaban ahí, simplemente coincidimos. Algunos acuerdos son tácitos: sin establecer reglas de antemano funcionamos de manera tal que nos complementamos, damos y recibimos lo que pretendemos y esperamos con cierta fluidez. Otros son explícitos, los vemos cuando descubrimos puntos en común al contarnos cómo somos y hacia donde vamos. Otras veces los acuerdos surgen luego de haber transitado un proceso de transformación personal, que necesariamente lleva a modificar nuestros vínculos, y aquí está el mayor desafío; veamos algunas cuestiones claves.  

Aquello que avanza, necesariamente cambia y para ello tiene que transformarse, es decir atravesar una crisis y superarla

La naturaleza nos marca este ritmo, pues el flujo de la vida nos impulsa a movernos; en un intercambio permanente a través de las relaciones vamos canalizando este impulso a crecer y modificarnos. Vincularnos es una invitación a descubrirnos y cambiar, mientras que nuestro crecimiento impulsa a nuestras relaciones a modificarse. 

Dice Carl Jung que "el encuentro de dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman".

Los procesos creativos son los que promueven nuestro desarrollo, es decir son expansivos. Ellos están enmarcados en ciclos que debemos respetar, tal como pasa, por ejemplo, con una semilla que logra convertirse en un árbol, el que, a su vez, dá los frutos que contienen nuevas semillas. El ciclo es una concatenación de momentos sucesivos de estabilidad, seguido por un periodo de cambio y luego nuevamente la estabilidad y así sucesivamente. 

Este ciclo de estabilidad/cambio/estabilidad tiene una secuencia espiralada y ascendente; es decir que retornar a la estabilidad no es volver al mismo lugar del que partimos, sino llegar al próximo destino, al nuevo lugar que encontramos luego del proceso de cambio que transitamos.

En los momentos de estabilidad contamos con un marco dentro del cual se desarrolla el vinculo, un conjunto de reglas, repertorio de soluciones y comportamientos que se ajustan a nuestras necesidades y deseos; entonces hay acuerdo. El periodo de cambio se inicia con la crisis donde alguno de estos pilares comienzan a tambalearse: las cosas ya no son como solían ser y tampoco sabemos a ciencia cierta, en este momento, cómo deben ser ahora para retomar ese punto de estabilidad y bienestar; seguramente vamos a sentirnos confundidos, desordenados y desorientados.

En este momento necesitamos desaprender ideas y creencias. El primer paso es "soltarlas" para generar en nuestro interior ese espacio vacío de no saber; esa quietud que proviene de ser conscientes y reconocer en qué etapa del proceso nos encontramos, así nos volvemos mas livianos. Las crisis nos llevan al borde del abismo, nos impulsan a salir de nuestra zona de confort: ese repertorio conocido y automático que ya no nos satisface y nos mantiene acorralados en el mismo lugar. Ahora la opción es saltar y estando en el aire podemos volar. Necesitamos valor para enfrentar el miedo que nos quiere aferrar, la confianza nos dá la seguridad para animarnos a saltar y son nuestros instintos, emociones y sentimientos los que nos recuerdan en el aire cómo volar; no es algo que podemos planificar, se trata simplemente de algo que vamos a experimentar; no sabemos cómo es lo desconocido, no podemos anticipar desde la razón, tenemos que seguir la corazonada.

Cuando nos animamos a girar nos abrimos y en esa misma resonancia se abre nuestro mundo y nuestras posibilidades, vemos otras perspectivas y descubrimos novedades acerca de nosotros mismos y de todo lo que podemos manifestar 

Así retomamos la estabilidad en un nuevo escalón, habiendo dejado atrás viejas estructuras y maneras para adoptar otras nuevas que son acordes con quienes somos ahora y hacia donde pretendemos ir; logramos acordar con nosotros mismos, paso fundamental para acordar con los demás.

Etimológicamente la palabra acordar tiene origen latín; significa "poner de acuerdo, decidir o resolver". Proviene del verbo accordare; se compone de "a" que significa proximidad y "cordis"  que significa Corazón; es decir se trata de unir corazones, cuando acordamos latimos al unísono de manera acompasada. 

Acordar es una palabra que utilizamos, con el mismo sentido en expresiones artisticas, por ejemplo en la música, significa templar o afinar voces e instrumentos para que no se produzcan disonancias entre sí; en lo pictórico es armonizar la distribución de tonalidades o colores presentes en un dibujo o pintura. 

Entonces acordar tiene que ver con sintonizar, armonizar y unir, y por lo tanto es el paso previo para que pueda manifestarse la creación: sea un proyecto, un sonido, una pintura, nuevos aspectos de nuestros ser o de nuestras relaciones.

Clarissa Pinkola Estés, en su libro "mujeres que corren con los lobos", remarca la importancia de conocer el ritmo de los ciclos, cuando empieza y termina cada periodo. El fin de ciclo puede significar o no que una relación termina, a veces, como ella dice "son ciertos aspectos de la relación se desprenden de la piel, pierden el caparazón, desaparecen sin dejar rastro, no indican su paradero y, de repente, reaparecen con otra forma, otro color y otra textura". Otras veces podemos acordar que los cambios y transformaciones que atravesamos nos llevaron a lugares en los que ya no estamos en la misma sintonía, nuestros corazones no resuenan y decidimos finalizar la relación.

La autora dice que lo fundamental es no perder la confianza en la transformación, de lo contrario se pierden los ciclos naturales del desarrollo y viene el desgaste

Es decir la resistencia al cambio, el aferrarnos a nuestra zona de confort nos lleva al proceso inverso, que en vez de expandir contrae, en vez de crear destruye. Lo que no avanza y se queda quieto se cristaliza y se extingue en sí mismo. 

Lo que nos genera dolor no es el fin de algo, sino cuando ese fin es producto de la disonancia, de estar en desacuerdo con nosotros mismos, los otros y los ciclos de la naturaleza en general. Por el contrario cuando seguimos el impulso creativo y estamos acordes (en acuerdo) con nuestra naturaleza y entonces lo que finaliza es acordado, sea una relación o aspectos de ella, vamos a sentir bienestar.

Los acuerdos no pueden ser forzados, surgen cuando se dan las condiciones adecuadas para que puedan emerger; para ello debemos ser conscientes del proceso y confiar en él respetando cada una de sus etapas, así por ejemplo no podemos pretender proponer maneras cuando tenemos que desaprender, no podemos pretender crear cuando necesitamos vaciar. El respeto del ciclo es fundamental, reconociendo no solo los tiempos sincrónicos, es decir la secuencia lógica de las etapas de proceso, sino también los tiempos asincrónicos, es decir el tiempo personal que a cada uno de nosotros nos lleva permanecer en cada etapa y atravesarla.


" La felicidad consiste en poner de acuerdo tus pensamientos, tus palabras y tus hechos."  (Mahatma Gandhi)