Presenta:

La iglesia en Mendoza, preocupada por "los tentáculos del narcotráfico en la política y la justicia"

Sacerdote católico, vocero del Arzobispado de Mendoza. Se enfocó, además, en la problemática de las drogas y la propuesta del cura Juan Carlos Molina, que está al frente del Sedronar.
280704.jpg

La relación entre la iglesia católica y el Gobierno en la Argentina es un misterio. Luego del más que tenso vínculo de Néstor Kirchner con el por entonces cardenal y arzobiospo de Buenos Aires Jorge Bergoglio, vino directamente la "operación" del kirchnerismo en contra de su elección como papa, apenas se conoció la intención de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, de renunciar. Con Bergoglio convertido en papa Francisco, Cristina Fernández desautorizó a los propios y cambió su actitud personal e institucional.

La iglesia, a través de sus organismos, también tomó caminos encontrados. Oficialmente, alimenta los informes sobre pobreza que realiza la Universidad Católica Argentina (UCA), generalmente adversos a los planteos que realiza el Indec. La Conferencia Episcopal también es crítica aunque la Pastoral Social a veces es más comprensiva y pone paños fríos.

Un nuevo escenario se planteó cuando la Presidenta (y también lo hizo en Mendoza el gobernador Pérez) colocaron en puestos clave a hombres de la iglesia, concretamente al cura Juan Carlos Molina en la Secretaría de Lucha contra la Drogadicción y el Narcotráfico (Sedronar) y a Cristian Bassín, excura de Rodeo de la Cruz, como ministro de Desarrollo Social.

Molina lanzó su ya conocida frase en torno a la "necesidad" de liberar el consumo de todo tipo de drogas. Y otro sacerdote, desde Santiago Apóstol y San Nicolás, Marcelo de Benedectis, le respondió.

¿Cuál es la opinión sobre este debate lanzado por el cura Molina, al frente de la Sedronar, en torno a la búsqueda de que todas las drogas sean de libre consumo?

- Me da la impresion que fue una presentación de un tema tan delicado y tan sensible de una manera ligera, liviana y hasta inoportuna. Lo dijo con términos muy ambiguos.

¿Por qué lo cree?

- Porque no es lo mismo liberar, legalizar, criminalizar o penalizar. Usó un lenguaje no claro que produjo malos entendidos. Y en estos temas, cualquier política pública tiene que tender a desalentar el uso de las drogas. Tenemos que convenir en que la droga es un mal para la persona, para la familia y también para la sociedad. No la engrandece ni dignifica a la persona, la limita en sus funciones y también en su promoción como persona humana.

¿Desde el punto de la iglesia, qué es lo que debería hacerse?

- La tarea es de prevención de la drogadicción, recuperación del drogadicto y de combate integral del narcotráfico. Son los tres ejes del tema. Las mafias organizadas tienen tentáculos por todos lados y han invadido la sociedad.

¿Cómo debería actuarse con la persona que está enferma y cómo cree que se está haciendo esa tarea?

- En cuanto a la prevención, veo que como Estado nos hemos limitado a la información, cuando debería ser una tarea mucho más amplia. Por ejemplo, como nunca hoy los adolescentes conocen el tema droga, pero ese conocimiento no los inhibe a dar el paso hacia el consumo. Información, pero no formación de que hace mal, que daña y que puede llevar a dañar a otras personas. Algo está faltando, ya que se sigue fomentando el consumo. Algo hay que revisar.

¿Y qué hay en Mendoza para la recuperación de estas personas?

- En cuanto a la recuperación no basta con construir una sala para tratar al que está enfermo. Hace falta un abordaje integral que incluya todo, a su entorno familiar, su vida espiritual, su recuperación completa. Creo que hay buenas intenciones y deseos de hacer bien las cosas.

¿La iglesia hace algo para cambiar la situación o simplemente da consejos?

- Hace la función que le toca. Podemos hacer mucho más. Tanto desde la vinculación, la integración con la sociedad, una formación espiritual seria y profunda. Por ejemplo, están las “Fazendas de la esperanza”, una organización nacida en la iglesia que tiene óptimos fruios y funciona en Córdoba.

¿Y en Mendoza?

-Está medio demorada aquí en Mendoza. Se han dado muchos pasos. Está quedando algún que otro tema desde el punto de vista legal. Entre comillas, desde la burocracia faltan pasos para que cuaje. Da una esperanza para la recuperación.

¿Cómo se entiende que un cura como Molina vatya en un sentido y el resto de la iglesia, en el contrario? ¿En qué se equivocó el funcionario? ¿En la forma o en el fondo?

- Como lo ha planteado Molina, se equivocó tanto en la forma como en el fondo de la problemática de las drogas. Ha sido más un oportunismo político que un abordaje integral del tema. A fines del año pasado y principios de este en que se instaló el debate se suponía que era para darle una respuesta, abrir caminos. Ahora se ha presentado como una charla de café irresponsablemente. No hay una mirada seria.

¿Cómo ve el rol de la lucha contra el narcotráfico que es una de las patas del problema?

- Por lo que uno puede ver, me parece que hay un déficit muy grande, por la percepción que uno tiene. El narcotráfico está creciendo, no disminuyendo. La percepción es que se está afianzando en la Argentina. Los tentáculos que va abriendo en la política y la justicia resulta muy dramático.

El papa y Cristina se muestran como amigos y en coincidencia total. Pero en la Argentina, la iglesia arremete muy crítica contra el Gobierno. ¿Cómo se explica?

- Una cosa fue la relación Bergoglio - Kirchner, y otra muy diferente la del papa Francisco y la Presidenta de la Nación. Acá lo que yo potenciaría son las actitudes de cercanía, vinculo, dialogo del papa Francisco para con nuestra Presidenta. Sin tratar solo ver el aspecto ideológico y político del tema, sino las actitudes para pensar una Argentina no confrontativa, sino del dialogo y del encuentro. Eso, desde el lado de Francisco. Pero la utilización de esos encuentros es otra cosa... Y no lo ha hecho Francisco precisamente. Ni siquiera el Vaticano ha emitido comunicados oficiales sobre lo que se hizo o dijo en las reuniones entre ambos. Eso no quita que la iglesia tenga una palabra sanamente critica, una palabra disonante cuando las cosas no van, como por ejemplo con la pobreza.

¿Cómo percibe la situación concreta de la droga en los barrios, pobres y ricos, en Mendoza?

- El aumento de la droga en las barriadas es evidente: por un par de zapatillas y una moto se arman banditas al servicio de la droga. Es un fenómeno complejo vinculado al “no futuro” y al sentido de la vida, como pasa en los barrios más pudientes también. Sé de la presencia nuestra como iglesia, de curas, de laicos y religiosos en la opción por la persona humana, en abrir perspectivas de sentido y de futuro.