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Con la inflación se miente y se destruye la moneda

Aunque se siga intentando cubrir bajo la alfombra una inflación galopante, la escalada de precios se mantiene, generando una ilusión de crecimiento económico mayor al real e hipotecando el futuro al restringir la inversión y alentar la fuga de capitales. Pero el mal mayor es la destrucción del Peso como herramienta de ahorro. Si hasta los plazos fijos ya se ajustan por la evolución del oro o la soja. La vuelta de un debate recurrente: un país sin moneda.
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El 2010 concluyó con la consumación de un engaño. Una estafa que a mediano plazo le costará muy caro a todos: la destrucción de la moneda nacional.

La manipulación de los índices de inflación en la Argentina dejó un balance anual del 10,9%, según el índice de precios que mide el Indec en base sólo a datos del Gran Buenos Aires, ya que según cálculos de consultores privadas el año que se fue dejó una inflación casi tres veces superior.

En Mendoza, tomando los datos de la UNCuyo, la Canasta Básica Parcial cerró el 2010 con una suba del 28,2%, mientras que en alimentos (Canasta Alimentaria) la escalada de precios llegó al 38,1%.

Con la inflación se miente
Subestimar la inflación, además de ocultar un problema que distorsiona y deteriora a toda la economía, hace que en apariencia el país crezca más de lo real.

Si bien los últimos datos oficiales del PBI son hasta octubre, según el Indec la economía argentina acumula en los primeros 10 meses una expansión del 8,9% con relación al mismo período de 2009. A diferencia de lo que ocurre con la estimación de inflación que está subvaluada por el organismo estadístico, la consultora de Orlando Ferreres y Asociados detectó un crecimiento interanual del 7,7% en el acumulado de los primeros 10 meses de 2010 respecto de similar tramo del año anterior. Esto es 1,2 puntos porcentuales menos que la cifra oficial.

Como el PBI se mide en función de toda la facturación bruta de la economía a lo largo de un determinado período, lo que se subestima (mienten) con la inflación, no desaparece sino que se computa como un mayor crecimiento. De ahí el engaño.

Según el Índice General de Actividad (IGA) de la consultora de Orlando Ferreres, en noviembre el PBI de la Argentina creció 6,8% interanual. De este modo, en lo que va del 2010 se acumula una expansión del 7,8% anual.



“Si bien se continúan evidenciando tasas altas de crecimiento, éstas tienen más que ver con los bajos niveles de producción que se registraron el año pasado que con un incremento actual de la actividad. De hecho, la actividad económica se está frenando desde abril. Esto se evidencia en que el nivel de actividad permanece prácticamente estancado en términos desestacionalizados desde entonces. De esta forma, los cuellos de botella que enfrenta la economía empiezan a ser un limitante serio para el crecimiento económico”, advierte el informe de noviembre de Orlando Ferreres.

La inflación distorsiona las reglas de juego, genera incertidumbre, alienta la conflictividad laboral y frena las decisiones de inversión.

De acuerdo al Indec, la Inversión Bruta Interna Fija (IBIF) mostró una expansión interanual del 26,3% en el tercer trimestre del año. Más allá de la falta de transparencia de las estadísticas oficiales, la recomposición de la inversión tras la severa caída registrada en 2009 se condice con el patrón de evolución de los precios de los activos de producción.

Frente a este escenario, desde el área de economía de la Universidad Austral, anticipan que 2010 cerrará con un avance de la IBIF del 14% tras la contracción del 14,1% de 2009. Para este 2011 la tendencia positiva se profundizaría, estimando un incremento del 11%. “Una recomposición de la inversión mediocre a la luz de la que sería dable esperar en un ambiente de riesgo político y económico más acotado”, advierten desde el equipo económico que dirige Juan Llach y Cristina Alonso.

