Anticipan fuerte desaceleración de la economía en el segundo semestre
Así lo ha revelado el economista Enrique Szewach, quien trazó un panorama actual y futuro ante unos cincuenta empresarios mendocinos que se reunieron en el Hotel Huentala. Además dijo que el problema del campo "es de plata y de poder". "El nivel de gastos del gobierno es muy alto y el campo le quitó a Kirchner el monopolio de los cortes de ruta", dijo.
La Argentina se enfrenta a un escenario de fuerte desaceleración de su actividad económica durante el segundo semestre del año, básicamente como producto del fuerte y creciente nivel del gasto público y un elevado nivel de inflación, en el marco de un conflicto con el campo que aún no encuentra una solución efectiva.
Así lo ha revelado el economista Enrique Szewach, quien en Mendoza explicó el actual escenario económico a un grupo de unos 50 empresarios que se dieron cita en el Hotel Huentala de la Ciudad de Mendoza.
En ese sentido, sin llegar a considerar un panorama próximo de incertidumbre o crisis económica, el técnico admitió, según un estudio aportado por la Universidad de Tucumán, que “casi en un 80%, se puede afirmar que el nivel de actividad sufrirá una fuerte desaceleración, dentro de un contexto de elevada inflación”, confirmó. Esto, considerando que en el próximo mes de agosto Argentina deberá enfrentar un vencimiento de deuda externa por 4,4 mil millones de dólares que en 2009 será de 11,2 mil millones.
El estudio de la universidad de la provincia norteña, está basado en el armado y el seguimiento de lo que los economistas denominan “indicadores líderes”, a través de los cuales se puede anticipar con bastante certidumbre lo puede ocurrir en un plazo inmediato.
“La buena noticia es que la inflación se frenará sola. La mala es que todo se producirá con un nivel de actividad mucho más bajo”, remarcó.
También analizó el conflicto que mantiene actualmente la gestión K con los ruralistas: “Es un problema de plata y además de poder, ya que el campo le quitó a Kirchner el monopolio del poder cortar las rutas”, graficó. Completó que ese poder “lo ha perdido hasta Moyano, que antes hacía piquetes en Carrefour o en Loma Negra”.
Szewach, hizo estas anticipaciones basado en el hecho de que “estamos ante un escenario de fin del ciclo de la alta liquidez, que anuncia un panorama de alta inestabilidad de las monedas y indudablemente marca que el actual récord de intercambio comercial podría bajar”, declaró aludiendo directamente a los extraordinarios precios internacionales de la soja y demás granos que tal vez no dure mucho tiempo más.
“El efecto del superávit comercial es el producto del precio –de la soja- que además hoy por problemas de logística no puede ser sostenido por inconvenientes de logística”, analizó, haciendo blanco en la carencia de camiones para mover dentro del país tanto producción como insumos como los combustibles.
En tanto, explicó que actualmente la economía ya muestra signos de desaceleración “por el aumento de la inflación y no directamente por el conflicto del campo que duró directamente 101 días”, consideró.
Asimismo, consideró que el escenario de desaceleración está estrechamente relacionado con la competitividad: “Los costos en dólares subieron un 30 y pico por ciento para el sector privado y el riesgo país ya supera el de Venezuela”, alertó.
Desmenuzando el actual superávit fiscal por el cual se ufana hoy el Gobierno nacional, el economista dijo que “está compuesto en gran medida por las jubilaciones y por los derechos de exportaciones”.
Según los gráficos mostrados por Szewach para el primer cuatrimestre del año, el gasto ha crecido a un ritmo de un 40% anual, con una composición de un 37,3 % de jubilaciones y un 63,5 % de subsidios al sector privado, algo que representa unos 13 mil millones de pesos.
Relacionado con esto último, el técnico aseguró que “el Gobierno necesita más plata en medio de la actual bonanza de los precios internacionales, por el crecimiento de la factura de los subsidios que hasta el 11 de marzo, en buena medida, fueron financiados con la inflación”, aseguró.
Respecto a la inflación, además explicó que mientras el INDEC marca una inflación de un 9% anual, su estudio consideró una del orden de un 28%. “Pero lo más preocupante es la expectativa de inflación que medimos y que ha superado ampliamente a la real llegando a rozar un 36% anual”, develó.
También calificó al discurso del Gobierno en torno a la inflación como de “esquizofrénico”. “El Gobierno dice que no hay inflación pero admite que si llegara a haberla sería sólo en el rubro alimentos”, recordó.
