Dalila Tahan: "Tengo la posta de cómo hacer para que la gente compre sin miedo y feliz"
Sí hay una diseñadora en Mendoza que es conocida, es ella. Es una modista cuyo nombre es casi mitológico en Cuyo. Es que Generaciones y generaciones se han vestido con Dalila Tahan.
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Novias, chicas que celebran sus 15 años, egresadas, vestidos para fiestas importantes empresariales, y más. Pero desde MDZ esta vez la visitamos en un contexto de crisis. Como "no hay plata", la gente no compra. En la realidad actual, las personas "se hacen un ocho" para poder seguir el tren de gastos que significa pagar todo lo atinente a su vida cotidiana... y de las primeras opciones del presupuesto que se recorta, es el rubro "indumentaria no extremadamente necesaria".
En este video podés ver la entrevista completa en donde Dalila habla de su trayectoria, de cómo se hace para vender en este momento en el que la gente está tan ajustada económicamente, en la diversidad de clientes que lo toca antender, y mucho más:
A continuación, algunos extractos imperdibles de la charla con Dalila:
¿Estás vendiendo, Dalila?
- ¡Hola! Mirá, si vendo. Pero hay que adaptarse. De lo primero que voy a hablarte es de las páginas chinas. Es cierto que hoy hay un e-commerce salvaje en donde te venden un vestido de novia a 20 dólares... pero ¿es lindo? ¿está bien hecho? ¿es buena la tela?
Es tan ecléctico el tema de los precios en el mundo...pero uno trata de defender el lugar que le toca y donde vive. Y claro que en otros lugares hay otro tipo de materiales y acceso a la estabilidad... pero frente a eso mucha gente sigue valorando el "persona a persona". ¿Cómo hago para cuidar la economía de mi casa y a la vez gastarme 500 mil pesos en un vestido? Ahí está el trabajo creativo, ingenioso y solícito del modisto. Por eso se valora el trabajo del diseñador que trata cada transacción en forma personalizada, atendiendo a las necesidades pero también entendiendo la economía de la persona y viendo cómo puede pagar.
Cuando yo evalúo el precio de un vestido tengo en cuenta todo: yo tengo una forma de trabajar que mis clientes conocen y tiene que ver con ponerme en su lugar y entender su necesidad y su realidad. Buscamos precio, calidad, tratamos de darle un costo familiar a la gente para que le llegue un buen precio... Ya sea un vestido que es para un día, en donde lo van a usar 12 horas y no se lo van a poner más -como una novia- o si la situación es distinta y va a disfrutar el vestido un montón de veces -una egresada, una madrina, por ejemplo-.
A mi y a mis colaboradoras esta forma de trabajo nos ha permitido, a través del tiempo, manejamos durante todo el año una manera estable de trabajo. Creo que también es la fama que te hacés: la gente nos conoce, ya nos ganamos un lugar en Mendoza.

Vos me hablabas de otra ventaja que ustedes, los modistos tienen, y que en la compra por internet no se encuentra...
- ¡Claro! Hay un tema que por suerte en la actualidad tiene mucho, mucho, mucho auge y es el de respetar los cuerpos. Cada uno tenemos nuestro propio cuerpo diferente al de otro y por eso un poco lo estandarizado no va mas. Con la compra en el exterior, online, en las páginas raras esas... puede ser barato, sì... pero después te encontrás que lo que compraste no te queda. Digamos la verdad: vos ves una foto y te parece un sueño el producto... y luego la calidad es un espanto y no te queda bien. ¡Y andá a quejarte a Gardel!
¿Hay una moda descartable?
- Bueno si. Si estamos hablando de un vestido del cual se hacen 200, 500, mil modelos exactamente iguales... es descartable. ¡Hay cuerpos especiales! Todos los cuerpos son especiales, y te digo la verdad, no hay nada más lindo que sentirse escuchado, guiado, mimado y que te hagan una prenda que te gusta mucho.
En cuanto a mis clientas, yo voy viendo la medida de tronco, la medida de tiro de pierna, la medida de caja, de hombros, de cintura, de caderas... ¡Y no hay dos iguales! La gente quiere verse vestida perfecta y esa es la verdadera alta costura. Aunque le hagas una solera, la alta costura es coser a medida.
Nuna se podrá competir con la atención personalizada. Hay gente que te dice: "Dalila, yo quiero tocar la tela"... ¿Eso cómo se hace por internet? "Dalila, que lindo que se siente mi vestido, ese trabajo de forrado con una tela suavecita, como cuando te acostás a la cama y tenés una sábana que te acaricia...", me han llegado a decir y a apreciar ese aspecto.
Yo te digo la verdad: hasta de lejos puedo ver si una confección es americana o china, si el vestido una mujer se lo hizo perfecto a medida. Y para mí, eso no tiene precio.

