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Por qué debes comer más sopa de pollo, según los expertos

Los expertos coinciden en que hay muchas razones para comer más sopa de pollo a diario.

La sopa de pollo sale a relucir en los meses fríos o cuando nos sentimos mal. Pero más allá de reconfortarnos, la ciencia respalda muchos de sus beneficios. Según expertos en dietética y nutrición, este plato tradicional es altamente nutritivo. 

Además de brindar un confort psicológico; el calor del caldo de pollo le brinda al cuerpo la respuesta ante enfermedades y malestares. La sopa de pollo contiene un perfil de sabor conocido como “umami”, el cual se suma a los sabores básicos como dulce, salado, ácido y amargo, y se describe a menudo como un sabor “carnoso”. 

Siempre cae bien una sopa de pollo.

La sopa de pollo también es conocida por sus propiedades antiinflamatorias. La inflamación es una respuesta natural del cuerpo a infecciones o lesiones, donde los glóbulos blancos se movilizan hacia el área afectada para ayudar en la recuperación. Investigaciones han demostrado que el consumo de sopa de pollo puede influir en esta respuesta inflamatoria, reduciendo la migración de los glóbulos blancos a los tejidos inflamados. Este efecto puede ayudar a mitigar los síntomas de enfermedades respiratorias comunes, como el resfriado o la gripe, alivia la congestión y hace que la recuperación sea más rápida.

Además, el acto de beber la sopa caliente e inhalar sus vapores puede tener efectos beneficiosos en las vías respiratorias. La temperatura elevada del líquido aumenta la temperatura de las vías nasales y respiratorias, lo cual facilita el aflojamiento de la mucosidad espesa que a menudo acompaña a las infecciones respiratorias. 

Siempre cae bien una sopa de pollo.

Desde el punto de vista nutricional, la sopa de pollo es una fuente rica en proteínas, vitaminas y minerales esenciales. El pollo aporta proteínas de alta calidad para la reparación de tejidos y el mantenimiento de la masa muscular. También contiene electrolitos, como sodio y potasio, que son vitales para mantener el equilibrio de líquidos en el cuerpo, especialmente durante episodios de enfermedad en la que hay pérdida de líquidos debido a fiebre o sudoración.