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Es más complicado resolver una situación humana que subir el Himalaya

Hija, madre y abuela, Susana es una de tantas andinistas que se desafían a sí mismas en la inmensidad del Coloso de América. El andinismo hecho filosofía de vida.
Foto: Deborah Puebla
Foto: Deborah Puebla

Susana Céspedes es mendocina, tiene 49 años, es madre de tres hijas (Valentina de 25, Florencia de 24, Sara de 18), tiene dos nietos y trabaja en un gabinete de estética.

Su pasión por la montaña viene desde sus primeros años de vida, cuando compartía con su padre salidas de cacería. Comenzó su carrera en el andinismo a los 18 años, y luego de tener su primera hija tuvieron que pasar 20 años para que retomara la incursión en los cerros. Sin embargo, esto no fue impedimento para que, luego de tanto tiempo, su regreso a desafiar cimas tuviera mucha más fortaleza.

Tuvo cuatro intentos, pero nunca hizo cumbre en el Aconcagua. Sin embargo, eso nunca lo desalentó, porque para ella la cima no está necesariamente en la parte más alta de un cerro, sino que se puede hallar en lo cotidiano.

Respetuosa del escenario que presenta la montaña, sabe hasta dónde llegar sin exigirse y sin padecer los trastornos que la naturaleza del lugar conlleva.

En diálgo con MDZ Online, Céspedes repasó su experiencia desde un concepción del andinismo como una filosofía de vida.

- ¿Ves al andinismo como un hobby o ves  como un desafío del ser humano?

- El ir a la montaña es mi retiro espiritual o mi monasterio, me voy a hacer contacto conmigo misma. Lo hago de forma periódica, no es que lo hago cuando estoy desbordada, pero es más es una pasión. El entrenar para algo no lo tengo marcado como objetivo, salgo a correr porque me siento feliz.

- ¿Cómo lo toma tu familia?

- Mis hijas me acompañan muchísimo, siempre me dan mucho apoyo y coraje cuando empiezo a preparar las cosas para irme. Con respecto a mis padres, ellos saben que me voy, saben que estoy en lo que me apasiona, en mi ley, y se entregan a lo me puede pasar. Saben que soy respetuosa del lugar, que prefiero quedarme una noche y no subir. Prefiero que se preocupen un día a que me lloren toda la vida. Mi mamá aprendió a soltar.

- Lo dijiste, existe el peligro de no volver, ¿cómo es dejar todo para una mujer que es madre?

- Sinceramente, no sé cómo me sale, así como cuando uno trabaja la meditación, trabaja dejando en blanco la mente, lo mismo hago, me desconecto y me voy conmigo misma. Me cuesta menos irme a subir un cerro que tratar de convivir con la sociedad. Hay situaciones que me superan, y creo que escalar el Himalaya no me parece tan complicado, lo que sí me resulta complicado es resolver una situación humana.

 - ¿Y cuál fue la experiencia de peligro más importante que viviste?

- No fue una experiencia de peligro, pero sí cuando me sentí más vulnerable. Llego a Cólera y me hidratan, llego con mucho frio. Viene un chico guía y me lleva hasta su carpa. Mientras él calentaba agua, me quedé dormida. Arma mi carpa al lado de la suya para poder ayudarme y controlar cómo estaba la temperatura de mi cuerpo. Tardé dos horas en recuperar la temperatura de mi cuerpo. La verdad es que no me gustó vivir eso, no me gustó para nada sentirme vulnerable, lo que sí me pareció buenísimo fue la asistencia del guía, esa sensación de que te cuidan es única.  Además, en esta situación en particular, me estaba preparando para al otro día retomar el camino para poder hacer cumbre en el Aconcagua.  

- ¿La preparación técnica es igual tanto para hombres como para mujeres?

- No sé si me atreva a decirte sobre toda la preparación técnica, pero desde mi experiencia, creo que es igual. Hubo hombres fuertes y débiles y mujeres fuertes y débiles. Lo digo por la fortaleza de cada uno como ser humano. Yo digo siempre que la montaña te ayuda a conocerte. Lo que no ves en tu vida, la montaña te lo presenta de una manera muy fuerte.

- En el prólogo del libro ABC Aconcagua, Heber Orona, conocido andinista en nuestro país, dice que "no cabe la menor duda de que las montañas son el mejor escenario para despojar a cualquier ser humano de las etiquetas, los títulos y las posturas adquiridas. Porque ante la inmensidad, todos nos mostramos tal cual somos".

