El pueblo de la costa bonaerense donde el mar se vive sin apuro
Chapadmalal es un pueblo del sur de Mar del Plata que conserva playas abiertas, acantilados y un ritmo propio. Un destino donde el paisaje manda.
El pueblo de Chapadmalal combina acantilados, mar abierto y una costa sin saturación.
ShutterstockEl viento llega antes que el ruido. En Chapadmalal, el sonido dominante no es la música ni el tránsito, sino el mar rompiendo contra los acantilados y el pasto moviéndose sobre la barranca. Ese primer impacto deja claro que este pueblo no funciona como los balnearios tradicionales de la costa atlántica.
A diferencia de otros destinos cercanos, acá no hay un centro turístico concentrado ni una costanera saturada. Chapadmalal es un pueblo extendido, con tramos de playa separados entre sí, accesos simples y una relación directa con el paisaje natural.
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Hay playas amplias que se abren de golpe, sin paradores alineados ni sombrillas en fila. La arena convive con formaciones rocosas y sectores de barranca que generan postales distintas según la hora del día. En este pueblo, cada bajada al mar es una experiencia diferente: algunas más abiertas, otras más resguardadas, pero todas con sensación de espacio real.
El mar, abierto y cambiante, forma parte del carácter del lugar. Chapadmalal no es un pueblo para quien busca animación constante, sino para quienes disfrutan caminar largo, sentarse a mirar el horizonte o pasar horas sin mirar el reloj.
Otro rasgo que define a este pueblo es su entorno. No hay grandes edificios ni desarrollos intensivos. Predominan las casas bajas, los campos cercanos y los caminos que conectan playa con playa. Esa combinación hace que Chapadmalal conserve una identidad más cercana al paisaje rural que al balneario clásico.
La cercanía con Mar del Plata es una ventaja silenciosa. Desde este pueblo, en pocos minutos se puede acceder a supermercados, restaurantes o servicios urbanos, pero sin que eso invada la dinámica cotidiana del lugar.
Chapadmalal también invita a otro tipo de actividades. Caminatas por la costa, tardes largas frente al mar, fotografía, mate al atardecer y noches tranquilas. No hay agenda cargada ni propuestas ruidosas: el atractivo está en el entorno y en el tiempo que se recupera.
En verano, el pueblo suma movimiento sin perder su esencia. Aparecen pequeños puestos, propuestas gastronómicas simples y más visitantes, pero el paisaje sigue siendo el protagonista. Incluso en temporada alta, Chapadmalal mantiene una sensación de amplitud difícil de encontrar en otros puntos de la costa bonaerense.
Chapadmalal es, en definitiva, un pueblo donde el mar no se consume rápido. Se observa, se camina, se escucha. Un rincón del sur bonaerense que ofrece playas abiertas y una forma distinta de vivir el verano.


