Indagamos más para comprar un auto que para estar con alguien
“Dos amigas hablan acerca de una nueva relación de una de ellas. Esta nueva pareja, en un principio, fue visto como un hombre fuerte, impetuoso y protector pero ahora le parece controlador y caprichoso y decide cortar la relación”, citó como ejemplo el Dr. Miguel Palmieri, Médico Especialista en Sexualidad y Pareja, para MDZ Femme.
Y agrega: “Hablan dos amigos y uno le cuenta que su novia nueva le parecía, inicialmente, una dulzura, un sueño, lo acompañaba en todo, pero ahora se transformó en demandante, exigente y termina la relación”.
Estas dos escenas son muy comunes ya que operamos en el tema de pareja distinto a otros ámbitos de nuestra vida. Por ejemplo: Para comprar un auto, pasamos por una agencia y es impensable que digamos. “Quiero ese auto deportivo porque es hermosa su carrocería, huele bien, parece que encaja con nuestros sueños y no nos importa cuánto cuesta”. No lo compramos caprichosamente sólo porque se ve bien, sino que vamos a ver qué características tiene, cómo es el funcionamiento del motor, etc.
En cambio para algo tan importante como elegir una pareja, después de experiencias de aprendizaje previas dolorosas, no nos acostumbramos a preguntar un poco más; incluso en muchos casos negamos las preguntas.
¿Por qué no pregunto? Porque no es romántico… “Entrégate, mi prisionera… ", en el momento que suena esa música, no pregunto sobre la familia o parejas previas: ¡para qué, si está todo tan bien! ¡De nuevo me siento vivo!… Pero ¿qué pasa si pregunto y me encuentro que con cada pareja anterior terminó mal, muy mal y habla pestes de esas personas? Como esa señal es importante prefiero no “contaminar el momento”…ya habrá tiempo…. Lo dejo pasar…Otro más: cada vez que estás con ella/él, llama el/la ex, será casualidad, será importante?.
¿Por qué si, racionalmente, me doy cuenta lo que pasa decido no preguntar? En muchas ocasiones pretendemos que” esta vez” la pareja funcione a toda costa y se pone el carro delante del caballo.
-Pero, ¿cuáles son las preguntas fundamentales para ponerle cabeza al corazón?
-Las que amenazan los valores en los que creo, las que implican que esa persona o yo tengamos que hacer cambios drásticos en nuestras vidas, el manejo del dinero, el trato con las personas mayores o menores, el trato a la mujer y a los hombres, la rigidez o flexibilidad para reconocer el error y la forma de ver la vida que tienen los demás, las adicciones o compulsiones que tiene, etc.
-¿Y si no veo lo que me está pasando?, ¿si por estar enamorado lo minimizo?
-Como Ulises, en la Odisea, al pasar por el mar de las sirenas, le puso tapones en los oídos a sus compañeros, se ató al mástil del barco para escuchar su bello canto y no arrojarse al mar, así tengo que implementar medidas “protectoras” en la etapa de enamoramiento.
Poner el control afuera tiene que ver con escuchar lo que me dicen otras personas, porque en etapa de enamoramiento minimizo lo negativo y maximizo lo positivo. Por ejemplo: No le doy importancia si es adicto al trabajo y no se ocupa de los hijos, sino que esto lo empiezo a ver después.
Tampoco si es bohemio, parece que le importa lo cultural, y siempre está esperando financiamiento para un proyecto pero no tiene independencia económica. Es importante ver cómo se maneja con el dinero. Conocer su sistema de valores, si hay conflicto con los nuestros. Si uno viene de una familia donde es más importante lo material y él/ella de otra donde se priorizan los afectos, puede haber conflicto. Lo importante es poder conversar acerca de los valores, esto no es una protección total o una inmunidad como con las vacunas, pero es importante dejar pasar el tiempo, para ver cómo funciona en lo cotidiano.
