Bajar de peso no es el final: 10 claves para sostener los resultados
La obesidad es una enfermedad crónica y el organismo puede activar respuestas que favorecen la recuperación. Qué recomiendan los especialistas.
Alcanzar un descenso de peso clínicamente significativo puede mejorar la salud metabólica, la movilidad y la calidad de vida. Foto: Canva
Cuando una persona logra bajar de peso, suele sentir que llegó al final del tratamiento. Sin embargo, para los especialistas en obesidad, ese momento marca el comienzo de otra etapa igualmente importante: sostener los resultados y los beneficios alcanzados para la salud.
Recuperar una parte del peso perdido es frecuente, pero todavía suele atribuirse a la falta de constancia, motivación o fuerza de voluntad. La evidencia científica muestra una realidad diferente: después del descenso, el organismo puede activar respuestas biológicas destinadas a conservar sus reservas.
Pueden modificarse las señales hormonales relacionadas con el hambre y la saciedad, aumentar el apetito y reducirse el gasto energético. Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine observó que varios de estos cambios, junto con una mayor sensación de hambre, continuaban presentes un año después de la pérdida de peso.
“La disciplina del paciente no explica por sí sola lo que sucede. La biología de la enfermedad cumple un papel central”, sostuvo la médica Virginia Busnelli, especialista en Nutrición y presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).
El mantenimiento fue uno de los temas abordados durante las XVII Jornadas Argentinas de Nutrición y las V Jornadas Argentinas de Obesidad, realizadas del 2 al 4 de septiembre en Buenos Aires. Allí, los especialistas insistieron en que la obesidad requiere seguimiento y estrategias capaces de adaptarse a los cambios de la vida.
Diez claves para sostener el descenso de peso
No existe una fórmula que garantice el mantenimiento ni una recomendación válida para todas las personas. Sin embargo, la SAN reunió diez puntos que pueden ayudar a reducir el riesgo de recuperación y detectar tempranamente cualquier dificultad.
1. Continuar con el seguimiento profesional. Alcanzar el objetivo no equivale necesariamente a recibir el alta. Las consultas pueden espaciarse, pero permiten observar cambios en el apetito, la actividad física, el peso y las condiciones personales.
2. Abandonar las dietas con fecha de vencimiento. Un plan extremadamente restrictivo puede resultar imposible de sostener. La alimentación debe ser equilibrada, flexible y compatible con la vida familiar, laboral y social.
3. Prestar atención al “ruido alimentario”. El término food noise describe pensamientos frecuentes o intrusivos relacionados con la comida. Cuando generan angustia o interfieren con la rutina, deben conversarse con el equipo tratante y no interpretarse como falta de autocontrol.
4. Combinar movimiento y fuerza. La actividad aeróbica beneficia la salud cardiovascular, mientras que el entrenamiento de fuerza ayuda a cuidar la masa muscular. La mejor opción será aquella que resulte segura, agradable y posible de mantener.
5. Observar tendencias, no números aislados. Pesarse periódicamente o registrar determinados hábitos puede servir para detectar cambios. El objetivo no es reaccionar ante cada fluctuación diaria, sino reconocer una tendencia sostenida.
6. Cuidar el sueño. Dormir poco o descansar mal puede influir sobre el apetito, las decisiones alimentarias y las ganas de moverse. Por eso, la calidad del sueño también forma parte del tratamiento.
7. Identificar qué cambió en la vida cotidiana. El estrés, las dificultades económicas, las tareas de cuidado, ciertos medicamentos o los cambios laborales pueden alterar hábitos que antes funcionaban.
8. Preparar un plan para los momentos difíciles. Una recuperación parcial no implica que todo el esfuerzo se haya perdido. Puede ser una señal para consultar y ajustar el tratamiento antes de que el aumento avance.
9. Organizar un entorno favorable. Planificar las compras, disponer de opciones nutritivas, reservar tiempo para moverse y contar con apoyo familiar reduce la dependencia exclusiva de la fuerza de voluntad.
10. No suspender la medicación sin indicación médica. Cuando existe un tratamiento farmacológico, llegar al objetivo no significa que deba interrumpirse. La duración depende de la respuesta, la tolerancia, los riesgos y la situación clínica de cada paciente.
La médica Marianela Ackermann, vicepresidenta de la SAN, propuso dejar atrás la lógica de “éxito o fracaso”. Si reaparecen el hambre intensa, el ruido alimentario o una tendencia progresiva a recuperar peso, la respuesta debería ser revisar el tratamiento y no culpabilizar a la persona.
Sostener el descenso no significa conservar exactamente el mismo número todos los días. Implica cuidar la salud a largo plazo y comprender que pedir ayuda o necesitar un ajuste no invalida todo lo conseguido.




