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Arranca una reñida discusión por el precio del tacho de uva
Será el próximo martes. Asistirán el gremio de los trabajadores vitivinícolas (FOEVA), funcionarios del Ministerio de Trabajo y el sector privado.El gremio estaría dispuesto a pedir un aumento mayor al 100% en el tacho. Además, la reunión cobra relevancia nacional porque es el primer encuentro paritario de la gestión de Cristina, por lo que estarán muy atentos UOCRA y SMATA.
El próximo martes la vitivinicultura argentina dejará de hacer precalentamiento y verá el ingreso en la cancha de sus principales jugadores con el fin de iniciar la discusión, en paritarias, del precio del tacho de uva.
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Una discusión que este año promete ser bastante ardua, trabajosa y entretenida, debido que la actualidad propone un juego de intereses complejos por la que se considera una negociación paritaria nacional clave para el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Esto es así debido a que es la primera paritaria de su gestión y sobre la que están tanto los ojos atentos de otros sindicatos como UOCRA o SMATA y la del mismo Gobierno Nacional que proyectará lo que sucederá, según lo que pase con el tacho de uva, con los salarios, por ejemplo, de los camioneros de Moyano.
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Si bien se había corrido el rumor de que, por falta de quórum, la reunión del martes próximo se suspendería, todo indica que eso no sucederá, aunque se solicite su aplazamiento –mediante una nota formal- debido a algunas ausencias de algunos privados que están de vacaciones.
En el caso de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), Eduardo Senra, asistirá a la reunión –más allá de que la UVA sea una de las entidades que firmó la solicitud de aplazamiento-, ya que el sentido básico será que los gremios no interpreten como un desaire la falta de un representante de la entidad con oficinas en el quinto piso del edificio de la Bolsa de Comercio de Mendoza.
Ese día, aunque sólo quede asentado como una anécdota el pedido de suspensión, como todos los años, el sector sindical pedirá y el sector privado escuchará. Luego de eso seguramente los privados pedirán un cuarto intermedio con el fin de analizar la propuesta hasta la próxima reunión ya que se espera un pedido “casi desmedido”.
Es que, alguien habría leído que la solicitud por el precio del tacho de uva rondará los dos pesos. Si se toma en cuenta el último precio base pagado por la industria –unos 80 centavos por tacho en 2007- el aumento excedería el 100%.
Así las cosas, si la solicitud de los sindicalistas se basara en una máxima sostenida sobre una inflación de un 20%, el nuevo valor del tacho de uva sería de 96 centavos. Según arriesgan los entendidos del sector, la discusión entonces estaría más cerca de un aumento de un 15% que de un 20%.
Números más, números menos, los intereses girarán en torno a los productores que no quieren perder rentabilidad en un año que observan como complicado y los trabajadores que le tiene miedo al futuro por el problema que ven por el asunto inflacionario. Un temor que no es infundado, más aún si observan los problemas que están tratando de solucionar los trabajadores de Aerolíneas Argentinas o los del propio Gobierno.
Presión de otros sindicatos
Si bien la negociación promete ser compleja por si misma dentro del sector vitivinícola, el sindicato que representa a sus trabajadores (SOEVA), por ser esta la primera negociación salarial en el gobierno de Cristina, otros sindicatos fuertes a nivel nacional están pidiendo que no se ceda terreno ante los privados.
El problema es que a diferencia de los camioneros o la industria de la soja, la vitivinicultura posee un fuerte impacto en sus costos merced a la mano de obra que es considerada como “intensiva”.
En algunos casos, según la variedad de uva de la que se trate en la cosecha, la mano de obra significa entre un 40% y un 50% del costo total del producto final: el vino.
Esto significa, a diferencia de otros sectores, que cuando se toca la mano de obra de la vitivinicultura se está influyendo en una parte muy importante de la industria, lo cual tornará aún más compleja y sensible a la negociación.
Ese día, aunque sólo quede asentado como una anécdota el pedido de suspensión, como todos los años, el sector sindical pedirá y el sector privado escuchará. Luego de eso seguramente los privados pedirán un cuarto intermedio con el fin de analizar la propuesta hasta la próxima reunión ya que se espera un pedido “casi desmedido”.
Es que, alguien habría leído que la solicitud por el precio del tacho de uva rondará los dos pesos. Si se toma en cuenta el último precio base pagado por la industria –unos 80 centavos por tacho en 2007- el aumento excedería el 100%.
Así las cosas, si la solicitud de los sindicalistas se basara en una máxima sostenida sobre una inflación de un 20%, el nuevo valor del tacho de uva sería de 96 centavos. Según arriesgan los entendidos del sector, la discusión entonces estaría más cerca de un aumento de un 15% que de un 20%.
Números más, números menos, los intereses girarán en torno a los productores que no quieren perder rentabilidad en un año que observan como complicado y los trabajadores que le tiene miedo al futuro por el problema que ven por el asunto inflacionario. Un temor que no es infundado, más aún si observan los problemas que están tratando de solucionar los trabajadores de Aerolíneas Argentinas o los del propio Gobierno.
Presión de otros sindicatos
Si bien la negociación promete ser compleja por si misma dentro del sector vitivinícola, el sindicato que representa a sus trabajadores (SOEVA), por ser esta la primera negociación salarial en el gobierno de Cristina, otros sindicatos fuertes a nivel nacional están pidiendo que no se ceda terreno ante los privados.
El problema es que a diferencia de los camioneros o la industria de la soja, la vitivinicultura posee un fuerte impacto en sus costos merced a la mano de obra que es considerada como “intensiva”.
En algunos casos, según la variedad de uva de la que se trate en la cosecha, la mano de obra significa entre un 40% y un 50% del costo total del producto final: el vino.
Esto significa, a diferencia de otros sectores, que cuando se toca la mano de obra de la vitivinicultura se está influyendo en una parte muy importante de la industria, lo cual tornará aún más compleja y sensible a la negociación.