El pueblo costero donde termina Buenos Aires y que apenas tiene 12 habitantes
En el extremo sur de la costa bonaerense, un pueblo costero casi desconocido se asienta en la confluencia del río y el mar, donde la tranquilidad reina sobre la rutina.
Las playas del pueblo de La Baliza se extienden amplias frente al Atlántico en el extremo sur de Buenos Aires.
ShutterstockLa tarde cae con calma en el pueblo de La Baliza, oficialmente conocido como Villa Turística 7 de Marzo, ubicado en la desembocadura del río Negro y el mar en el extremo sur de la provincia de Buenos Aires. Más allá de rutas turísticas saturadas, este pueblo costero mantiene una escala pequeña —con apenas una docena de habitantes durante gran parte del año— y una relación directa con el paisaje que lo rodea.
Su nombre proviene de la baliza que marcaba históricamente la entrada al río, una estructura que fue punto de referencia para los pescadores y que terminó dando identidad a un pueblo que nació de la pesca y del amor por el agua.
Las playas del pueblo se extienden amplias y abiertas, con arena fina y un horizonte donde las aguas del Atlántico se encuentran con las del río. El entorno, abierto y silencioso, invita tanto a largas caminatas por la costa como a la contemplación tranquila, con el paisaje natural ocupando todo el campo visual.
La pesca sigue siendo parte del pulso cotidiano del pueblo. Pejerreyes, corvinas y otras especies acompañan la temporada estival, y es habitual ver a quienes llegan con cañas listas a buscar su captura. Aunque en verano el pueblo cobra algo de movimiento —con casas temporales y visitantes que buscan calma frente al mar—, la vida en La Baliza conserva un ritmo distante del bullicio.
El pueblo costero se sostiene también por los lazos comunitarios. Las pocas actividades posibles —desde una despensa hasta trabajos de albañilería o funciones municipales— son conocidas por todos, y cada habitante permanente juega un papel en el funcionamiento diario.
Al caer la tarde, cuando el viento se calma y el murmullo del agua se mezcla con el silencio, La Baliza muestra su carácter más profundo: un pueblo donde el paisaje dicta el ritmo, donde la presencia humana es discreta y donde estar frente al mar es, en sí mismo, una forma de vivir.