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"Mi niño corrió riesgo físico y psíquico y hoy es una niña totalmente feliz"

"Yo nena, yo princesa" es el título del libro que escribió la madre de Luana, la primera niña trans de Argentina en recibir un DNI acorde con su identidad. "El tema es de los padres, de los adultos, de los docentes, de los prejuicios. Los niños no se comunican por medio de los genitales", sostiene Mansilla.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

“Si tuve miedos, hoy ya no los tengo; si tuve dudas, hoy estoy segura de quién sos y, lo más importante, estoy orgullosa de la hija que tengo”.

Eso escribía (y sigue sosteniendo con la misma fortaleza) Gabriela Mansilla en octubre de 2012 en su diario respecto de su hija, Luana, cuando por fin la pequeña comenzaba a ser quien es y dejaba de ser Manuel, el nombre que le habían dado como consecuencia de que sus genitales fueran masculinos.

Gabriela Mansilla vino a Mendoza para presentar el libro Yo nena, yo princesa -Luana, la niña que eligió su propio nombre- (Editorial de la Universidad Nacional de General Sarmiento), el libro que surgió como resultado del diario que ella decidió comenzar a escribir cuando comprendió qué era lo que le estaba sucediendo a ese niño que no quería que lo llamaran Luana.

En su paso por la provincia, antes de presentar el libro en el Espacio Cultural Le Parc, junto a Valeria Paván (psicóloga de la UBA y coordinadora del Área de salud de la Comunidad Homosexual Argentina -CHA-), Omar Castellani (licenciado en Comunicación Social y en Psicología) y Diego Pedernera (presidente de la Organización Mendocina de Integración -Omin-), Gabriela Mansilla habló con MDZ Online y contó detalles del proceso de su hija en el camino de construir su identidad hasta llegar a ser Luana, nombre que ella misma, la niña, eligió, luego de mucho tiempo de dar claras señales, como las que recuerda su mamá al hablar de los dibujos que hacía. “Si una maestra ve que su alumno de salita de tres, cuatro o cinco años dibuja durante todo el año princesas de color rosa porque así se siente, puede ver que ese niño está dando señales porque necesita ser escuchado, y si no es escuchado en la casa, puede ser escuchado en la escuela o por un pediatra o por un psicólogo”.

- ¿Con qué se va a encontrar quien acceda al libro?

- El libro tiene la historia, la narración de una niña de cuatro años que está luchando por su identidad, defendiendo su identidad, defendiendo su sentir. Tiene el sufrimiento que atraviesan ella y la familia, la falta de información y de formación de los profesionales, porque nadie me supo decir qué era lo que le pasaba a mi niño, que decía que era una niña. Tiene la lucha por el documento de identidad, cómo llegamos a que se le reconocieran los derechos a través de la Ley de Identidad de Género. Tiene mucha información de lo que es una vista de la niñez transexual que hasta ahora no había salido a la luz, tiene mails de la Comunidad Homosexual Argentina, de Ático, que es una cooperativa de trabajo en salud mental; el mío, para que la gente que está atravesando por la misma situación pueda comunicarse por ayuda o acompañamiento. Tiene dibujos. El libro tiene información para que los profesionales y las familias de estos niños puedan ayudarlos.

- Sin duda, el caso de Luana puede servir como punto de partida en otros casos que hay y que se ocultan o que no se saben tratar.

- Totalmente. Sirve la visibilidad de esta niña que puede tener una vida sumamente feliz, puede ir a la escuela, puede practicar un deporte, puede estudiar sin ningún problema, por más que tenga un cuerpo que no sea el de una niña, porque tiene genitales masculinos.

- ¿En qué momento deciden acompañarla en el proceso de construcción de su identidad?

- Cuando ya no había más que hacer con ella, porque lo manifestaba a través del cuerpo.

- Es decir que en un principio vos también tenías una resistencia o una negación a lo que estaba sucediendo.

- Y, sí, porque no sabíamos qué era lo que le estaba sucediendo. Pasaron dos años hasta que hubo un quiebre y un punto definitivo, que fue cuando Luana eligió su propio nombre, cuando se me presentó y me dijo “si no me decís Luana, no te voy a hacer caso”. Y después de eso no sólo deseaba ser una niña, no sólo deseaba jugar con muñecas y vestirse como niña, sino que había afianzado su identidad a través del nombre.

- A partir del cambio de nombre, ¿cambió algo concreto en ella o fue sólo un paso más?

- Yo creo que es parte de la construcción. Tampoco hubo un cambio total a partir de un vestido, de un juguete... Son distintos elementos que van haciendo a la construcción de la identidad de esta niña, la manifestación del deseo de lo que quería. Sí hubo una determinación respecto del nombre, eso de “a partir de ahora llamame así si no no te voy a hacer caso”, pero era una cosa tras otra, y lo que necesitábamos era un DNI que acompañara todo esto.

- En los espacios sociales en los que Luana se desempeña, escuela, club, talleres, ¿cómo fue tomado este cambio de nombre, tanto por niños como por adultos?

- Para los niños es natural, la aceptan tal y como es, porque el niño se vincula con el otro a través del juego, del compañerismo, no se está preguntando qué es lo que los amiguitos tienen debajo de los pantalones. El tema es de los padres, de los adultos, de los docentes, de los prejuicios. Los niños no se comunican por medio de los genitales, no importa qué tenés ahí, jugamos y listo, así la toman a Lulú. El tema es cuando el padre, la madre, el adulto que es responsable de ese niño le vuelca un prejuicio, una duda o el miedo, y le avisa “esta nena es diferente no te acerqués”. El tema es de los adultos, y para eso vienen el libro y el documental, para abrir una puerta para que se hable de un tema del que antes no se hablaba. Mi niño corrió riesgo físico y psíquico y hoy es una niña totalmente feliz, y todas las personas trans fueron niños en algún momento, eso es lo que hay que entender.

- ¿Por qué decís que corrió riesgo físico?

- Porque se lastimaba. Estaba muy disconforme, y cuando descubrió que la llamaban y la trataban como varón solamente por los genitales, por el nombre de su DNI, que el nombre del DNI está condicionado por los genitales, comenzó a agredir su cuerpo. Se mordía, se le caía el pelo a mechones. Y todo eso ya no le pasa más. Desde que Luana es una niña las 24 horas del día, duerme, y antes tenía pesadillas, se golpeaba, agredía su cuerpo porque no lo quería. Hoy pasaron ya tres años desde que me dijo que se llamaba Luana, y sumale los otros dos años que no sabíamos qué era lo que le pasaba, o sea que tiene siete y durante cinco años, desde que pudo hablar, manifestó su identidad femenina, y nunca hubo un paso atrás, al contrario, hay avances en ella.

- ¿Qué les dirías a los padres de un niño o una niña que esté viviendo lo que vivió Luana? (respuesta en el video)

Alejandro Frias