El restó recomendado: cocina de autor en Maipú
Si el nombre te sonó a comida cubana… ¡estás totalmente equivocado! “Pie de cuba” (referido a la barrica), según los entendidos de la enología, es una preparación que se hace previo a la primer vendimia con las uvas más maduras, para que comiencen la fermentación.
El restaurante lleva este nombre “enológico” debido a que lo heredó de la vinoteca que funcionaba en el mismo lugar, y además conservan una buena selección de etiquetas. La cocina que ofrecen es regional de autor, es decir, platos tradicionales mendocinos modificados por los cocineros o creados por ellos, y con técnicas e ingredientes de la zona.

Mi experiencia fue excelente. Los propietarios Ignacio Molina y Nicolás Heras aparentemente trabajan a la par para que todo brille. Si bien esto de recomendar restaurantes es un trabajo en el que estoy atenta a cada detalle, a veces me relajo y disfruto algo más que la comida en sí. ¡Más de una vez le doy un mordisco al plato sin haber tomado una foto! Este fue uno de esos encuentros con la buena cocina, donde además pude distenderme, charlar y respirar un aire fresco en las afueras de la ciudad. Quizás tuvo que ver el bonito parque, la cocina amigable y la cálida atención, además por supuesto de la buena compañía.
Ambientación. Mientas estén lindos los días, podés comer afuera. Súper recomendable, a la sombra de los árboles o de sombrillas, en mesas con sillas de campo, o en livings. Si no, está el salón que es muy cálido, rústico, de campo. Con un piano, libros de cocina (que me pierden y hojeo siempre que puedo), muchas botellas, y objetos decorativos antiguos. Iluminado, y fresco. No había música, y las mesas está muy lejos unas de otras, por lo que tuvimos un almuerzo donde reinó la paz.

La mesa. Prolija, con cactus como decoración, y una panera llena de apetitosos pancitos: curry, queso, orégano, tomate cherry… (muy buenos, verdaderamente). Servilletas de papel, copas de cristal, y vajilla variada (fue cambiando de acuerdo a los platos que pedimos). Me llamó la atención, que a pesar de estar en el césped, estaba nivelada ¡y no se tambaleaba! (cosa nada común por estos días en donde hasta en lisos porcelanato las mesas bailan). Nos recibieron con un cocktail, un Amargo Obrero con naranja y pomelo. Mientas tanto analizábamos la carta y elegíamos.
La carta. En una sola página pudimos ver de un pantallazo todas las opciones. Los celíacos de parabienes: de 14 platos entre entradas y principales, 8 son sin TACC y están señalizados en la carta. Hay empanadas, sopa, mollejas, picada de quesos y fiambres, pasta, pescado, carne de res, cerdo, pollo y cordero. Los postres no son los que usualmente encontramos en todos lados, por eso vale la pena guardarse un lugarcito para disfrutarlos.
Los vinos. No tenían por copa, pero elegimos botellitas pequeñas de 375 ml, un blanco y un tinto. Tienen varias opciones, y podés ir a la cava a elegir.
Lo que comimos
Entrada. Pedimos para compartir unos langostinos con papas bravas, hojas verdes y tomates cherry. Bien presentado, en una sartencita de hierro que mantenía el calor. Fenomenal el sabor de los langostinos y las papas, intensamente condimentados, podría haber seguido comiendo ese plato repetidamente…
Principales. Penne rigate con tinta de calamar, con salsa de mariscos (abundantes mariscos), con cilantro y crema, y unas láminas de parmesano.
Servicio. Por suerte, estuvo bien. El mozo siempre atento, rápido y amable. En un momento se me cayó la servilleta, y el mozo me la cambió ¡sin que yo se lo pidiera! También nos explicó algunos platos de la carta que no sabíamos bien qué eran. Esos detalles son los que hacen la diferencia, ojalá fuera así en todos los restaurantes... ¿no?
El otro principal, Pechito de cerdo con Alioli, calabaza y almendras tostadas. Venía con una ramita de tomillo fresco. Nos gustó, muy sabrosa la carne y la guarnición, pero lo que parecía tan grande se achicó rápidamente... ya que tenía era mucho hueso.
Postres. Semifrío de limón y coco. Llegó decorado con una hoja de chocolate estampado con pequeños dibujos, una hojita de menta fresca, helado y zeste de limón (ralladura).
También probamos unas Frutas Horneadas con helado. Venían en una papillote abierto (una bolsita resistente al calor), con granola, miel y helado de almendras. Delicioso, equilibrado, con toques crocantes, y el contraste de temperaturas (las frutas calientes y el helado), exquisito.
En general las porciones fueron abundantes, los platos sabrosos y bien condimentados, y el lugar muy bonito. Pie de Cuba ¡volveremos!
Lo que más me gustó: la panera, sobresalientes los pancitos. Los postres, impresionantes, riquísimos. Y el parque... Comer rodeado de verde a la sombra de un sauce es lo que muchos buscamos para un domingo de disfrute y tranquilidad.
Lo que menos me gustó: no había sombra para estacionar, y si bien es privado, es la entrada de alguna fábrica o depósito y se ve desprolijo, da una mala primera impresión desentonando con lo lindo que es el restaurante.
INFO ÚTIL
Pie de Cuba. Vinos y cocina regional de autor
. Dirección: Urquiza 800, Maipú, a metros de Carril Ponce y Rodríguez Peña.
. Teléfono: 261 623 6389
. Horarios: viernes a domingo al medio día. También feriados.
. Forma de pago: solo efectivo.
. Precios: entradas $65 a $85. Principales $115 a $130. Postres $40 a $65.
Nos gastamos aproximadamente $500 entre 2 personas, con entrada compartida, 2 principales, 2 postres, agua, y 2 botellitas de vino de 375 ml.
. Estacionamiento privado
. Muchas opciones para celíacos
. Sillas para niños, menú infantil, juegos.
NOTA DE LA REDACCIÓN: esta recomendación es independiente, los restaurantes no pagan por aparecer en este espacio.
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