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Darío Amante: de dar clases de turismo a fabricar un aceite de oliva multipremiado

Desde hace nueve años, decidió reinventarse y emprendió en la olivicultura con un aceite propio que explotó en pandemia y que ha sido reconocido por los expertos.
Darío Amante es el creador de Aluhé, un aceite de oliva del que produce casi dos toneladas anuales. Un emprendimiento que combina con la docencia y la política. Foto: Marcos Garcia/MDZ
Darío Amante es el creador de Aluhé, un aceite de oliva del que produce casi dos toneladas anuales. Un emprendimiento que combina con la docencia y la política. Foto: Marcos Garcia/MDZ

La búsqueda de una actividad que le diera un ingreso extra, llevó hace doce años a Darío Amante Ripamonti a iniciarse en la comercialización de aceite de oliva. Sin saberlo, tres años después de eso se iba a encontrar con una nueva pasión que desembocó en Aluhé, su propio trivarietal que ya dos años ha recibido el reconocimiento de Cuyoliva con Gran Medalla de Oro, lo más alto a lo que se puede aspirar.

En una entrevista con MDZ, el Licenciado en Turismo no solo compartió su historia como emprendedor, también habló de cómo combina su actividad comercial con la docencia en nivel secundario y terciariao, algo que mantuvo en paralelo durante todo este tiempo, y también con la política, su tercera pasión. 

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-¿Cómo arrancaste a producir tu propio aceite de oliva?

-Es un aceite con el que sacamos Gran Medalla de Oro, es un aceite extra virgen, que lo vengo produciendo ya hace un largo periodo, me dedico yo a esto hace 12 años. Esto surge en una época donde había que reinventarse por completo, decidimos con un amigo empezar con lo que es la comercialización de aceite de oliva y estuvimos tres años comercializando. Después empecé un curso, a investigar y el aceite de oliva, sin conocer nada, me terminó atrapando. Llegó un momento en el que ya no podía más y tocó decidir si seguía con la comercialización o me dedicaba a hacer algo propio, y en ese momento fue cuando decidí crear una marca, con la ayuda de un amigo que era diseñador, me llevó a tener que patentar y hacer todo lo que es detrás de lo que es el aceite de oliva. De ahí en más, empecé con la marca Aluhé, que en la terminología significa alma, que refiere a que está hecho desde el alma, porque la verdad que costaba tanto, que por eso le pusimos así. 

-¿Cómo ha ido evolucionando la marca en estos nueve años y qué rentabilidad tiene económicamente? 

-Produzco una tonelada y media, casi dos, que para una persona sola en la comercialización es bastante. No es como el vino que una persona que compra una botella se la consume en una noche, acá comprás una botellita y te dura. Se aconseja, lo digo para que se conozca, consumir cinco litros de aceite al mes, es lo que se aconseja para una familia para estar dentro de los parámetros. Y la comercialización siempre fue de boca en boca, llegó un momento donde me dedicaba al tema de envíos a Neuquén, Buenos Aires, San Luis, hemos llegado al norte también. 

Pero lo que más me llamó la atención es que yo al proceso lo sé distinguir en tres etapas. Una que fue cuando empecé, que ya venía con una cartera de clientes, entonces no me fue tan difícil meter la marca. El segundo periodo fue en la pandemia. Parece muy alocado lo que voy a decir, pero antes de la pandemia, cuando empecé, lo hice con una idea que era el delivery de aceite de oliva, que por eso me distinguió la FEM (Federación Económica de Mendoza). Hoy en día todo es delivery, pero fue post pandemia. Pero antes de eso, parecía que no había mucha gente que pidiera que le lleves el aceite a su casa, pero había muchísima gente, porque reflejaba el trabajo de cuando era chico, que me acuerdo que mi mamá compraba aceite y venía el aceitero con unos bidones y los cargaba. Reflejé exactamente lo mismo, basado en otras ideas que eran delivery de alcohol, que estaba muy de moda. Vino la pandemia, nos engancha, yo tenía mucha gente de mayor edad que no quería salir de la casa. También había implementado hace tiempo lo que era el posnet, que era algo que no se usaba mucho porque la gente usaba billetera, efectivo. La pandemia nos implicó estar a todos encerrados, cuando se empezó a liberar, mucha gente grande que consumía aceite de oliva por su salud, más que todo, empezaron a recomendarme. Ahí fue como una explosión y eso fue fuertísimo, porque de una actividad donde nadie sabía cómo hacer para poder generar algo, lo estábamos sacando. 

El tercer periodo es en el que me encuentro hoy en día, que ya hay una clientela hecha de gente que me conoce. Ahí hablo de mis tres perfiles, en la vida política, en la vida docente, en la vida como productor y vendedor de aceite, entonces yo creo que ya el boca en boca se ha fortalecido, creo que hoy en día ya apuntamos más a otro segmento. 

Tengo una meta todavía que me la he propuesto hace tiempo que es que todas las personas, por lo menos acá de Mendoza, tengan un buen aceite de oliva, que no paguen una locura por tener una botella en su mesa y que lo consuman, porque es un producto de acá. 

Dario Amante es el creador del aceite de oliva mendocino Aluhé. Foto: Marcos Garcia/MDZ

-¿Cómo hace el consumidor para identificar un aceite bueno de otro que no lo es? 

