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"Creemos que una derrota en el fútbol hace desaparecer nuestra identidad"

Escritor, poeta, ensayista, traductor. Habló con el programa "Hacete cargo" por MDZ Radio sobre la derrota de la Selección en la Copa América y nuestra eterna persecución del éxito.
Foto: www.diarioperfil.com.ar
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 El multifacético pensador Santiago Kovadloff advirtió que "el deporte es una manera sublimada de canalizar la competencia hacia la configuración de convivencia, que configura la idea de entretenimiento". Fue convocado por el programa "Hacete cargo" de MDZ Radio para analizar la frustración argentina por salir segundos en la Copa América.

¿Se juega "el ser nacional" en un partido de fútbol? ¿Por qué nos golpea tanto haber salido segundo?

La entrevista completa con Kovadloff:

- Usted plantea pensar la derrota en términos de que si sólo el éxito nos sirve y cómo eso afecta a la sociedad argentina.

- Si uno se remonta a la finalidad primordial del deporte inmediatamente advierte que es una forma sublimada, elaboradísima de canalizar lo que llamaríamos la competencia o la agresión incluso hacia configuraciones de convivencia, que incluyen la idea del entretenimiento y fundamentalmente la idea de que es un juego. Puesto a que a diferencia de lo que ocurre en la realidad cuando de verdad hay una confrontación que incluye cierto grado de adversidad, puede ser peligroso.

Hoy advertimos que especialmente el fútbol se ha ido convirtiendo, aquí y en muchas partes del mundo, en una disputa que tiene valor ontológico, es decir: ahí se juega el ser nacional. Y se lo juega en el sentido de que realmente pareciera haberse diluido la idea de que se trata de un deporte que incluye la posibilidad de perder.

La derrota es vivida con una intensidad problemática, verdaderamente ajena a la naturaleza del juego. Se siente de verdad que se está perdiendo identidad cuando la derrota afecta al equipo que lo identifica.

Entonces yo advertí a partir de la derrota argentina frente a Chile que habíamos perdido por completo el sentido de lo deportivo y que teníamos el sentimiento de que esa derrota implicaba nuestra propia desaparición en términos de identidad. Esto se debe a que el fútbol ha ido ganando en nuestra sociedad un papel fuertemente compensatorio con respecto a otras fuentes de identidad que son menos intensas y menos determinantes a la hora de responder a la pregunta qué es ser argentino. El sufrimiento que depara la derrota excede de manera intensa y evidente lo que podríamos considerar razonable: Uno lamenta que se haya perdido, pero fundamentalmente no queda destituido como sujeto, ni como persona ni como argentino.

- Lo imagino, en base a esto que dice, a Diego Maradona gritando el himno nacional

- Claro, entonces llegamos a esos extremos donde realmente en sociedades con instituciones frágiles, en sociedades que tiene n que recuperar su fe en las instituciones judiciales, en el poder Ejecutivo, en la Constitución Nacional el fútbol siempre ha sido un espacio donde nosotros podemos depositar expectativas verdaderamente totalitarias, es decir, pedirle todo al fútbol: Fútbol para todo y para todos. Es decir, una dimensión verdaderamente patológica de lo que significa el interés por el deporte.

Esto no se lo dice un hombre ajeno al fútbol, yo disfruto del fútbol, he jugado y lamento muchísimo cuando mi equipo no juega bien, pero nunca me olvido de que no está en juego la identidad nacional.

Yo estoy preocupado por el carácter desmesurado o excesivo que ganaba el impacto de esta derrota en la sensibilidad colectiva.

- En una sociedad donde se pierde de vista que es un juego y un deporte y esta cuestión de poner en juego la identidad avanza sobre casi todo otro objetivo del fútbol, ¿la frustración es peor?

- Sin duda. Mire a Messi, ese hombre extraordinario como deportista y hombre bueno esencialmente, que vivió la derrota como un fracaso personal y su deseo de apartarse de la Selección Argentina, tan vinculado a esa derrota. Uno quisiera que el valor de nuestra Selección pueda ser rescatado, al menos en términos relativos, con independencia del resultado, que además estuvo unida a una definición por penales, que es la forma más arbitraria de definir un partido.

Entonces yo me pregunto, ¿tendremos los argentinos capacidad de expresar nuestra pasión por el fútbol sin reducir nuestra capacidad de pasión e identificación a ese deporte.

- Se me vienen a la cabeza imágenes de publicidades donde se intenta equiparar un partido con algo más civilizado donde el mismo locutor nos dice: El fútbol no sería así.

- Claro y entonces usted me lleva a una reflexión más general: la publicidad en la civilización occidental es la forma que ha tomado el pensamiento totalitario, en los regímenes autoritarios, como los comunistas, el Estado hacía una propaganda abierta de sus intereses. En las sociedades de consumo, la venta de objetos, está brutalmente asociada a la idea de realización del sujeto. Entonces usted ve que se promociona un automóvil como algo erótico.

Esto indica que hemos trastocado los valores de nuestra sociedad. Cuando veamos un partido, aprendamos a disfrutar de el y si hay que sufrir por la derrota, acotémoslo, pero no terminemos a los golpes o a los balazos.

Eso habla de una crisis muy profunda de la capacidad que tiene una sociedad de discernir entre lo que es un deporte y lo que son valores más sustanciales.

- ¿Eso será porque no aprendimos a ser felices y segundos al mismo tiempo?

- Es muy buena reflexión, ser segundos en un deporte habiendo jugado bien creo yo que debería satisfacernos. Se forma a los deportistas con una mentalidad excluyente. Por supuesto que en un campeonato hay que buscar ganar, pero primordialmente se está expuesto a la derrota si quien juega con nosotros es tan bueno o mejor que nosotros.

Me parece que acá tenemos un llamado de atención que debemos realizar sobre el modo como nuestra sociedad reacciona y donde se ha intentado durante muchos años hacer del fútbol un recurso de identificación social general. No creo que eso sea bueno.

Audio de la entrevista completa: