Se llama Bocas Junior, nació en Camerún y competirá en boxeo en París 2024
Las canciones lo dicen, los fanáticos lo aseguran. Pero para muchos solo es una frase propia de quien es hincha: “Boca es mundial”. Lo cierto es que, entre chicanas y exageraciones, existe una persona que sirve como testimonio vivo de que el fútbol argentino, y el Xeneize en particular, supieron trascender fronteras. Un boxeador de 25 años nacido en Camerún que participará de los próximos Juegos Olímpicos de París 2024 se llama Bocas Junior. Su padre veía los partidos del club de la Ribera en la década del 90 y se enamoró de Juan Román Riquelme y Alphonse Tchami.
Nació en Camerún en 1999 y su padre lo llamó de una manera que él no comprendió hasta entrado en la adultez. Bocas Junior lo bautizaron, aunque, asegura el protagonista, eso nunca le llamó la atención. Hasta que dio una entrevista que se viralizó y despertó el interés de los hinchas xeneizes, que enseguida llenaron su perfil de Instagram de comentarios alentadores, apoyo y corazones azules y amarillos. “En España, cuando me preguntan mi nombre, me dicen: `¿Cómo?´. Yo no presto atención. Hasta la policía... Cuando me pararon en la calle, me pidieron mi documento y vieron mi nombre. `¿Te llamas Bocas Junior? ¿Sabes lo que significa? Es un equipo de fútbol de Argentina´. A mí no me llamaba la atención, hasta que di la entrevista. Y entonces entendí lo que me decían.”
Bocas contó que le gustaría ir a la Bombonera para conocer más la historia del equipo que inspiró su nombre, pero reconoció que no es un fanático del fútbol. ¿Por qué un padre en Camerún, que no hablaba en absoluto español ni había vivido en Argentina, llamó así a su hijo? “Le pregunté de dónde salía mi nombre, me dijo que estaba viendo muchos partidos de Boca en esa época. Me habló de Diego Maradona, de Alphonse Tchami, de Riquelme”, reveló. “Me dijo que tenía un buen equipo, que eran buenos jugadores. Por eso, le encantó ese nombre y cuando nací, me puso Bocas Junior”, explicó, sin advertir la sutil diferencia entre el suyo y el nombre del club porteño.
Bocas Junior nació muy pobre y no fue a la escuela. Por eso, a los 12 años decidió escapar de Camerún en busca de nuevas oportunidades y siguió el consejo de un amigo que lo enviaba a España, aunque no sabía que era "un país de gente blanca". Emprendieron una travesía que los llevó primero a Marruecos, aunque allí tuvieron dos intentos fallidos de cruzar a Europa. La policía los vio intentándolo en balsa durante la madrugada y Bocas Junior vio frustrarse la idea de un futuro distinto. Pero él y su amigo insistieron y finalmente, luego de un esfuerzo que les llevó cinco años, ingresaron a España. “En Ceuta logré cruzar la valla en mi primer intento. Tuve suerte, pero el camino fue muy duro. No sabía ni siquiera lo que me esperaba. Mi madre me pudo ayudar en todo mi camino dándome algún dinero, pero mi amigo no tenía esa suerte y teníamos que ir trabajando en los países que cruzábamos para poder costearnos todo. No podía avanzar sin él. Eso hizo que tardase tanto”.
Bocas se instaló enseguida en Avilés, aunque subsistir no era nada fácil, ya que no tenía plata, papeles, trabajo ni comida. Un día encontró un gimnasio y pidió que le enseñaran un “deporte de fuerza”. Las pesas no lo saciaron y advirtió que a unos metros había gente practicando boxeo. “Me enamoré enseguida”, reconoció hace un tiempo. Desde entonces, comenzó a ir diariamente a entrenar; ya que también su entrenador lo recompensaba con algo de dinero, con el que Bocas Junior podía comer. Al tiempo encontró un trabajo de albañil y pudo distribuir su tiempo entre el deporte y el trabajo. Hasta que llegó la ayuda de Cáritas, que le regaló una segunda oportunidad luego de algunas inconductas.
La organización de servicio social lo ayudó económicamente a sustentar su sueño de ser boxeador, lo que a Bocas lo ayudó enormemente e hizo que se comprometiera detrás de ese objetivo. Pero, según él mismo contó: “Me eché amigos que no debía. Estaba enganchado a los porros. Cuando llegué al piso no sabía las normas. Me pillaron fumando en la habitación y me expulsaron un mes. Les pedí ayuda. Necesitaba una actividad, el boxeo, para no volver a la mala vida. Me apuntaron y nunca he parado de entrenar desde entonces”. De todas formas, al no tener papeles para conseguir un trabajo de forma legal, Bocas se mudó a Madrid, donde vivían su hermana y el esposo de ella. Allí, consiguió trabajo como profesor de boxeo en un gimnasio en el interior del Club Rayo Vallecano.
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Y, desde entonces, el boxeo se volvió su vida. Empezó a competir primero de forma amateur y luego consiguió disputar el Campeonato de España 2022, representando a Madrid, donde terminó tercero. Al año siguiente, en el mismo torneo, se llevó el oro al cosechar todas victorias por knockout. Pero, una curiosidad: no pudieron darle el cinturón a causa de la falta de papeles; por lo que el finalista (es decir, su víctima) fue el nombrado campeón. Su labor allí le dio la chance de participar del Campeonato Africano que se llevaba a cabo en su Camerún natal, pero Bocas Junior tuvo un gesto de caballerosidad: “Descubrí que la selección tenía alguien en mi peso. No quise competir, le dejé la posibilidad al que estaba. No quería quitarle su chance”.
Finalmente, la vida le dio la recompensa que tanto buscó y Bocas Junior estará en los Juegos Olímpicos de París 2024. Los hinchas xeneizes ya lo han apadrinado y le muestran todo su apoyo en redes sociales. Boca lo ha abrazado como propio, pese que el atleta portará la bandera de Camerún… ese país en el que todo comenzó. En el que un padre enamorado del fútbol, 25 años atrás, llamó a su hijo como un club que no conocía, que no sabía pronunciar y que se radicaba a 8.700 kilómetros de su hogar.
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