-Creo antes uno distinguía porque el que era malo a veces lo vendían suelto, pero hoy en día con todo este tema del marketing, conseguís buenas botellas, etiquetas y diseñadores que te recrean una imagen muy buena para la venta. Ahí pasamos a la otra parte, primero lo vas a tener que probar. Siempre lo que digo es que no tenga gusto a aceituna, porque si tiene gusto a aceituna te puedo asegurar que es un aceite totalmente lampante, es algo que no deberías consumir. El aceite de oliva no tiene que tener gusto a aceituna, que en realidad no es el gusto a aceituna, porque la aceituna es amarga, es el gusto es a salmuera. El aceite tiene que ser frutado, tiene que tener aroma, tiene que tener un picor. 

Segundo, en las temperaturas bajas, cuando estamos en invierno el aceite se ve totalmente blanco, se ve todo totalmente espeso, como que se va condensando. Esas son las dos partes para decir si el aceite es bueno o es malo. 

Siempre digo, a veces no hace falta que consuman un aceite bueno que sea el mío, que la gente se vaya educando, pruebe mucho, porque hay muchos varietales. El mío es un blend, por ejemplo, que está compuesto por tres varietales. Pero hay algunos que son monovarietales. Si bien nosotros en Mendoza no estamos tan avanzados como pueden ser en Europa, que ya el aceite directamente lo sacan y según el tipo de comida que tengas es el aceite que vas a usar, como acá nosotros hacemos con los vinos. Esa es la cultura que se viene últimamente plasmando en Mendoza. Está bueno porque hay un reverdecer del aceite de oliva acá, porque veo que hay mucha gente joven hoy en día que está apostando a esto. Me pone contento, lo veo cuando ahora tuve la premiación que hubo muchos chicos jóvenes que tienen su propia marca, que se empieza a abrir el panorama y eso habla bien de la olivicultura de la provincia.

Amante combina su actividad comercial con la docencia y el turismo. Foto: Marcos Garcia/MDZ

-¿Cómo combinas esta actividad con la docencia?

-Para explicar todo esto hay que hacer docencia, hay que explicarle al consumidor¿. Tiene que haber un feedback con las personas. Además, tengo mi otra profesión que también es docente. Soy Licenciado en Turismo y si hay algo que me gusta es conocer. Soy muy curioso y eso me ha llevado a terminar haciendo docencia con el aceite, a terminar explicando, dando hasta cursos de aceite. Voy combinando mi raíz profesional de la docencia con la olivicultura. Durante todo el proyecto siempre estuve manteniéndolo en paralelo, seguía dando clases en nivel secundario y en CENS. Doy en dos escuelas secundarias y en un CENS que está en Maipú. Y antes daba en nivel superior también.  

-Y el tercer perfil, tiene y no tiene que ver, es el de político…

-Hago política, me encanta hacer política. Tengo un feedback permanente con la mayoría de los clientes. Si bien son de muchos lugares, pero tengo muchos en la provincia, en la Capital, que es donde vivo. Y hay un feedback, porque siempre cuando llevas un aceite la gente te hace una catarsis de cómo está. Eso me encanta mantenerlo con el cliente porque me cuentan todo y yo me pongo a hablar e investigar cuáles son las problemáticas. Porque vos estás convencido de la realidad es la tuya porque estás como viciado de ese ambiente, pero cuando salís decís ves que no es tan así como se ve. Yo lo veo desde la política a full, porque si bien hago política, cuando entro en la parte comercial a donde están mis clientes, me cuentan algo que es totalmente distorsionado  capaz de lo que yo veo en el mundo político. Está bueno a veces mantener, poder ver de diferentes enfoques cómo está la sociedad. Porque, y es una autocrítica, al político se le escapa y no logra ver y va por un camino que cree que es el acertado. Esto me da la posibilidad de ver otro enfoque en la sociedad y cómo está en su vida diaria. Y la verdad que me gusta, me gusta colaborar, me gusta ayudar. De hecho mi pareja también es productora de eventos y colaboramos bastante con la sociedad, con merenderos. Eso me atrae.

Dario Amante, además de producir su propio aceite de oliva, es docente en nivel secundario y en CENS. Foto: Marcos Garcia/MDZ

-Combinando los tres perfiles, ¿cómo ves el momento actual para las tres actividades en Mendoza y el país? 

-Lo veo bien. Toda actividad requiere un sacrificio. Cuando me preguntan cómo hago para tener tres actividades, siempre digo, tenés que tener paciencia y disciplina. Todo de la mano, porque también tengo una familia. Es toda una disciplina donde vos tenés comportamientos: me levanto a las 7 y media, cumplo con esto, cumplo con lo otro, también practico un deporte, es todo los días lo mismo. Todo es un complemento para poder estar bien. Yo no digo aspirar con eso a ser millonario, es vivir con un trabajo, un esfuerzo que es lo que te da. 

Por ahí me preguntan, ¿cómo combino el tiempo para hacer las tres cosas? En la mañana tengo ciertas reuniones que a veces son políticas, en la tarde, cuando voy a la escuela a dar clases, combino para hacer las entregas de algunos clientes de camino y sigo viaje. Voy combinando todo y tengo un calendario donde voy poniendo todos los clientes que me piden. De hecho, ahora cuando salga de acá tengo que ir a ver a los clientes. Así lo voy complementando. Las tres actividades me dejan una libertad. Si bien en la docencia tengo 18 horas, que no es mucho, me da una flexibilidad para poder estar en los tres trabajos al mismo tiempo. 

Más allá de eso, cuando estoy en cada trabajo estoy focalizado en eso. En la docencia me desligo del celular, me desligo todo, me pongo a hablar con los chicos, nos ponemos a planificar salidas, qué es lo que quieren ir a conocer. Y eso, la verdad que es gratificante a final de año cuando lo ves reflejado en los chicos que te agradecen por poder haber ido a conocer un lugar. Es lo más lindo después.