Locura por San Patricio: las fotos de la superfiesta irlandesa en la calle Arístides
La Arístides explotó de color, música y muchísima buena energía. Es que, como todos los años, la Ciudad de Mendoza se sumó a los festejos de San Patricio con bares repletos, cervezas en mano y un ambiente festivo que transformó la noche en una fiesta irlandesa a cielo abierto.
Desde temprano, la calle más fiestera de la ciudad empezó a recaudar gente. Remeras verdes, gorros a tono, tréboles y faldas a cuadros: los looks no decepcionaron. Entre lo más destacado, el conjunto de folklore tradicional asturiano, El Ruxideru, se llevó todas las miradas. Con instrumentos y vestidos con ropa tradicional, recorrieron la Arístides tocando en vivo, logrando que la gente se frenara a grabar y a disfrutar al ritmo de las gaitas. Un show espontáneo que le dio un toque mágico a la noche.
-
Te puede interesar
El pueblo de Brasil cerca de Argentina donde el mar sigue cálido en marzo
Los bares hicieron lo suyo, con promos de cerveza, tragos especiales y una decoración a puro verde. Además, en una movida en conjunto con la Municipalidad y el sector privado, las barras salieron a la vereda para que la gente pudiera disfrutar de sus pintas al aire libre. Eso sí, siempre respetando un mínimo de espacio para la circulación, pero nadie se quedó sin su vaso en la mano.
La música no paró en ningún momento. Cada bar o restaurante armó su propia fiesta con DJs en vivo y parlantes apuntando hacia la calle. Lo mejor es que el tiempo acompañó. La noche estaba perfecta, con una temperatura ideal para moverse (o quedarse sentado) sin preocuparse por el frío o el calor sofocante.
La combinación de la cerveza fría, el aire libre y el espíritu festivo hizo que nadie se quisiera ir porque no se sabía cuándo podía pasar algo más. Además, el evento estuvo bien organizado en cuanto a seguridad, con presencia policial y medidas para promover el consumo responsable de alcohol.
Un vistazo a la experiencia de San Patricio en Arístides:
San Patricio en Mendoza fue un éxito. Música, cerveza y buenos momentos convirtieron la Arístides en una pequeña Dublín por una noche. Si te lo perdiste, agendalo para el próximo año, ¡porque esto ya es tradición!