Por qué muchos se exaltan al darse cuenta de que quedan dos meses para que termine el año
La llegada del fin de año despierta ansiedad, balances y sensación de tiempo perdido. Qué explica la ciencia.
Muchos se desesperan al saber que el fin de año está a la vuelta de la esquina.
CanvaCada octubre, una frase comienza a repetirse en charlas, redes sociales y oficinas: “¡No puedo creer que el año ya se esté terminando!”. Esa sensación de que el tiempo “vuela” genera en muchas personas una mezcla de ansiedad, nostalgia y urgencia. La ciencia explica que este fenómeno tiene una base emocional y cognitiva que va mucho más allá del calendario.
De acuerdo con estudios del Departamento de Psicología de la Universidad de Stanford, la percepción del paso del tiempo está directamente relacionada con las emociones y el nivel de estrés. En los períodos de alta exigencia -como los últimos meses del año-, el cerebro tiende a acelerar la percepción temporal, provocando la sensación de que los días se acortan.
Fin de año y el momento del balance
Además, el cierre del año activa un proceso de balance personal. “El cerebro organiza los recuerdos en ciclos. Cuando percibimos que el año termina, realizamos una evaluación inconsciente de los objetivos alcanzados y pendientes, lo que puede generar frustración o apuro”, explican especialistas de la Universidad de Harvard en un estudio sobre bienestar emocional.
Esta percepción se intensifica por la aceleración del ritmo social típica de noviembre y diciembre. Aumentan las demandas laborales, escolares y familiares, y con ellas los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Las redes sociales también juegan su papel: los balances públicos, las fotos de viajes o las celebraciones ajenas pueden potenciar la sensación de “no haber hecho suficiente”.
El calor y el estado de ánimo
A nivel fisiológico, la llegada del calor y los días más largos también influyen en el estado de ánimo. Según una investigación de la American Psychological Association (APA), los cambios estacionales pueden afectar los ritmos biológicos y alterar la calidad del descanso, lo que incrementa la irritabilidad y la fatiga mental.
Para atravesar este período sin angustia, los especialistas recomiendan aplicar algunas estrategias simples:
- Evitar los balances extremos. En lugar de calificar el año como “bueno” o “malo”, enfocarse en los logros concretos, por pequeños que sean.
- Revisar las expectativas. No todos los objetivos deben cumplirse antes de diciembre: reprogramar metas también es avanzar.
- Cuidar los tiempos de descanso. Reservar fines de semana sin compromisos ayuda a reducir el agotamiento acumulado.
- Practicar la gratitud. Registrar los aspectos positivos del año disminuye la sensación de fracaso.
El fin de año puede convertirse, entonces, en una oportunidad para cerrar etapas con conciencia y serenidad. “Más que correr detrás del tiempo, se trata de detenerse y reconocer lo vivido. Esa reflexión permite comenzar el nuevo ciclo con menos presión y más claridad”, concluye el informe de Harvard.
La exaltación que provoca el calendario no es necesariamente negativa: puede ser un recordatorio de que el tiempo avanza, pero también de que todavía hay margen para ajustar el rumbo, disfrutar lo logrado y prepararse con calma para el año que viene.



