Historias reales de personas infieles: cómo es vivir un amor prohibido
Relatos de infidelidad ocurridos en la vida cotidiana, lejos de la fama, donde el engaño superó cualquier ficción.
En el Día del Infiel, historias reales que nadie suele contar.
CanvaCada 13 de febrero, en la antesala del Día de los Enamorados, se recuerda de manera no oficial el llamado Día del Infiel o del Amante. La fecha, incómoda para algunos y provocadora para otros, invita a reflexionar -o al menos a observar- una realidad tan antigua como las relaciones humanas: la infidelidad. Si bien los casos más mediáticos suelen involucrar a artistas, deportistas o figuras públicas cuyas vidas privadas se transforman en escándalos, el engaño no es un fenómeno exclusivo del mundo del espectáculo.
Ejemplos sobran en la farándula argentina. Infidelidades que se vuelven públicas, acumulan capítulos, versiones cruzadas y nuevos nombres que aparecen con el correr de los días. Sin embargo, reducir la infidelidad a ese universo sería un error. Lejos de las cámaras y los titulares ruidosos, miles de personas comunes viven historias de engaños, dobles vidas y amores prohibidos que, en muchos casos, superan ampliamente a la ficción.
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Como dice un viejo refrán popular en Argentina, “de los cuernos nadie se salva”. El porqué una persona es infiel -si responde a carencias emocionales, deseo, rutina, impulsividad o búsqueda de validación- es un tema que corresponde analizar a profesionales de la salud mental. En esta nota, el objetivo es otro: narrar historias reales de infidelidad, sin nombres y detalles modificados para preservar la identidad de sus protagonistas, que ocurrieron en distintos puntos de Mendoza y reflejan que el engaño atraviesa generaciones, clases sociales y orientaciones sexuales.
Turno extendido, una doble vida y un amor adolescente que nunca murió
La primera historia tiene como escenario uno departamento alejado del Gran Mendoza. Allí, funciona una empresa muy importante que trabaja las 24 horas del día. Ese esquema laboral fue el marco perfecto para que uno de sus empleados construyera, sin levantar sospechas, una doble vida.
Casado desde hacía varios años y con una rutina familiar aparentemente estable, el hombre solía decirle a su esposa que había sido asignado más horas por día de los que realmente le correspondían. La explicación nunca generó dudas: el trabajo era exigente, los horarios rotativos y las urgencias constantes. Sin embargo, no todas esas horas estaba trabajando, sino que las pasaba en brazos de su amante.
La mujer con la que se encontraba no era una desconocida ni una relación circunstancial. Se trataba de su gran amor de la adolescencia. En su juventud, la relación no había prosperado y cada uno había seguido su camino. Décadas después, el destino los cruzó de manera casual mientras realizaban un trámite cotidiano. Bastó una mirada para que el flechazo fuera inmediato.
Ambos estaban casados y con vidas ya armadas, pero comenzaron a verse a escondidas cada vez que podían. La clandestinidad alimentó la pasión. Paradójicamente, ese amor prohibido también encendió la relación del hombre con su esposa, quien quedó embarazada durante ese período. La noticia fue un quiebre definitivo.
Cuando la amante se enteró del embarazo, decidió poner fin a la relación. El acuerdo implícito era que ambos se separarían para comenzar una nueva vida juntos o, al menos, retomar ese amor inconcluso de la adolescencia. Nada de eso ocurrió. Él eligió continuar con su familia, y ella quedó con la certeza de que, aun décadas después, no todos los amores están destinados a concretarse.
Un engaño inesperado y una relación impensada para la época
La segunda historia se remonta a varias décadas atrás y tiene lugar en el norte de la provincia. En aquellos años, ciertos temas eran prácticamente tabú y no existían palabras ni marcos sociales para nombrarlos con naturalidad.
Un día, un hombre regresó a su casa varias horas antes de lo habitual y encontró una escena que jamás había imaginado: su esposa estaba con otra mujer. El impacto fue devastador. El engaño dolió, pero según relataría tiempo después, lo que más golpeó su orgullo fue que la tercera persona involucrada era alguien conocida en su círculo social.
Siguieron meses de discusiones, reproches y un matrimonio al borde de la ruptura. Con el paso del tiempo y tras largas conversaciones, él comenzó a comprender que su esposa era bisexual y que estaba enamorada de ambos. En un giro impensado para la época, fue ella quien propuso una solución inédita: tener una relación poliamorosa.
La propuesta estaba muy lejos de cualquier esquema tradicional y no figuraba en el radar social de aquellos años. Aun así, contra todo pronóstico, el acuerdo funcionó. Si bien los tres no convivieron bajo el mismo techo -principalmente por el peso del “qué dirán”-, compartieron muchos momentos juntos. Durmieron en la misma cama en más de una ocasión y hasta se fueron de vacaciones juntos.
La historia se sostuvo durante varios años, en silencio, demostrando que las infidelidades no siempre terminan en rupturas definitivas, sino que en algunos casos dan lugar a formas de vínculo impensadas para su contexto histórico.
Amor en el consultorio: cuando la infidelidad terminó en matrimonio
La última historia tiene como escenario un consultorio médico. Allí, una paciente joven comenzó a desarrollar sentimientos que no pudo -o no quiso- evitar por el profesional de la salud que la atendía. Ambos atravesaban noviazgos largos y desgastados, sostenidos más por la costumbre que por el deseo.
Durante varias consultas, las miradas y las conversaciones fueron ganando intensidad. Hasta que un día, ella se animó a dar el primer paso e invitarlo a tomar algo fuera del ámbito profesional. Aceptaron el riesgo, pero la mala suerte los acompañó: en el lugar elegido se encontraron con la novia del médico.
A pesar del incómodo cruce, lograron disimular la situación. Sin embargo, la sospecha quedó instalada. La pareja oficial no terminó de creer la versión y comenzó a aparecer de manera inesperada en el consultorio, sentándose en la sala de espera para observar quién entraba y quién salía.
Ante esa situación, el médico decidió advertirle a su paciente y amante. El mensaje fue el error fatal. La novia descubrió la conversación y el engaño salió a la luz. Lo que parecía el final de una historia clandestina terminó siendo el comienzo de otra.
Con el tiempo, ambos rompieron sus relaciones previas y formalizaron la suya. En la actualidad, están casados, transformando una infidelidad descubierta en una historia de amor legitimada.
Infidelidad: una realidad cotidiana que atraviesa generaciones
Estas historias, alejadas de los flashes y los escándalos mediáticos, confirman que la infidelidad no distingue edad, género ni contexto social. Ocurre en fábricas, hogares, consultorios y barrios comunes. A veces queda oculta para siempre; otras, redefine por completo la vida de quienes la protagonizan.
En el marco del Día del Infiel o del Amante, estos relatos invitan a mirar más allá del juicio rápido y entender que, detrás de cada engaño, hay personas, decisiones complejas y consecuencias profundas. Historias reales que, aunque anónimas, podrían ser las de cualquiera.