Comparativamente, según los números de Szewach, Argentina ha demostrado, en el sector alimentos, una inflación de un 32%, frente a una de un 12,3% de Brasil, de un 17,5% de Uruguay y de un 18% de Chile. En cada caso, pensando a la inflación general, los alimentos tienen un peso en Argentina de un 28%, en Brasil de un 4,5%, en Uruguay de un 8,9% y en Chile de un 8%.
Puntualizando en la actual disputa de “plata y poder” en la que está enfrascada la gestión de Cristina Fernández, quien parece que no dará marcha atrás con sus determinaciones, el economista hizo hincapié en que mientras siga subiendo el nivel del gasto y no encuentre una fuente de financiamiento genuina “o se baja el gasto o se tiene más inflación”. Una inflación que ha marcado niveles récord que suponía bajar el gasto o cobrarle más impuestos a alguien. “Y lo que primero que encontró y a lo que echó mano fue el campo. Y si esto no prospera se encontrará frente a una situación muy complicada donde deberá tomar una decisión o buscar a otro sector para sacarle plata”, opinó.
En ese contexto además el economista añadió que “para el kirchnerismo este es el modelo y están convencidos de que esta es la manera de gobernar”, disparó.
Frente al autismo demostrado por el Ejecutivo nacional y que se manifestó por los más de cien días que estuvo abiertamente enfrentado al campo argentino, Szewach opinó que el campo no puede estar indefinidamente sin producir y por lo tanto “no estamos frente a un panorama similar al que vivimos en marzo, abril o mayo”. Pensando un escenario intransigente, anticipó que “lo que va a ocurrir es que la gente del campo va a invertir mucho menos, quienes no puedan no van a invertir directamente y los grandes bajarán el ritmo de crecimiento lo que redundará en un menor nivel de recaudación y actividad, generando el mismo problema fiscal que tiene hoy por caída de los ingresos tradicionales”, anticipó.
Frente a los tiempos que están corriendo frente al conflicto que mantiene el gobierno con el campo, además agregó que “o se toman las decisiones ahora por las buenas y se rearma un programa razonable desde el punto de vista del financiamiento del gasto y de ingresos, aprovechando todavía este escenario internacional o se va a tener que tomar en el futuro porque el escenario internacional cambió o porque la reacción local a esta expropiación indirecta va a ser producir menos, que es lo más probable”, dijo.
Analizando el nivel actual de la alícuota del régimen de retenciones móviles impuesto por Cristina Fernández, el economista consideró que lo ideal hubiera sido pensar las distintas situaciones de rentabilidad de cada productor. “Podría haber sido que en lugares donde el rendimiento es extraordinario los productores podrían haber pagado el 40% pero no todos”, lanzó refiriéndose a los productores de pequeño y mediano tamaño como así también a los de zonas marginales”, explicó.
“Yo creo que la alternativa sería ir a un esquema donde todas las retenciones fueran a cuenta del impuesto de las ganancias. De manera tal que se coparticiparan por un lado y se blanquera la economía y no hubiera doble imposición y se armara una especie de tabla de ese impuesto en función de los rindes promedio de cada una de las regiones y de las zonas. Una especie de impuesto a las ganancias a cuenta de un impuesto a la renta normal potencial de la tierra. Como es viejo impuesto setentista que tanto les gustaba a los muchachos”, sugirió.
También analizó el conflicto que mantiene actualmente la gestión K con los ruralistas: “Es un problema de plata y además de poder, ya que el campo le quitó a Kirchner el monopolio del poder cortar las rutas”, graficó. Completó que ese poder “lo ha perdido hasta Moyano, que antes hacía piquetes en Carrefour o en Loma Negra”.
Szewach, hizo estas anticipaciones basado en el hecho de que “estamos ante un escenario de fin del ciclo de la alta liquidez, que anuncia un panorama de alta inestabilidad de las monedas y indudablemente marca que el actual récord de intercambio comercial podría bajar”, declaró aludiendo directamente a los extraordinarios precios internacionales de la soja y demás granos que tal vez no dure mucho tiempo más.
“El efecto del superávit comercial es el producto del precio –de la soja- que además hoy por problemas de logística no puede ser sostenido por inconvenientes de logística”, analizó, haciendo blanco en la carencia de camiones para mover dentro del país tanto producción como insumos como los combustibles.
En tanto, explicó que actualmente la economía ya muestra signos de desaceleración “por el aumento de la inflación y no directamente por el conflicto del campo que duró directamente 101 días”, consideró.
Asimismo, consideró que el escenario de desaceleración está estrechamente relacionado con la competitividad: “Los costos en dólares subieron un 30 y pico por ciento para el sector privado y el riesgo país ya supera el de Venezuela”, alertó.
