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El "modelo Gabriel Boric": señales de un nuevo faro latinoamericano

Gabriel Boric concluyó su presidencia en Chile consolidando la ortodoxia económica y el respeto republicano.


Mantuvo todos los acuerdos de apertura comercial cerrados por gestiones anteriores y profundizó negociaciones bilaterales con China y los Estados Unidos. No congeló precios ni impuso valores máximos en ningún bien ni servicio. No expropió propiedades, empresas o bienes; ni estatizó o reestatizó empresas en manos o concesiones privadas. Mantuvo intactos todos los contratos existentes. Dejó flotar el peso, el que se revalorizó durante los últimos cuatro años contra el dólar. No puso cepos, ni para entrar ni para sacar divisas. No prohibió exportaciones, ni importaciones. Sostuvo, y fortaleció el régimen de jubilaciones privadas. En definitiva, Gabriel Boric, proveniente del Partido Comunista de Chile, no cambió ninguna de las políticas económicas que llevaron a su país a tres décadas de crecimiento. Y, al hacerlo (junto con otras cuestiones sobre su honestidad), terminó su gestión con un nivel de apoyo del 58%. El mismo umbral del que hoy detentan, por ejemplo, ex presidente de centroizquierda como Ricardo Lagos o Michelle Bachellet. Todo un ejemplo para la izquierda y centroizquierda de América Latina en general y Argentina en particular.

Cuando Gabriel Boric asumió la presidencia de Chile en marzo de 2022 lo hizo con un programa que prometía reformas estructurales al modelo económico. Sin embargo, en la práctica su gestión terminó caracterizándose por una fuerte continuidad de las reglas macroeconómicas ortodoxas que han guiado la economía chilena desde los años 90, combinadas con políticas sociales graduales.

gabriel boric

El balance de su administración muestra estabilidad macroeconómica, baja de la inflación y mejoras moderadas en distribución, pero también un crecimiento económico débil y tensiones fiscales moderadas.

Uno de los rasgos centrales del gobierno fue la preservación de las instituciones económicas clave del modelo chileno:

1. Independencia del banco central

La política monetaria continuó bajo la conducción autónoma del Banco Central de Chile, que mantuvo el esquema de metas de inflación. Durante el período, la tasa de política monetaria pasó de 5,5% al inicio del mandato a cerca de 4,5% en 2026, tras el ciclo de ajuste destinado a frenar la inflación pospandemia.

2. Regla fiscal estructural

El gobierno mantuvo el marco de disciplina fiscal que caracteriza a Chile desde comienzos de los 2000, basado en el balance estructural del sector público. Aunque las metas no siempre se cumplieron plenamente, el Ejecutivo continuó utilizando ese indicador como guía central de la política fiscal.

3. Economía abierta y basada en exportaciones

La estrategia exportadora —especialmente en cobre y minería— continuó siendo el eje del crecimiento. Las exportaciones pasaron de US$94.600 millones en 2021 a más de US$107.000 millones en 2025, impulsadas en parte por un precio del cobre cercano a US$4,5 por libra.

En términos institucionales, el gobierno de Boric mantuvo las principales reglas de política macroeconómica heredadas de administraciones anteriores, incluidas las de Sebastián Piñera y Michelle Bachelet.

Quizá su mayor logro económico fue la reducción de la inflación, que en 2022 navegaba cerca del 10% anual, para registrar en 2025 algo mas del 2%. La desaceleración inflacionaria fue resultado del endurecimiento monetario previo y del ajuste macroeconómico posterior al sobrecalentamiento de 2021. Esto consolidó la reputación de Chile como una de las economías más estables de América Latina en materia de precios.

Como contrapartida, quizá su principal punto débil haya sido la baja perfomance del crecimiento. Entre 2022 y 2025 el crecimiento anual fue el siguiente: 2022: 2,4%, 2023: 0,2%, 2024: 2,6% y 2,3% en 2025. El promedio del mandato fue alrededor de 1,8-1,9% anual, uno de los más bajos desde el retorno a la democracia.

En materia fiscal, el gobierno mantuvo la lógica de consolidación posterior a la pandemia con un promedio de su gestión de superávit fiscal efectivo de 1,1%. Mantuvo además la deuda de chile por debajo del 45%, nivel tope para sostener un nivel de pasivo bajo contra el PBI.

El gobierno de Boric terminó representando una mezcla de continuidad macroeconómica y reformas sociales graduales. Como síntesis, la administración de Boric no implicó un cambio radical del modelo económico chileno, sino una gestión que combinó ortodoxia macroeconómica con políticas redistributivas graduales, en un contexto de crecimiento débil y ajuste pospandemia.

Como corolario de su gestión, dejó una marca indeleble de respeto la democracia y republicanismo latinoamericano. Durante su presidencia culminada la semana pasada, el ex mandatario chileno adoptó una postura particularmente crítica frente al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Su posición fue relevante porque provino de un dirigente de izquierda latinoamericano, lo que lo llevó a enfatizar que la defensa de los derechos humanos y de la democracia debía aplicarse sin dobles estándares. Boric calificó en varias ocasiones al gobierno venezolano como una dictadura y criticó las restricciones a las libertades políticas. Sobre el tema Maduro, dijo explícitamente el año pasado que “desde la izquierda política les digo que el gobierno de Maduro es una dictadura”. Siempre dijo explícitamente que el régimen venezolano persigue opositores y restringe libertades democráticas, insistiendo en que la izquierda democrática no debía justificar esas prácticas por afinidad ideológica. También denunció la persecución judicial contra líderes opositores como María Corina Machado y el candidato opositor Edmundo González Urrutia, reclamando respeto por los derechos políticos y civiles.

Las críticas de Boric se intensificaron durante la crisis política venezolana asociada a las elecciones presidenciales de 2024. Tras conocerse los resultados oficiales que daban como ganador a Maduro, el mandatario chileno sostuvo que: los resultados eran “difíciles de creer”, que Chile no reconocería los resultados si no eran verificables, que el proceso debía ser auditado y transparentado. Posteriormente acusó a las instituciones venezolanas de consolidar el fraude electoral, afirmando que el Tribunal Supremo venezolano “termina de consolidar el fraude” al ratificar la victoria oficialista.

En definitiva, Gabriel Boric deja una buena señal para la izquierda latinoamericana. Y un faro para la criolla.