Sorpresa: ¿qué ves cuando caminás por el Parque General San Martín sin saber su historia?
En esta nota te contamos los detalles detrás de las imponentes obras de arte que embellecen la zona del perilago en el Parque General San Martín.
El emblemático espejo de agua y el Rosedal custodian obras de arte francesas, mármoles italianos y monumentos históricos que definen la identidad del paseo mendocino.
ALF PONCE MERCADO / MDZCaminar por los senderos que rodean el lago del Parque General San Martín invita a conectar con la naturaleza, pero también con verdaderas esculturas con historia. Muchas de estas piezas artísticas forman parte del paisaje cotidiano de Mendoza, aunque sus fascinantes orígenes suelen pasar desapercibidos para los miles de mendocinos y turistas que las visitan a diario.
Una de las obras escultóricas más emblemáticas del Parque General San Martín
El recorrido tiene su epicentro en un ícono para los mendocinos, la Fuente de los Continentes, una imponente estructura adquirida en París y emplazada en 1911. Creada por Mathurin Moreau para la firma Duval D’Osne, está inspirada en los Jardines de Luxemburgo. Un detalle curioso: representa solo a cuatro continentes, ya que en esa época Oceanía se consideraba parte de Asia. Con casi 20 metros de diámetro, destaca por sus nereidas con piernas en forma de cola y figuras infantiles vestidas según su región. Como dato histórico, en 1950 brotó agua con colorante, ganándose el eterno apodo popular de la Fuente del Vino.
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Mármol herido y mitología en el Rosedal
A pocos metros, el Rosedal custodia piezas de un valor incalculable. Entre ellas destaca La Pureza, una bellísima obra en mármol de Carrara realizada por el florentino A. Belli y adquirida en Casa Harrods en 1923. La figura femenina, que vierte agua desde un ánfora, protagonizó un triste debate tras ser decapitada en un acto de vandalismo en 2015; hoy se analiza si dejarla en su estado actual, restaurarla o trasladarla a un museo para colocar una réplica.
En la misma rotonda emerge Diana y Endimión, una joya de estilo academicista con toques art nouveau firmada por Ernesto Damé. La obra. que fue donada por la familia Day, retrata el mito griego del joven que enamoró a la diosa de la caza con su belleza, inmortalizado en una composición donde ella despliega un velo ascendente mientras él duerme sugerentemente sobre una nube.
Homenajes de bronce y fe
El arte también se funde con la memoria heroica frente al Rosedal mediante el Monumento a Matienzo. Con seis metros de altura y una base de piedra que evoca al cerro Tolosa, la estatua de bronce homenajea al aviador Benjamín Matienzo. El tucumano perdió la vida congelado en 1919 tras un heroico intento de cruzar la cordillera de los Andes hacia Chile en un viaje solidario.
Finalmente, la identidad local se hace presente frente a la rotonda Monseñor Orzali con la escultura de San Francisco de Asís. Inaugurada en 1997, esta pieza fue realizada por la artista plástica mendocina Beatriz Capra y rinde un merecido homenaje al patrono de la ecología en el corazón del espacio verde.
Para completar este museo a cielo abierto, los senderos del perilago y sus rotondas principales están custodiados por imponentes figuras lampadarias. Estas luminarias ornamentales, de un refinado diseño europeo clásico, no solo cumplen una función estructural al caer la noche, sino que se integran estéticamente al paseo como piezas escultóricas exentas. Al igual que los grandes monumentos del predio, estas farolas históricas actúan como guardianas del patrimonio y aportan esa inconfundible atmósfera señorial que define las caminatas alrededor del agua.