Muchas parejas queman etapas; por ejemplo dejan pasar cinco meses y ya quieren convivir, al año ya es el amor de su vida y no se han hecho preguntas en profundidad, no se conocen las fortalezas o las debilidades. Se ha adelantado “la cocción”. Pero no hay un tiempo determinado para estar de novio. Más que poner el tiempo adecuado es importante ver la calidad de tiempo. Por ejemplo: Ahora el novio casi convive en casa de la novia, pero esto es irreal puesto que en algún momento se va a tener que hacer cargo de la situación, porque los padres no van a estar siempre presentes para pagar y dar el soporte “ad eternum”.
Otro aspecto muy frecuente es minimizar si se llevan bien sexualmente. Creen que si algo no les gusta ahora, el amor lo cambiará. Lo cierto es que si no te gusta la forma de besar, el aseo y la limpieza, deberás plantearte qué hacer antes de transformar el vínculo en una pareja de amigos.
-¿A quién debo preguntarle primero?
-Parece una pregunta sin sentido. Siempre pensamos en preguntarle al otro miembro de la pareja. Pero si acabamos de salir de uno o varias parejas anteriores que no terminaron bien, debo capitalizar la experiencia de aprendizaje que me dejaron esas situaciones para tratar de no repetir los mismos errores. Por ello son importantes las preguntas que nos hacemos a nosotros mismos.
Pero, si antes de terminar una pareja, abro tres o cuatro posibilidades, no estoy tomando una pausa para poder aprender. La pausa es muy importante antes de empezar otra pareja. Preguntarse uno, en general con ayuda de un tercero que tenga distancia afectiva (terapeuta o persona con experiencia en orientación), nos ayuda a reconocer dónde hubo fallas. De esa manera el aprendizaje es posible.
-¿Se perdona que nos hayan omitidos algunas cosas de su vida pasada, cómo por ejemplo el tener un hijo?
-No hay una única respuesta. A veces no se dicen ciertas cosas por miedo a perder a la nueva pareja. Hay que ver si la relación es excelente, si es una persona respetuosa, si lo ocultado no atenta directamente sobre la confiabilidad del vínculo directo, si el proceso es confiable, etc. En definitiva hay que ver el contexto en el cuál se da el ocultamiento. Un hecho bastante frecuente es el omitir datos acerca de familiares en cuanto a adicciones o enfermedades en el núcleo familiar, que lo hacen sentirse inseguro o avergonzado. Es importante poder conversar estas cuestiones, admitiendo a veces la necesidad de contar con la colaboración de un tercero (terapeuta).
-¿Qué pasa frente al miedo de formar una nueva pareja después de haber sufrido mucho?
-Ese miedo, o fobia a sufrir tiene que ver con el mito del amor romántico, de no volver a fallar y que dure para siempre. Pero si observo que esa persona trata mal a su madre, le pega a las mascotas, es discriminador y siempre busca salirse con la suya, y aun así quiero seguir porque “mi amor lo/la cambiará”; es probable que estemos embarcados en el “síndrome del rescatador/a”, porque estoy esperando que cambie cuando las posibilidades son escasas.
Este último tema es muy amplio. Estamos hablando de codependencia, que lo trataremos en otra oportunidad. El codependiente siempre encuentra una excusa para no decir, a pesar de lo que ve, “hasta acá llegamos, esto no es negociable”. Se enoja, manipula, amenaza, pero no corta.
-¿Si me reencontré con alguien, pero existen dudas, cómo enfrentarlas?
-Ante la posibilidad de armar una nueva pareja es como en el ejemplo del auto; si hay dudas con el auto, no lo compres. Seguí mirando, seguí teniendo la posibilidad de elegir.
No elijas por necesidad, que amar a alguien sea una opción saludable en la vida.
Dr. Miguel Palmieri
Presidente Fundación Sexualidad, Pareja y Familia
www.sexualidadypareja.com.ar
drpalmieri@sexualidadypareja.com.ar