Volver al ruedo: cómo es salir a un restaurante post cuarentena

Volver al ruedo: cómo es salir a un restaurante post cuarentena

Almuerzo en Fogón de Bodega Lagarde. Alicia Sisteró te cuenta su experiencia después de más de 80 días sin visitar restaurantes Protocolos, menú y precio, todo cambió.

Alicia Sisteró

Muchos hablan de “la nueva normalidad”. De normal, poco. Es una nueva realidad que afecta a la mayoría de las personas, en su ámbito laboral o personal. Pocos quedan afuera.

Los cambios incomodan. Este tipo de situaciones como la que nos ha tocado vivir nos suelen afectar obligadamente. Muchas veces para mejor. Con esta nueva realidad, después de más de 80 días sin visitar restaurantes, fui invitada a la reapertura del restaurante Fogón, en Bodega Lagarde. Y claro que noté cambios.

Es raro que te apunten con un termómetro infrarrojo al llegar para asegurarse de que tu temperatura es la normal. Pero también es tranquilizador. Y que te desinfecten la suela de los zapatos pulverizando alcohol. Y que te inviten a colocarte alcohol en gel en las manos a la entrada del salón. Eso antes no ocurría. Somos animales de costumbre, y fácilmente incorporamos hábitos que antes nos parecían extraños. Por lo cual, estos pequeños requerimientos se harán pronto parte nuestra, no creo que sean pasajeros.

Siempre las mesas en este restaurante fueron espaciosas y estuvieron razonablemente separadas unas de otras, ahora un poco más. El mozo mantiene distancia para hablarte, te sirven los platos con sumo cuidado sin meter los dedos (lo correcto y esperado),  utilizan tapaboca y un uniforme impecable. Lo único que lamento es no poder verle la sonrisa a los camareros, siempre presente en Fogón. Las declaraciones juradas las llenamos previamente a en forma online por lo que no tuvimos que tocar papel.

Los manteles individuales de rafia fueron cambiados por papel descartable, al igual que las servilletas de tela por las de papel de alta calidad también desechables.  La cocina siempre a la vista, permite ver cómo trabaja el personal de cocina, con las instalaciones y ropa relucientes. Y los detalles de la gran calidad de servicio siempre presentes: el cajoncito de madera para dejar la cartera, la simpatía de los mozos, la atención para rellenar el vaso de agua en todo momento. Detalles que suman.

El antiguo menú de pasos maridados, pasó a ser una carta con 5 opciones de entradas, 5 principales y 4 postres. Simple, concisa, fácil de entender (nos la enviaron al celular).  Y se puede pedir solo un plato, o un menú completo. Vino por botella y por copa (30% off si pedís una botella). Las copas de vino arrancan en $150*. Las entradas van de $300* a $400*, y los principales de $600* a $900* aproximadamente. La buena noticia para los que quieren ahorrar: algunos platos alcanzan para compartir. Entre dos personas, podrían comer solo una entrada, pedir cada uno un principal, un postre también compartido, y una botella de vino, gastando en total unos $1500* o $1800* por persona. Y la propina, ¡no nos olvidemos! Más que merecida en este restaurante.

 

Lo que probamos

La panera con tres variedades: blanco, con semillas, y con la corteza caramelizada.

Empanada frita (pastelito), con un relleno fuera de lo común, no con el picadillo tradicional, sino con trozos de carne braseada y muy jugosas.

Arancinis sicilianos con salsa pomodoro y mozzarella. Sabrosos y llenadores. Todas las salsas de tomate que probamos fueron elaboradas con conservas de los tomates cultivados en la propia huerta orgánica.

Pizza al funghi. Osea pizza de hongos con cebollas caramelizadas y verdeo; masa madre, salsa y quesos de primera calidad (mozzarella y Morbier) . Ideal para compartir, aunque sean individuales.

Trucha con hinojo salteado, cremoso de zapallo y micromix verde con oliva.

Albóndigas al pomodoro, con carne de res, chorizo y panceta... Y nuevamente la exquisita salsa de tomates.

Risotto vegetariano. El punto y sabor justos.

El postre: volcán de dulce de leche con crocante de nueces.

Cake húmedo de zanahoria y helado.

Acompañamos este almuerzo con algunas copas de vino: un espumante extra brut con método Charmat Lungo en la recepción,  un Pinot Noir de Proyecto Hermanas para las entradas, un Malbec de Gualtallary Primeras Viñas para las albóndigas, un Chardonnay Guarda para el pescado, y un Dolce para el postre. También se puede optar por “combos” o “flights” en los que se degustan diferentes vinos.

Todo indica que podemos disfrutar tranquilos de un almuerzo o cena, porque se cumplen todos los protocolos indicados para evitar la propagación de COVID. Y además con una propuesta de comfort food de alta calidad, abundante y accesible. El estilo cambió, la calidad no. Antes ofrecían un menú de pasos con platos de alta cocina cuyo precio duplicaba (al menos) el actual. Los que no cambió son los vinos, ya que la propuesta y  calidad siguen intactas, solo que ahora también por copa.

Más información de este restaurante en este link de Guía Mendoza Gourmet.

 

Los restaurantes, bares y demás negocios gastronómicos no pagan por aparecer en esta sección de Food Lovers. Esta reseña fue realizada por la periodista Alicia Sisteró, editora de Food Lovers, quien asistió al restaurante junto al periodista Federico Croce, y fueron invitados por la casa.

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