Tres razones de por qué otro plan oficial de créditos para vivienda sería un bluff
Abstrayéndose de la idea de que este sería un segundo plan, después de un fallido intento aquella vez con dinero de la Anses que duró muy poco y benefició a todavía menos gente, y que estamos en tiempos pre electorales, donde es rentable políticamente ofrecer “soluciones” o “salidas” a un problema estructural en la Argentina y en Mendoza, donde se estima que hay un déficit habitacional de 2,5 millones de viviendas, de las que unas 250.000 sólo se adeudan en Mendoza, conviene analizar de qué hablamos cuando hablamos de créditos hipotecarios para la clase media y qué expectativas reales se pueden tener al respecto.
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Ayer, en las horas previas al discurso de Cristina Fernández de Kirchner de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, se instaló con fuerza la noticia de que en los próximos días desde el Gobierno nacional se lanzará un nuevo plan de créditos hipotecarios para la clase media. Esta vez con fondos no sólo de la Anses sino también del Banco Central. La noticia rápidamente generó expectativas acordes a las necesidades de vivienda que afecta a no menos del 25% de la población del país. Por eso, aquí van tres razones de por qué un segundo plan de créditos hipotecarios con fondos oficiales para la clase media sería un bluff:
- Primero el Estado, después que se arregle la clase media.
Como ocurrió antes y se espera que pase ahora, el plan de financiar créditos hipotecarios de fácil acceso para la clase media se instrumentaría con fondos de la Anses y reservas monetarias del Banco Central. Las mismas fuentes de financiamiento con las que cuenta y abusa el Estado para cubrir sus necesidades de financiamiento. Se estima, ya que no hay datos oficiales al respecto, que sobre una proyección de un total de 164.000 millones de dólares que el Estado debía a fines del año pasado, alrededor de U$S75.000 millones correspondían a deuda intraestatal, sumando las acreencias (títulos de deuda pública) con el Tesoro que tenían la Anses, el Banco Central y otros organismos públicos como PAMI, AFIP y Lotería Nacional.
Basta recordar que el Estado nacional sería deficitario sino contara con los recursos de la Anses y el uso de las reservas que hace del Banco Central, por lo que las fuentes de financiamiento volverían a ser acotadas y la ayuda (por el dinero) disponible para dar créditos hipotecarios con suerte llegaría a muy pocos.
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- No son viables ni puede haber apalancamiento.
Para los bancos, los créditos hipotecarios no son negocio. ¿Por qué, siendo un banco, voy a prestar dinero para un crédito hipotecario a 15 o 20 años, sin puedo cobrar el doble o más de interés prestando a dos o tres años de plazo por medio de créditos personales o tarjetas de crédito? No hay que ser un genio para responder.
Es que con tasas de inflación cercanas al 30% anual, no hay amortización de capital o cuota a pagar por mes que alcance. Por eso el crédito hipotecario en la Argentina es casi un acto de filantropía o una acción de marketing para “fidelizar clientes” de parte de los bancos privados, y cualquier acción del Gobierno (vía bancos estatales o subsidio de tasas) que busca incentivar esta línea de crédito naufraga al poco tiempo de arrancar sin generar apalancamiento en el resto de la banca privada.
Prueba de ello es que, pese a los intentos fallidos del Gobierno vía Anses, el crédito hipotecario es mínimo en la Argentina. Con datos al 31 de enero de 2011, el stock total de créditos a las familias argentinas dados en pesos y dólares alcanza los $196.702 millones, lo que marca un crecimiento del 39,9% en relación a los $140.596 millones de enero de 2010. De ese total, los créditos hipotecarios representan sólo el 6,3% ($12.373 millones), con un crecimiento en igual período de sólo el 15,8%, según datos del Banco Central relevados por el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (Cefid-ar), que integran los principales bancos privados y públicos de la Argentina. No por nada la financiación con tarjeta de crédito sólo durante el último año creció 47,5% y los préstamos personales representan el 20,6% del stock total de créditos otorgados a las familias a enero de 2011, según Cefid-ar.
- Fondeo a corto plazo y altísimo riesgo.
Desde la crisis del 2001, con corralito y pesificación de los depósitos mediante, la credibilidad en los bancos ha quedado golpeada y hasta ahora no se ha podido recuperar. Esa falta de “credibilidad en el sistema” hace que los bancos sufran de lo que se llama “descalce”, pese a que el nivel de depósito sigue creciendo y fuerte.
El descalce se da porque el 90% (sí, $9 de cada $10 guardados en el banco) de los depósitos a plazo está colocados a menos de 180 días. Por eso la tasa de riesgo que tiene que asumir los bancos para prestar a 15 o 20 años, que demanda un crédito hipotecario, con el 90% de los depósitos a menos de 180 días es muy alta. Y se sabe: el riesgo implica pérdidas o mayores costos, dependiendo de quién ponga el dinero.
Por eso no importa mucho, desde la perspectiva de la clase media que busca comprar o construir su vivienda, que los depósitos en pesos a enero de 2011 sumen $208.815 millones, lo que marca un crecimiento del 31,3% sólo en el último año. En dólares suman el equivalente a $11.715 millones, una suba del 16,2%, según datos del Banco Central relevados por Cefid-ar. Esto en nada los ayuda.


