Los temibles cambios con la llegada de la menopausia, qué dice una ginecóloga
La menopausia marca un antes y un después en la vida de las mujeres. Es el final de los ciclos menstruales, un proceso que, según la Mayo Clinic, se confirma después de doce meses sin menstruación. La doctora Gemma Valls Ricart, especialista en Ginecología y Obstetricia, explica en detalle estos cambios y cómo enfrentarlos.
Uno de los principales factores que influye en los cambios que acompañan a la menopausia es la disminución de los estrógenos y la progesterona, hormonas claves en el equilibrio del cuerpo femenino. Estas afectan el metabolismo hasta el estado emocional. Con la llegada de la menopausia, su reducción es inevitable y tiene consecuencias notables.
La Dra. Valls explica que uno de los primeros efectos de la disminución de estrógenos es el aumento de peso. Muchas mujeres notan cómo la grasa comienza a acumularse en la zona del abdomen. Este cambio no solo afecta la imagen corporal, sino que también aumenta el riesgo de enfermedades metabólicas, como la diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares.
Otro de los síntomas más temidos son los sofocos, a menudo inesperados, y que pueden aparecer varias veces al día y durante la noche. Durante la menopausia, muchas experimentan irritabilidad, ansiedad y, en algunos casos, depresión. Esto se debe a que los estrógenos influyen en la producción de neurotransmisores como la serotonina, que regula el estado de ánimo.
La Dra. Valls señala que estos cambios emocionales son desafiantes, pero es fundamental que las mujeres se den tiempo para adaptarse a esta nueva etapa. Contar con el apoyo de amigos, familiares o incluso de un profesional puede marcar la diferencia. Además, el ejercicio regular y las prácticas de relajación, como el yoga o la meditación, han demostrado ser eficaces para reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo.
Con la reducción de los estrógenos, las paredes vaginales pierden elasticidad y humedad, lo que genera sequedad vaginal. Este síntoma provoca molestias y dolor durante las relaciones sexuales, lo que lleva a muchas mujeres a evitar la intimidad. El dolor crea un círculo vicioso, ya que la disminución de la actividad sexual afecta también el deseo, disminuyendo la libido.
