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Yoga facial: la rutina breve que promete bienestar y un rostro más luminoso

Especialistas destacan cómo una práctica de solo 10 minutos al día puede tonificar el rostro, reducir tensiones y estimular la producción de colágeno.


El rostro suele ser el primer lugar donde se manifiestan el cansancio y el estrés: ojeras marcadas, bolsas debajo de los ojos, arrugas de expresión y pérdida de firmeza aparecen como señales visibles de un ritmo de vida acelerado. Frente a este panorama, una técnica ancestral gana cada vez más popularidad: el yoga facial, un conjunto de ejercicios sencillos que, según expertas internacionales, no solo aportan beneficios estéticos sino también emocionales y de salud.

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Una disciplina accesible y efectiva

La especialista Masha Marqués, referente mundial en la materia, explica que la práctica permite tonificar la musculatura, mejorar la circulación sanguínea y linfática, y estimular la producción natural de colágeno. “No se trata de perseguir la perfección ni de negar el paso del tiempo, sino de cuidarnos de manera alegre, natural y constante”, sostiene.

La clave está en la simplicidad. Bastan las manos limpias, una crema hidratante o aceite facial, y un espejo para observar los movimientos. La rutina puede practicarse en cualquier momento del día: por la mañana, para desinflamar y energizar el rostro; o por la noche, para liberar la tensión acumulada y favorecer la absorción de los cosméticos.

Beneficios que trascienden lo estético

Según la instructora española Diana Bordón, el yoga facial genera un impacto integral: “La piel se ve más oxigenada, el rostro gana firmeza y se reducen los signos de flacidez. Además, disminuye el estrés y mejora la respiración consciente”.

Desde la psicología, se destaca que la práctica favorece la autopercepción positiva: al dedicar unos minutos diarios al propio cuidado, se fortalece la conexión con la imagen personal y se genera un efecto de autocuidado que repercute en la autoestima.

Por su parte, la neurociencia respalda esta visión. Investigaciones de la Universidad de California han mostrado que los microejercicios faciales estimulan la liberación de endorfinas, generando una sensación de bienestar similar a la obtenida con la actividad física tradicional.

Ejercicios básicos para comenzar

Entre los movimientos más recomendados se encuentran:

  • Zona media del rostro (mejillas y boca): abrir la boca en forma de “O” apretada, manteniendo la tensión en mejillas y labios durante 10 segundos, repetir tres veces.
  • Mandíbula y parte inferior: enrollar los labios hacia adentro, abrir y cerrar lentamente la boca sin completarlo del todo, repitiendo 10 veces.
  • Párpados: colocar los dedos en las comisuras internas y externas de los ojos, entornar suavemente sin arrugar la frente, repitiendo la secuencia tres veces.

Estos ejercicios no requieren más de 10 minutos y pueden integrarse fácilmente a la rutina diaria.

Mirá el video de Masha Marqués

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¿Desde qué edad se recomienda?

Expertas coinciden en que el yoga facial puede practicarse a cualquier edad. En la juventud funciona como una herramienta preventiva, que ayuda a fortalecer los músculos y conservar la elasticidad de la piel. En etapas más avanzadas, se convierte en un aliado para recuperar tono, reducir arrugas y devolver al rostro una expresión más relajada y luminosa.

“Muchas personas notan mejoras en pocas semanas: más allá de lo visible, sienten que vuelven a conectar con su rostro y logran un espacio personal de cuidado consciente”, afirma Marqués.

Una práctica que combina salud y belleza

En un contexto donde las rutinas de autocuidado ganan terreno frente a soluciones invasivas, el yoga facial aparece como una alternativa natural y accesible. Sus beneficios estéticos se suman a un impacto positivo en la gestión del estrés y en la construcción de una relación más amable con la propia imagen.

Con solo diez minutos diarios, esta práctica propone una invitación sencilla: cuidar el rostro desde la conciencia y la constancia, con efectos que trascienden lo meramente cosmético.