Desmenuzando el actual superávit fiscal por el cual se ufana hoy el Gobierno nacional, el economista dijo que “está compuesto en gran medida por las jubilaciones y por los derechos de exportaciones”.
Según los gráficos mostrados por Szewach para el primer cuatrimestre del año, el gasto ha crecido a un ritmo de un 40% anual, con una composición de un 37,3 % de jubilaciones y un 63,5 % de subsidios al sector privado, algo que representa unos 13 mil millones de pesos.
Relacionado con esto último, el técnico aseguró que “el Gobierno necesita más plata en medio de la actual bonanza de los precios internacionales, por el crecimiento de la factura de los subsidios que hasta el 11 de marzo, en buena medida, fueron financiados con la inflación”, aseguró.
Respecto a la inflación, además explicó que mientras el INDEC marca una inflación de un 9% anual, su estudio consideró una del orden de un 28%. “Pero lo más preocupante es la expectativa de inflación que medimos y que ha superado ampliamente a la real llegando a rozar un 36% anual”, develó.
También calificó al discurso del Gobierno en torno a la inflación como de “esquizofrénico”. “El Gobierno dice que no hay inflación pero admite que si llegara a haberla sería sólo en el rubro alimentos”, recordó.
Comparativamente, según los números de Szewach, Argentina ha demostrado, en el sector alimentos, una inflación de un 32%, frente a una de un 12,3% de Brasil, de un 17,5% de Uruguay y de un 18% de Chile. En cada caso, pensando a la inflación general, los alimentos tienen un peso en Argentina de un 28%, en Brasil de un 4,5%, en Uruguay de un 8,9% y en Chile de un 8%.
Puntualizando en la actual disputa de “plata y poder” en la que está enfrascada la gestión de Cristina Fernández, quien parece que no dará marcha atrás con sus determinaciones, el economista hizo hincapié en que mientras siga subiendo el nivel del gasto y no encuentre una fuente de financiamiento genuina “o se baja el gasto o se tiene más inflación”. Una inflación que ha marcado niveles récord que suponía bajar el gasto o cobrarle más impuestos a alguien. “Y lo que primero que encontró y a lo que echó mano fue el campo. Y si esto no prospera se encontrará frente a una situación muy complicada donde deberá tomar una decisión o buscar a otro sector para sacarle plata”, opinó.
En ese contexto además el economista añadió que “para el kirchnerismo este es el modelo y están convencidos de que esta es la manera de gobernar”, disparó.
Frente al autismo demostrado por el Ejecutivo nacional y que se manifestó por los más de cien días que estuvo abiertamente enfrentado al campo argentino, Szewach opinó que el campo no puede estar indefinidamente sin producir y por lo tanto “no estamos frente a un panorama similar al que vivimos en marzo, abril o mayo”. Pensando un escenario intransigente, anticipó que “lo que va a ocurrir es que la gente del campo va a invertir mucho menos, quienes no puedan no van a invertir directamente y los grandes bajarán el ritmo de crecimiento lo que redundará en un menor nivel de recaudación y actividad, generando el mismo problema fiscal que tiene hoy por caída de los ingresos tradicionales”, anticipó.
Frente a los tiempos que están corriendo frente al conflicto que mantiene el gobierno con el campo, además agregó que “o se toman las decisiones ahora por las buenas y se rearma un programa razonable desde el punto de vista del financiamiento del gasto y de ingresos, aprovechando todavía este escenario internacional o se va a tener que tomar en el futuro porque el escenario internacional cambió o porque la reacción local a esta expropiación indirecta va a ser producir menos, que es lo más probable”, dijo.
Analizando el nivel actual de la alícuota del régimen de retenciones móviles impuesto por Cristina Fernández, el economista consideró que lo ideal hubiera sido pensar las distintas situaciones de rentabilidad de cada productor. “Podría haber sido que en lugares donde el rendimiento es extraordinario los productores podrían haber pagado el 40% pero no todos”, lanzó refiriéndose a los productores de pequeño y mediano tamaño como así también a los de zonas marginales”, explicó.
“Yo creo que la alternativa sería ir a un esquema donde todas las retenciones fueran a cuenta del impuesto de las ganancias. De manera tal que se coparticiparan por un lado y se blanquera la economía y no hubiera doble imposición y se armara una especie de tabla de ese impuesto en función de los rindes promedio de cada una de las regiones y de las zonas. Una especie de impuesto a las ganancias a cuenta de un impuesto a la renta normal potencial de la tierra. Como es viejo impuesto setentista que tanto les gustaba a los muchachos”, sugirió.


