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Transitar el embarazo: el desafío de esperar

El embarazo puede ser una experiencia hermosa para muchas mujeres, pero ¿qué pasa cuando la gestación está lejos de ser esa situación mágica que muchas madres relatan?
Foto: Web
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“Mi pequeño tesoro se halla escondido

entre el valle y el monte que hay en mi ombligo.

Mi pequeño trocito de gloria

es el alba que alumbra una nueva historia”

Desear un bebé es una construcción, una trama en la que se entrelazan diversos hilos con los que se ha entretejido la misma vida de esa mamá que deseó un hijo. Tradiciones culturales, familiares, herencia, mandatos, y el contexto vital de cada mujer confluirán en el deseo, y también, una vez concretado el anhelo, en el tránsito por el embarazo.

La gestación es un momento especial para la mujer durante el cual se manifiesta un gran número de vivencias psicofísicas. En esta etapa se tejen ilusiones, fantasías, expectativas, emociones y surgen sensaciones muy profundas y a veces encontradas. 

Esta ambivalencia se expresa en la sensación de alegría, plenitud y amor acompañada por temor, miedo y ansiedad.

Sin embargo, para muchas mujeres el embarazo está lejos de ser una etapa idílica, y aún hoy sigue habiendo un estigma sobre las madres que confiesan no disfrutar del período de gestación. Algunos de los motivos por los que el embarazo es una etapa complicada son:

  • Vivir las transformaciones de su cuerpo y el incremento del peso corporal a veces es difícil de aceptar.

  • Temores vinculados a dificultades en la dinámica de la pareja como una consecuencia imaginada del tránsito por esta etapa vital.

  • Miedos y dudas en relación a conservar su rol laboral y a la interrupción del proceso de desarrollo personal y profesional.

  • Efectos emocionales adversos provocados por la sobreinformación sobre el embarazo, provenientes de áreas no especificadas.

Al escuchar historias femeninas se comprende que no hay una única vivencia sobre la experiencia de gestar, más bien, dichos relatos irán surgiendo encauzados como una historia dentro de otra historia más amplia: la vida de esa mujer gestante.

Se juega en esta vivencia la reedición de las experiencias de la propia infancia de esta mujer y de la niña que fue. Su propio vínculo con la maternidad surge desde regiones menos conscientes, contactando con emociones antiguas del patrimonio de su ser niña y el contacto con su propia madre.

El vértigo de la vida cotidiana y sus exigencias, sus ritmos, sus horarios, las tensiones laborales y las exigencias desmedidas sobre la cotidianidad femenina, muchas veces atentan contra la posibilidad de transitar un embarazo tolerando la ansiedad que conlleva el ejercicio más difícil: esperar. 

Eso es la gestación de una vida durante nueve meses, una espera, un tránsito plagado de cambios físicos y psíquicos que la mujer podrá o no ir elaborando de acuerdo a su capacidad para establecer contacto emocional profundo consigo misma y los cambios que acarrea el estado de gravidez, y con el pequeño que se desarrolla en su interior.

Si dicho estado, con sus costos y vicisitudes, ha sido previamente idealizado y plagado de imágenes fantaseadas, le costará a esta mujer tolerarlo y sobre todo relegar las necesidades habituales para caminar por esta nueva etapa que impone por sí misma cambios, y la plasticidad necesaria para adecuarse a ellos. Es un tiempo de latencia, es la oportunidad para demorar los propios proyectos y acentuar lo relevante, el impuso vital a punto de florecer.

Criar en el sentido más amoroso del término, no es tensar ni presionar, sino más bien hacer contacto, comunicar, y la crianza empieza comunicando dentro del útero. Allí se inaugura en esa fusión única e irrepetible, mamá – bebé, el cuidado por la vida y la descendencia.


Lic. Mariana Zuza

Lic. María Sol Sat