El pan de queso más fácil del mundo: sin amasar y listo en 15 minutos
El pan de queso es una de esas recetas que te conquistan desde el primer bocado. Es esponjoso, con ese dorado tentador y un aroma irresistible. Lo mejor de todo es que no necesitás horno ni amasado. Con ingredientes básicos y una sartén, podés prepararlo en minutos y sorprender a todos en el desayuno o la merienda.
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Ingredientes:
- 1 taza de harina de trigo
- 1 taza de queso rallado (puede ser queso mozzarella o cualquier queso duro que se derrita bien)
- 1 huevo
- 1 cucharadita de polvo de hornear (para darle esponjosidad)
- 2 cucharadas de manteca derretida (o aceite de oliva)
- 1 pizca de sal (opcional, dependiendo del queso que uses)
- Un chorrito de leche (si la masa queda demasiado espesa)
Preparación:
- Preparar la masa: En un bowl grande, mezclá la harina, el polvo de hornear y la pizca de sal (si decidiste usarla). Luego, agregá el queso rallado y el huevo. Batí ligeramente los ingredientes para integrar todo.
- Agregar la manteca: Añadí las dos cucharadas de manteca derretida (o aceite) a la mezcla. Remové bien para que todos los ingredientes se amalgamen y la masa quede húmeda, pero no demasiado pegajosa. Si la masa parece muy seca, podés agregar un chorrito de leche hasta conseguir una textura suave y manejable.
- Cocinar en sartén: Calentá una sartén antiadherente a fuego medio. No es necesario agregar aceite o manteca extra, ya que la manteca de la masa hará que no se pegue.
- Tomá porciones de la masa (podés hacer bolitas pequeñas o un pan más grande) y formá pequeñas porciones con las manos. Colocá las porciones en la sartén y presioná ligeramente con la espátula para que tomen forma de panecillos.
- Cocinar por ambos lados: Cociná los panecillos a fuego medio-bajo para que se cocinen bien por dentro. Deberás darles unos 5-7 minutos por lado, o hasta que estén dorados y cocidos por dentro. Cuando los voltees, asegurate de que estén bien dorados y que la masa se haya cocido completamente.
- Disfrutar: ¡Listos! Sacalos de la sartén y servilos calientes. Podés acompañarlos con mermelada, queso cremoso, o simplemente disfrutarlo con un poco más de queso rallado por encima.
La importante a la hora de hacer esta receta está en la mezcla justa de queso rallado, harina y un toque de manteca para lograr una textura tierna pero con bordes crocantes. Un punto a favor es que se adapta a todos los gustos, por lo que podés hacerlo más suave o bien intenso según el queso que elijás.
Así que, si querés algo casero, fácil y con ese gustito a panadería recién horneada, esta receta es para vos.

