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El campo mendocino se reorganiza y toma impulso en los jóvenes

Productores mendocinos toman la iniciativa y se reorganizan para reclamar un cambio generalizado. El viernes aprovecharán el lanzamiento de una nueva filial de la Federación Agraria Argentina para reunir a una porción representativa de la dirigencia regional y nacional de la entidad. Un mendocino integrará junto a Eduardo Buzzi la mesa nacional de la FAA.
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Reconversión múltiple: esa parece ser la consigna y la estrategia de los productores agrícolas mendocinos a la hora de mirar en donde están parados y ratificar la triste realidad del estancamiento. Reconvertir la producción frutihortícola, sí, pero también “cambiar a las personas, a los dirigentes del sector y las falencias estructurales”, señalan al unísono los dirigentes locales de la entidad que tiene a nivel nacional como máximo representante a Eduardo Buzzi, la casi centenaria Federación Agraria Argentina (FAA).

El viernes consolidarán en el Mercado Cooperativo de Guaymallén una nueva filial. Será la oportunidad para que importantes referentes regionales y nacionales de la entidad se hagan presentes en un acto que no será ingenuo: buscan consolidar su incidencia en la búsqueda de una política de Estado en materia agrícola en Mendoza. Será la instancia previa de un momento esperado: en setiembre, Orlando Marino, el líder regional de la FAA ocupará un lugar en la “mesa chica” nacional, como secretario de Economías Regionales de la entidad.

Como en todo el país, la agrupación también creció aquí como consecuencia del conflicto entre campo y Gobierno del año pasado. La realización en mayo del congreso nacional de la FAA en el departamento de Junín, sirvió para darle impulso a una tarea que –admiten sus dirigentes- es constante, pero que no logra traducirse en acciones de promoción del sector.

La cuestión es sencilla. Si los pequeños productores no se juntan y planifican su tarea, nadie lo hará. La producción hortícola del país, por ejemplo, representa el 1 por ciento de todo lo que se siembra. La repercusión de su labor, su opinión, sus necesidades y propuestas en los medios, históricamente, igualaba ese porcentaje, relegados.

Quieren exportar, pero el propio Estado acepta las condiciones que imponen los grandes sectores y, cuando tienen las chances de exportar su producción, es considerada literalmente “marginal” y, por lo tanto, nadie se ocupa de segmentar sus productos, de promover estándares y de facilitar las condiciones para que lo hagan bien hecho.

La misión (y el desafío, en realidad) del asociativismo es hacerla figurar en la agenda pública, del Estado, de los gobiernos a lo largo del tiempo y de la gente, por intermedio de la prensa.

“Apuntamos a los jóvenes”, sostiene José Vargas, apuntalado por Edgar Venier, los productores agrícolas que están convocando al encuentro del viernes en Guaymallén. Acompañados por un veterano dirigente del sector como es Javier Sosa, porfían en que su apuesta no es una frase vacía. Y defienden el crecimiento del sector más allá de la publicidad que les dio la pelea con el Gobierno: “Los jóvenes ven cómo estamos y están cansados de que no haya una oportunidad de que el sector frutihortícola mendocino salga adelante; son ellos los que se organizan y los que están generando centros en toda la provincia”, explica Vargas, esperanzado en que el impulso que están tomando resulte un resorte en expansión para todos, y no sólo para los sectores que consideran “privilegiados” por las políticas que favorecieron la concentración económica.

El éxodo rural y el carácter aun hoy cuasi artesanal con que se trabaja en el campo local lo transforman en un "espantajóvenes". Pero, por lo visto, no todos se dan por derrotados.

“Con la industrialización paralizada, la verdad es que la producción frutihortícola no tiene muchas posibilidades hoy en día”, muestran el panorama local.

Desde hace dos años, vienen pidiéndole una audiencia al gobernador Celso Jaque, sin éxito. No hay, a semanas de comenzar la cosecha del ajo, la cebolla y las frutas un plan, una directriz, un camino a seguir.

Pero no se trata éste, afirman, de un cachetazo exclusivamente a cargo de la actual gestión. Antes, “si bien hablamos con los anteriores gobernadores”, admiten, “también faltó un plan que incluya a los pequeños y medianos productores”.

Así y todo, no pierden las esperanzas de que se pueda hacer algo para sacar a una provincia que “se encuentra mucho más atrás” que otras como, por ejemplo, Salta, según  refieren, en materia de transferencia de tecnología y capacitación para la mano de obra que trabaja en el sector.

Por eso, el relanzamiento del sector que programan para el viernes que será, dicen, “desde las bases”.

“Escuchamos a todos, trabajamos con todos”, repiten, pero también son duros: “Queremos que de las programaciones se pase a la acción; queremos ver los camiones llenos”, grafican, dejando en claro que cuando se consigue planificar, el paso siguiente debe ser la aplicación del conocimiento. El cambio hacia algo mejor, en este (y en muchos otros más) debe ser dinámico. La foto del paso dado anteriormente con éxito puede ser un buen recuerdo, pero no sirve para avanzar.