Con la inflación se destruye la moneda
Pero el peor de los males que subyace en el ocultamiento y recalentamiento de la inflación es que se destruye el poder adquisitivo del peso argentino, se lo anula como herramienta de ahorro fomentando la fuga de capitales y se crean burbujas como la inmobiliaria porque se incentiva la “fuga hacia el consumo”.

Desprenderse de los pesos para compulsivamente comprar dólares cada vez que se pueda es fuga de capitales. La fuga de capitales ocurre por temor a lo que pueda pasar con la economía o la moneda propia. De enero a septiembre de 2010 (último dato disponible), la fuga fue de U$S9.194 millones. El Banco Central prevé que en todo 2010, la salida de divisas llegará a U$S10,9 mil millones, aunque economistas independientes afirman que podría alcanzar la franja de U$S11,5 mil millones.

Los últimos datos del Indec, indican que los argentinos tienen fuera del sistema bancario más de U$S150.000 millones. El volumen equivale a poco menos de tres veces las actuales reservas récord del Banco Central, que llegaron a U$S52.119 millones al 5 de enero de 2011, y poco menos de la mitad de todo el PBI de la Argentina. En el inicio de 2001, antes de la mayor crisis financiera, social y económica de la historia del país, los argentinos tenían U$S 81,87 billones fuera del sistema.

¿Se imaginan cuánto consumo y cuánta inversión productiva habría si ese dinero volviera al sistema?

Inversiones sin moneda
Pero la último síntoma de la destrucción de la moneda a la que asiste la Argentina viene de los bancos. Conocedores de que la fuga de capitales es un “problema estructural” de la Argentina, que ocho años consecutivos de crecimiento no han hecho nada por corregirlo, los bancos están saliendo a ofrecer opciones de inversión atados no ya al peso sino a otros bienes como el oro y la soja, que se agregan a la clásica opción de depósitos en dólares, que como los ahorros en pesos también están perdiendo terreno, ya que la inflación es varias veces superior a la devaluación de la moneda nacional frente a la divisa norteamericana, por lo que a la larga el que ahorra en dólares pierde.

Como muestra bastan dos ejemplos: el Banco Supervielle lanzó la opción de un plazo fijo atado al oro, que en vez de tasa de interés fija paga el incremento que registre el metal y que, si baja, garantiza el capital invertido de modo que el inversor no pierda. El monto mínimo requerido es de $50.000 y a un plazo de por lo menos seis meses. Además, como el oro cotiza en dólares, si la moneda estadounidense llega a subir, el ahorrista también se beneficia.

Ya hay bancos que ofrecen plazos fijos ajustados por oro.

La otra opción es la que da el BBVA Banco Francés, que ofrece un plazo fijo a interés variable donde el retorno obtenido se encuentra ligado a la evolución del precio de la soja, sin arriesgar el capital invertido. En este banco, el plazo fijo es en pesos, a 180 días, mediante una inversión mínima de $30.000, y el interés está ajustado a la evolución de la soja hasta un máximo del 20% (poco menos del doble de un plazo fijo normal). El seguimiento del precio se realiza por medio del mercado de futuros de soja de Chicago y todo el interés se paga al final.

“La moneda ha sido y es una de las formas en que se expresan los valores globales de una sociedad. En las sociedades modernas, sin moneda nacional no puede ejercerse la autoridad pública. Porque la moneda nacional es un símbolo que representa y hace efectivo el acuerdo por el cual los ciudadanos delegan a la autoridad pública la potestad de constituir un sistema social para saldar los créditos y deudas recíprocos”… “Para la ciudadanía, la pérdida de la moneda soberana erosiona el sistema de relaciones sociales que garantizan la inclusión en la sociedad, quedando así sometida al arbitrio del poder económico. La autoridad pública que va perdiendo su moneda no gobierna, sino que se vuelve un mero administrador que usa su fuerza legal para garantizar la "gobernabilidad" que exige el poder económico para expandirse”. Este es el extracto de una editorial publicada en agosto de 2000 en el diario Clarín con la firma de Rubén Lo Vuolo.

Los problemas siguen siendo los mismos.