Presenta:

Confiar para crecer: por qué el crédito PyME importa, y por qué corre riesgo

Las PyMEs son la columna vertebral del empleo y generan casi dos de cada tres puestos de trabajo en Argentina. Su crecimiento es indispensable y hay un ingrediente clave: el crédito.

En la Argentina existe un sistema de financiamiento PyME que funciona muy bien.  Foto: Archivo MDZ

"En la Argentina existe un sistema de financiamiento PyME que funciona muy bien".  Foto: Archivo MDZ

Es difícil exagerar la importancia que tienen las PyMEs para el desarrollo de la Argentina. Son la columna vertebral del empleo y generan casi 2 de cada 3 puestos de trabajo en nuestro país. El crecimiento del mundo de la pequeña y mediana empresa es indispensable para que los argentinos vivamos cada vez mejor.

Hay un ingrediente clave: el crédito. Cuando hablamos de financiamiento, puede parecer que hablamos de algo abstracto. Números, balances, tasas. Pero para miles de dueños de PyMEs en la Argentina, el crédito es una puerta que se abre. Te permite invertir en insumos y máquinas, contratar nuevos empleados, innovar, producir en mayores cantidades.

Y como para todo, siempre hay una primera vez. El primer crédito es el primer gesto de confianza que un empresario PyME recibe en toda su trayectoria profesional. Hace posible algo mucho más potente que una inversión, hace posible un cambio de actitud. Recibir un crédito es sentirse respaldado y dejar de tener miedo. Animarse a proyectar, a arriesgar, a crecer.

Todo eso es un verdadero trampolín de crecimiento que después impacta en toda la sociedad generando empleo, consumo, exportaciones y recaudación. Más crédito es más crecimiento. Más crecimiento es más bienestar para todos.

En la Argentina existe un sistema de financiamiento PyME que funciona muy bien. Se trata de las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR). El mecanismo mueve ¡3,8 billones de pesos! En financiamiento. Tristemente, hoy la existencia de las SGR está en serio riesgo por un caso de mala praxis en el Congreso.

El sistema es simple y virtuoso: empresas y personas aportan recursos a las SGR, quienes luego salen de garanteS para las PyME ante bancos y el sistema de capitales. Gracias a ese aval, miles de negocios pueden acceder a financiamiento que de otro modo les sería inaccesible. El que presta es el banco o el mercado, no la SGR.

El sistema ha respaldado financieramente a más de 100.000 empresas en todo el país. De todos los tamaños, urbanas, rurales, industriales, comerciales, de bienes y de servicios. En todas las provincias. Lo más interesante es dónde se genera el impacto. El 77% del financiamiento va destinado a microempresas, y otro 18% a pequeñas. El sistema está funcionando en donde más se necesita, en ese primer escalón en el que todo cuesta más, donde muchas veces no hay garantía, historial o espalda. Así, las SGR allanan el camino para que cada vez más empresas puedan insertarse en el circuito formal, generar un historial crediticio y estar sujetas a aún más financiamiento. Inclusión financiera con equidad territorial.

El Estado incluso termina recaudando más de lo que resignó al inicio. Es que el sistema ni siquiera tiene costo fiscal neto. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso, las exenciones fiscales para quienes fondean a las SGR, llamados socios protectores, equivalen al 0,027% del PBI. Ya de por sí, un número bajo. Pero además, un estudio de la consultora Econviews encontró que los impuestos que pagan las SGR y los socios protectores ya compensan las exenciones. Si encima de eso se considera el empleo y la actividad que se generan (con su consecuente recaudación en impuestos nacionales, provinciales y municipales), el sistema es netamente superavitario. Incentivos para generar mayor actividad económica que llevan a un aumento genuino de la recaudación. Todos ganan.

El impacto del sistema es indiscutible: las empresas que pasaron por las SGR generan 16 veces más empleo que las que no y en ellas trabajan más de 510.000 personas. Representan US$1500 millones anuales en exportaciones.

Hoy, todo el sistema está en riesgo. El artículo 10 de la ley jubilatoria que fue vetada hace unos días elimina los incentivos fiscales para los socios protectores como manera de compensar el aumento de los haberes. Si bien la ley fue rechazada por el Ejecutivo, si el Congreso insistiera con los dos tercios y aprobara la legislación tal como está, el artículo sería un golpe durísimo para la pequeña y mediana empresa en la Argentina.

Desfinanciar a las SGR sería un grave error que no solo no resolvería el problema jubilatorio, sino que a la larga generaría uno muchísimo más grande. “Cortarle el chorro” al financiamiento PyME no va a agrandar la torta, va a achicarla. Y los jubilados van a sufrirlo más que nadie.

Más allá del riesgo que representa una medida incluida a las apuradas y desde el desconocimiento, ésta es una oportunidad para mostrarle a la sociedad y a sus representantes que el crédito es fundamental para el ecosistema PyME y para la sociedad entera, y que hay mecanismos que funcionan y ya benefician a cientos de miles de pequeños y medianos emprendedores. En lugar de poner trabas, deberíamos pensar en cómo multiplicar aún más esos casos virtuosos. Cómo convertir ese primer escalón de crédito en una escalera de desarrollo sostenido. Si hay algo que enseña el sistema SGR es que, cuando se confía en la gente que trabaja y arriesga, la rueda empieza a girar para todos los argentinos.

Autor:

Ignacio Moraco. Es presidente de Fintech SGR y Vicepresidente de CASFOG. Es también fundador y CEO de Finova.