Por qué los jóvenes sufren de angustia y presión por la crisis económica
Este mundo tan voraz, con un mercado tan competitivo y destructivo, además de una actualidad argentina tan derruida hace que quien tenga que salir a esta realidad con sus primeras armas de la adultez, al menos, se lo replantee. Es que la falta de estabilidad financiera y la imposibilidad de planificar a largo plazo son temas recurrentes en las conversaciones de los jóvenes, lo que contribuye significativamente a que sufran de angustia y presión por la crisis económica.
Catalina, de 27 años, editora de contenidos, comenta que el fin de mes parece una idea lejana debido a la falta de dinero. Además, señala que las redes sociales imponen narrativas donde el éxito se mide en términos económicos. Esta presión externa afecta su bienestar emocional, ya que constantemente se comparan con figuras que aparentan tener todo resuelto.
Matías, investigador del Conicet, de 28 años, también observa cómo estas narrativas sociales influyen negativamente en la percepción del progreso. En su entorno, discuten sobre la valorización de la vida y el esfuerzo solo en términos monetarios. Esta visión restringida limita la capacidad de apreciar otros logros y contribuye a un sentimiento generalizado de insatisfacción y frustración.
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Juan, de 26 años, trabajador freelance, destaca la necesidad de independencia como un factor crucial. La aspiración de valerse por sí mismos y no depender de sus padres es cada vez más complicada de alcanzar. Las redes sociales exacerban esta situación al presentar estilos de vida inalcanzables, lo que genera un contraste doloroso entre la realidad y las expectativas.
El impacto de la pandemia del COVID-19 también ha sido significativo. Catalina menciona cómo para muchos jóvenes, este período fue un “gap (brecha) de tiempo” vacío, sin avances ni logros tangibles. Esta pausa forzada en sus vidas exacerbó la sensación de que sus esfuerzos no tienen valor, aumentando la ansiedad y la incertidumbre sobre el futuro.
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Especialistas en psicología como Natalia Yasuda y Clara Casal explican que estas preocupaciones económicas afectan profundamente la salud mental de los jóvenes. La presión por resolver rápidamente sus problemas financieros les impide enfocarse en sus verdaderos deseos y aspiraciones. Esta dicotomía entre necesidad y deseo crea un estado constante de tensión y ansiedad.
La solución podría estar en establecer parámetros propios para medir el progreso, alejándose de las narrativas externas que imponen expectativas irreales. Destacar los logros individuales y colectivos, aunque el contexto no sea favorable, puede ser un paso hacia una mejor salud mental. En este sentido, Catalina propone reavivar esa energía vital y transformadora para enfrentar los desafíos con una actitud proactiva y constructiva.