El 30% de los alimentos producidos en todo el mundo se desperdicia
Por varias razones el desperdicio de producción mundial de alimentos llega a un tercio del total. Los hogares explican gran parte de estas pérdidas.
Los hogares son los mayores aportantes al desperdicio de alimentos a nivel global, seguidos por locales o unidades económicas vinculadas a la gastronomía.
El 13% de los alimentos producidos se pierde o se desecha antes de llegar a los supermercados o restaurantes (la llamada pérdida de alimentos), pero otro 17% queda sin utilizar por parte de consumidores y negocios minoristas, y de servicios de alimentación (lo que se conoce como desperdicio de alimentos).
Así lo indican datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Esta cifra alarmante significa que se desperdician 1.000 millones de comidas a diario en los hogares (equivalente a 1,3 comidas diarias para cada persona hambrienta en el mundo) y que la pérdida y el desperdicio de alimentos representan aproximadamente entre el 8% y el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
Si bien la ONU y la FAO monitorean la pérdida de alimentos desde 2015 y constataron que sus niveles no han cambiado significativamente, los datos sobre el desperdicio de alimentos no se han recopilado de forma lo suficientemente consistente como para emitir juicios sobre los cambios en los últimos años, aunque algunos países han informado de mejoras.
Frutas y verduras al tacho
Vale recordar que el pasado 29 de septiembre se celebró el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. Como detalla Katharina Buchholz, de Statista, las pérdidas de alimentos son especialmente elevadas en el caso de frutas y verduras (25,4%), seguidas de las carnes y productos animales (14%).
Estas pérdidas se deben a épocas de cosecha inadecuadas, condiciones climáticas, técnicas de cosecha inadecuadas, almacenamiento deficiente y transporte inadecuado. Los países en desarrollo se ven especialmente afectados por estos problemas, ya que África subsahariana sufre pérdidas de casi una cuarta parte de los alimentos disponibles, en comparación con el 14% en Asia, el 10% en América del Norte y tan solo el 6% en Europa.
Menos brecha
Por otro lado, el desperdicio de alimentos se asociaba tradicionalmente con los países de altos ingresos, pero esta brecha se ha ido cerrando. En 2022, el desperdicio de alimentos per cápita variaba poco entre los países de ingresos altos, medianos-altos y medianos-bajos.
Según la ONU, esto se debe al rápido desarrollo y urbanización de los países del Sur Global, por ejemplo, India y China. Si bien faltaban datos suficientes sobre los países de bajos ingresos en general, los datos a nivel de país muestran que, incluso dentro de este grupo de naciones, las cantidades de desperdicio de alimentos variaban significativamente.
Algunos de los países que reportaron el menor desperdicio de alimentos se encontraban en el territorio de la antigua Unión Soviética o en Europa del Este.
Consumidores responsables
El desperdicio alimentario ocurre en los comercios y en los hogares. Con relación a los comercios, la ONU-FAO considera que las causas del desperdicio de alimentos en la cadena minorista están relacionadas con una vida útil limitada, la necesidad de que los productos alimenticios cumplan las normas estéticas en términos de color, forma y tamaño, y la variabilidad de la demanda.
Mientras que el desperdicio a nivel del consumidor se debe a menudo a una mala planificación de las compras y las comidas, un exceso de compra (influido por porciones y tamaños de envases demasiado grandes), confusión sobre las etiquetas (fechas de consumo preferente y de caducidad) y un almacenamiento inadecuado en el hogar.
Según los especialistas, los hogares son los principales responsables del desperdicio de alimentos, ya que explican alrededor del 60%. El desperdicio continúa produciéndose, ya que los consumidores de todos los niveles de ingresos, especialmente los que viven en las ciudades, carecen de habilidades para la gestión de alimentos y se basan en hábitos y creencias arraigados en lugar de en el conocimiento sobre la comestibilidad de los alimentos.
En cambio, la pérdida de alimentos ocurre en las explotaciones agrícolas, los almacenes y transportes. Con respecto a las primeras, los especialistas opinan que se deben a un momento inapropiado para la recolección, las condiciones climáticas, las prácticas utilizadas en la recolección y la manipulación, y los problemas en la comercialización de la producción.
Mientras que, por el lado de los almacenes, se explica por el almacenamiento inadecuado, así como por decisiones tomadas en etapas tempranas de la cadena de suministro que hacen que los productos tengan una vida útil más corta. En cuanto al transporte, una buena infraestructura y una logística comercial eficaz son fundamentales para evitar la pérdida de alimentos.
“La elaboración y el envasado son determinantes en la conservación de los alimentos, y las pérdidas suelen deberse a instalaciones obsoletas, al mal funcionamiento técnico o a errores humanos”, explica la organización internacional.
Por otro lado, la ONU advierte que reducir la pérdida alimentaria en los primeros niveles (explotación agraria) es más efectivo de cara a abordar la inseguridad alimentaria y aliviar el estrés en la tierra y el agua. Mientras que las reducciones en el desperdicio de alimentos en la cadena de suministro y a nivel del consumidor son clave para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Alimentos y emisiones globales
Además, los envases ahora contribuyen aproximadamente el 5,4% de las emisiones mundiales de los sistemas alimentarios, más que cualquier otro factor de la cadena de suministro, incluido el transporte.
¿Por qué son tan relevantes estos números? Se prevé que la población mundial, actualmente de 8.200 millones, aumente a cerca de 9.700 millones de personas para 2050 (UNDESA 2024), por lo que garantizar un mundo con seguridad alimentaria donde las poblaciones actuales y futuras tengan acceso a suficientes alimentos nutritivos, requiere crucialmente nuevas formas de trabajar y esfuerzos concertados para mejorar la sostenibilidad y la resiliencia de los sistemas agroalimentarios a nivel mundial.
De acuerdo con la ONU-FAO se sigue sin explorar la financiación de proyectos que reduzcan la pérdida y el desperdicio de alimentos y promuevan unas dietas bajas en emisiones de carbono.
“Con solo 100 millones de dólares invertidos anualmente en 2019/20, esta cifra representa una pequeña fracción de las necesidades anuales, estimadas entre 48.000 y 50.000 millones de dólares”, sostienen.
La cruda realidad
Los números en crudo:
- Se estima que en 2021 se perdió a nivel mundial un 13% de los alimentos (el equivalente a 1.250 millones de toneladas) después de la cosecha y antes de llegar a los estantes de las tiendas minoristas (FAO, 2023).
- Se estima que en 2022 se desperdició un 19% de los alimentos (el equivalente a 1.050 millones de toneladas) en hogares, servicios de alimentación y comercios minoristas (PNUMA, 2024).
- Los hogares representan el 60% del desperdicio mundial de alimentos (PNUMA, 2024).
- Aproximadamente el 28,9% de la población mundial (2.330 millones de personas) padecía inseguridad alimentaria moderada o grave en 2023 (FAO 2024).
- Una de cada once personas en el mundo enfrentaba hambre en 2023 (FAO 2024).
- La pérdida y el desperdicio de alimentos generan entre el 8 y el 10% de las emisiones mundiales de GEI (IPCC 2019).