- Exacto, y esto no se nota sólo cuando llegas a la cima, sino durante el camino. Te vas dando cuenta de que hay igualdad más allá de todo, que no se trata de género, no hay diferencia de clases sociales ni de profesión, esto es nada más que el alma, son almas que suben, se ayudan y se contienen. No hay cosa más bella que cuando estás en una situación de socorro y sabés que alguien te ayuda con lo mínimo, eso te cambia el alma.

Visión de Susana en el camino hacia el Aconcagua.

- ¿Cómo es la relación con otras mujeres?

- Me relaciono con mujeres emprendedoras, luchadoras de la vida, que llevan adelante su maternidad, con todas las equivocaciones que implica, porque todos lo hacemos. Nos apoyamos, nos damos consejos con diversas cosas que nos pasan a cada una. Pero aclaro, soy mujer y soy andinista, en un momento me preguntarón "¿por qué no dejás estas estupideces y te ponés a bordar?". Y yo si quería bordaba, y si quería me calzaba la mochila y caminaba en una montaña. Esas son elecciones en la vida que uno hace. Lo importante en todo esto es ser genuina, más allá de la elección de vida que uno haga. A veces cuesta incursionar en actividades más relacionadas con lo masculino, pero creo que la mujer está en igualdad de condiciones para hacerlo.

Susana con una compañera.

- ¿Te ayuda subir ante una situación extrema en el llano?

- Sí. Cada vez que subo me siento diferento conmigo misma y con mi entorno. Siempre subo para salir a buscar respuestas que me ayuden en el crecimiento personal.

- Luego de subir, ¿cómo es el regreso?

- Mi casa es una cima, termino de cerrar cumbre cuando llego a mi hogar. Lo tomo con más intensidad, porque la parte física baja, pero el espíritu se demora en hacerlo. Yo creo que tarda entre una o dos semana en bajar. Cuando bajo necesito días para estar sola y en silencio, para saber concretamente que bajé.

- Cuando uno parte es uno solo, pero luego se transforma en más que eso…

- Allá, inconscientemente, tenés incorporada la parte de que sos abuela, madre e hija, pero pensás en vos, en seguir, en las emociones, y esa parte egoísta es sana para poder llegar al objetivo que uno tiene en mente.

- La misma filosofía de seguir, ¿la aplicás en el llano en una situación límite?

-Me he encontrado en situaciones muy difíciles y me pongo a pensar qué haría en un recorrido en un cerro. Bajo el ritmo, me concentro en la respiración. Lo veo como una ruta difícil y cambio el panorama para seguir.

- ¿Te desmotivó alguna noticia de muerte en el Aconcagua?

- No, no me desmotivó, pero sí en una temporada me decían los de patrulla de rescate que me quedara por cualquier cosa. Cuando me quedé escuché por la radio noticias sobre diversos casos de personas que sufrieron para llegar. Al escuchar eso me alejé y seguí mi camino.

- Se difunden en los medios de comunicación muchos casos de muertes...

- Yo creo que a nivel periodístico a veces, cuando se trata de andinismo, hay que interiorizarse más para hablar, saber el porqué, y luego dar la noticia. Por ejemplo, me sorprendió mucho lo que pasó durante el rescate de Campanini. ¿Cómo lo informó el periodismo? No lo que hicieron los chicos [los rescatistas]. Yo le decía a  gente que no sabe del andinismo que la pondría a subir escaleras liviana, sin nada, y sin que te des cuenta te voy a tirar un peso de 60 kilos y luego de eso no podés parar, tenés que seguir, a ver qué es lo que haces. O sea, es increíble estar en altura y saber que tu fuerza, más allá de que estés preparado, tenés que sacar  algo sobrenatural, tenés que cargar las emociones y la desesperación para que alguien siga viviendo pero vos sabés que esa persona se está entregando a la muerte, y lo peor es que lo estás viendo. Es como ver a alguien que está entrando en estado de coma y querés salvarlo y le vas a decir de todo, hasta que te pegue, que él te pegue, y vas a tratar de recurrir a lo que sea para que esa persona no se muera. Hay situación en las que no podés cargarlo, es imposible. No hay que tomar lo que se ve en ese momento como una situación de crueldad, sino opinar cuando uno sepa muy bien del tema.

Video Caso Campanini.

- Para terminar, ¿alguna recomendación para quien no practicó el andinismo y quiera hacero?

- Que primero experimente en conocerse, más allá de pagar un guía. Saber que ocurre en la montaña. Es un momento de descubrimiento, porque luego, sin saber esto, es feo sentirse desbordado por una situación. Está muy bueno salir a conocerse, a hacer muchos cerros, que la preparación la tome con disciplina, entrenar uno o dos años antes de salir. Que no lo vean tampoco como un trofeo, que se respeten a sí mismos y al cerro, porque el cerro te puede poner un límite duro, y ese momento es difícil.