¿Cómo es esto de, en cuanto al precio de un vestido, tomar decisiones muy personalizadas según el cliente?
- Fácil. Hay personas que te dicen "mirá, yo te lo puedo ir pagando en tantas cuotas", otras que dicen "te pago mucho ahora y otro poquito después"... o están las que te dicen "te doy una seña y después sigo"... Entonces tu proceso de adaptación es con cada persona. Así como convenís las visitas para que se vaya probando el vestido, convenís la forma de pago.
¿Sabés que hago? Yo le digo a la gente: "Ustedes eligen cómo quieren pagármelo. Este vestido cuesta 200, o 300, o 500, o mil dólares... y me lo pagan en pesos, pero con el valor del producto fihjado en dólares, a convenir. Tengo un margen de precios muy accesible porque hago muchos tipos de vestidos y trabajo con muchos tipos de telas. Quiero que la gente sienta que puede pagar.
Después de tantas idas y vueltas, de tantas devaluaciones, de tantos sistemas económicos... yo lo que quiero es estar en eje y también que la gente pueda tener más cintura para para poder tener acceso a cumplirle el sueño a su hija de 15, o para que esa novia que soñó toda su vida con su día se sienta una belleza enfundada en su vestido. Son momentos especiales que nosotros los cuidamos muchísimo, y para eso tengo un equipo de trabajo incondicional.
En este pequeño video, Dalila cuenta por qué hay gente que sigue yendo "a la modista" y cómo se hace para cobrarle al cliente
- Bueno, he visto también en tus redes, y en las de otras personas que vos también sos una pionera en esto de tener clientes y clientas que son chicas trans, chicos intersex, y más...
- Totalmente. No me importa tu orientación sexual, o tu identifiación de género. Me importa que vengas a ser feliz con la prenda que te querés poner. Chico, chica, o como te sientas. ¡Hay muchachos que queiren usar diseño y telas diferentes, y no sabés las camisas que hago! He armado vestuario para bandas de rock, por ejemplo.
Hay personas con discapacidad que nunca se sientieron bien atendidas, o que se les haga algo específicamente para ellas... Que te digan "yo tengo este problema motriz, y nada me queda bien, y vos te fijaste específicamente en cómo hacer para que algo me quede espectacular"... ¡Eso es hermoso!
¿Sabes qué pasa? Si vos entendés el servicio como el dar, estás en lo correcto. Yo no puedo evaluar desde mi juicio, si me pondría o no me pondría algo. Vos tenés que despersonalizar y centrarte en lo que a la gente que estás atendiendo le gusta y le hace feliz. Llámale un escote, un tajo, una transparencia, un culotte, un vestido calado...
Me pasó con una chica trans que quería ponerse un vestido increíble. Era una mujer que es el exponencial de lo femenino. La admiro, la aplaudo. ¡Cómo se cuidan y cómo se miman! ¿Entonces sabes qué hago yo? Abrazo el trabajo. Celebro a la persona. Vivo feliz con la felicidad del otro.

- ¿La modista es una consejera? ¿Tiene que saber decir "eso no"?
- Totalmente. Es también una consejera. Viste que hay gente que dice "bueno, este es el grito de la moda, se usa tal cosa"... Nosotras tenemos que ser delicadas pero también recomendar y hacer entender lo que mejor le va a cada cliente. Y la gente valora mucho la sinceridad cuando le decís "yo se que te gusta esto, pero probate esto otro que te va a quedar mejor".
Yo me gané un lugar en mi trabajo gracias a esa autoridad para decir "hasta acá, hasta acá te abro este escote, hasta acá te dejo esto abierto". Yo no tengo problema en decirte "Che, ese vestido champán o blanco tiza no va porque vas a opacar a la novia".

- Y te pasa también que en este contexto de crisis vienen, por ejemplo, madrinas, egresadas o hasta novias y te dicen "Dalila, transformarme el vestido porque me encanta y lo quiero modernizar o cambiar"?
¡Me pasa muchísimo y me encanta! A veces me traen ideas, y lo hacemos, hasta con vestidos que tienen más de 20 años. Lo desarmamos, le agregamos cosas, le cambiamos un torso, hacemos una caja bordada... O hasta me traen telas de afuera porque viajaron y se enamoraron de un corte.
Yo soy jugada: ahí nomás te digo "metámosle tajo, pongámosle parches, hagámosle unos bolsillos. Sí, me divierte. Me encanta.


