Ahora 30 para hoy, hambre para mañana

Ahora 30 para hoy, hambre para mañana

Está comprobado que cualquier incentivo al consumo sin crecimiento real de la economía no sirve para nada en el mediano plazo.

Jonatan Loidi - CEO de GrupoSet

El Gobierno acaba de lanzar el plan Ahora 30, que en realidad se suma a los ya existentes Ahora 3, 6, 12, y 18. Estos planes de incentivo al consumo se construyen bajo la premisa de que, dando opciones de cuotas, más gente podrá acceder a bienes a los que no puede hacer frente de otra forma. Esto es en parte cierto, ya que si una persona no cuenta con todo el dinero para comprar un bien o, dicho de otra forma, su capacidad de ahorro no le permite acumular el dinero necesario para hacer frente a ese gasto, no le queda otra que sacrificar ahorro futuro y adquirir el bien hoy.

Como se podrá observar, sin ser economista, para poder comprar algo hoy en cuotas hay que sacrificar el ahorro futuro. Pero es importante no perder de vista que se da por hecho que esa persona tendrá ahorro futuro. ¿Qué pasa si esa persona pierde su trabajo? ¿Qué pasa si su poder adquisitivo se ve afectado? En una economía en crecimiento o estable estas dos cuestiones no suelen suceder, pero en una economía como la argentina donde contamos con el récord de crisis en todo el continente y una inflación promedio del 45%, estas dos preguntas cuentan con alta probabilidad de ocurrencia.

Me parece interesante hacernos una pregunta:

¿Por qué el Gobierno quiere incentivar el consumo?

Una posibilidad, la dejo en sus manos, creerla o no, es que lo que buscan es generar un efecto derrame del consumo, dicho en criollo, que el aumento del consumo genere más producción y con ello más inversión, empleo, etc. El problema es que nadie invertirá en Argentina sin previsibilidad. Tampoco lo van a hacer porque saben que el consumo de hoy es consumo que no tendrán a futuro en una economía que no crece.

El caso es simple: supongamos que existen 100 familias y que cada familia tiene un lavarropas. Suponiendo que los lavarropas son viejos y están pensando en cambiarlos, pero no pueden porque no tienen ahorros. De repente alguien les ofrece frotar la lámpara y les permite pagar los nuevos en 30 cuotas. Los 100 quieren comprar el lavarropas. Por ende, no queda nada que comprar a futuro.

Del otro lado está el fabricante de lavarropas que analizó el mercado y sabe que hay 100 familias que necesitan lavarropas, pero puede producir 30 por mes. Se enfrenta a dos opciones: invertir en maquinas para producir los 100 lavarropas, sabiendo que una vez vendidos no tendrá a quien venderles los nuevos que logra producir con su nueva capacidad instalada, o mantener su producción de 30 y no abastecer el mercado, o lo que ya conocemos: subir el precio. La única solución para este problema sería que la economía crezca y aparezcan 100 familias más, pero eso no va a suceder en un país sin un plan económico que lo fomente.

Pero existen otros problemas en un plan de 30 cuotas con bajo interés (porque los tienen, no son gratis). El problema es también conocido por los argentinos y se llama especulación. Entendiendo a la especulación como algo natural y no una mala palabra. Todos especulamos a diario. Tomando por caso las 30 cuotas que tienen un interés del 40% total aproximadamente. Este interés es mucho más bajo que la inflación proyectada. Por ende, alguien que tienen el dinero para pagar de contado, prefiere pagarlo en cuotas y así ganarle a la inflación y obtener un redito económico, además de adelantar consumo futuro. Recordemos que seguimos teniendo la misma cantidad de lavarropas.

Ahora bien, hablamos del fabricante y del consumidor, pero no del comerciante. El comerciante está en el peor escenario, ya que necesita vender, pero no fabrica el producto y tiene mucha competencia. Esta situación termina generando que absorba parte del costo de financiación reduciendo su ganancia y sabiendo que el lavarropas que vende hoy no lo venderá mañana.

Hay que poner las cosas en su lugar. Este tipo de planes solo sirven en el corto plazo para generar una falsa sensación de riqueza en el consumidor, que cree que puede comprar algo que en realidad no. O fomentar la especulación de quienes pueden comprarlo con sus ahorros, pero ahora quieren aprovechar la oportunidad.

La realidad es que ya comprobamos que cualquier incentivo al consumo sin crecimiento real de la economía no sirven para nada en el mediano plazo.

Algún mal pensado podría decir que esto es una forma que encuentran los gobiernos para esconder los verdaderos problemas de una economía endeudada, empobrecida, sin trabajo, sin inversión, con inflación, devaluada, sin rumbo, etc. Pero como dije, puede ser solo cosa de mal pensados.

No obstante, y quiero ser claro: Si tenés la posibilidad y límite en la tarjeta y podés comprar un lavarropas en 30 cuotas con una tasa del 40% es una gran oportunidad ya que le ganarás, lo que no es poco, a la inflación. Pero por favor analizalo bien, porque muchas veces "lo barato sale caro", decía mi abuela.

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