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No existe ni habrá nunca nadie más grande que Roger Federer

Como amante del tenis y un obsesivo del deporte, puedo decir que ningún deportista me produjo tanto placer como Roger Federer. Su retiro impacta, quizás menos de lo esperado por sus últimos años prácticamente fuera del circuito, pero sobre todo genera hermosos recuerdos.
Foto: DPA
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Un arte. Ver jugar a Roger Federer era ver una obra de arte en constante movimiento. 

El retiro estaba prácticamente consumado pero todos los que amamos el tenis teníamos la ilusión de verlo jugar de nuevo. Aunque sabíamos que ya "no le daba" para pelear en un Grand Slam, soñábamos con verlo levantar nuevamente el trofeo en Wimbledon, vestido elegante, como su estilo exigía.

Fueron pocos los partidos que jugó en los últimos años producto de una serie de lesiones que lo tuvo a mal traer y finalmente lo obligó a dar la noticia que nadie quería escuchar: que se retira definitivamente del tenis. Tendremos una última función en la Laver Cup, pero será a modo de despedida, un consuelo para los que todavía lo esperamos.

Tuve la suerte de seguir su carrera prácticamente desde el comienzo, cuando yo era muy chico y soñaba con ser como él (o como alguno de los tantos talentos de la Legión Argentina). En el 2002 yo tenía 8 años, quería ser tenista y era el comienzo de una época dorada de Roger, con un dominio prácticamente total que duró desde 2003 hasta 2010.

Y digo prácticamente porque apareció la otra bestia. Rafael Nadal. El único motivo por el que Federer no pudo ganar como mínimo cinco Grand Slam más. Nadal se adueñó de Roland Garros y le dio pelea en otros grandes como Wimbledon y Australian Open, pero en líneas generales, la superioridad de Federer era notable.

En esos años puedo decir orgullosamente que debo haber visto el 100% de los partidos televisados de Roger (en aquel momento era más difícil seguir torneos más chicos), y siempre quería que ganara. Siempre, salvo cuando enfrentaba a algún argentino, como en la final del Masters de Shanghai 2005, cuando cayó en un épico partido contra David Nalbandian, o en la final del US Open 2009, cuando sucumbió ante Juan Martín del Potro.

No me arrepiento de haberme quedado despierto toda la noche o de haber madrugado para poder ver a Federer. Para mí, que quería ser como él, era magia.

Es difícil de expresar con palabras, pero habrá sido como ver a Jordan para los amantes del básquet, a Maradona o a Messi para los del fútbol, o ver correr a Senna o Schumacher para los del automovilismo.

Yo tengo la particularidad de ser un amante de todos esos deportes. De verlos y seguirlos a todos desde muy chico y a pesar de mi edad de haber buscado en los archivos para ver cómo jugaban esos cracks que no pude ver en vivo. Y nadie logró despertarme la admiración y el respeto de Federer.

Los puristas de la estadística (otro apartado para mi fascinante del deporte) dirán que Federer finalmente se retira con menos títulos "grandes" que Nadal y que Novak Djokovic. Es cierto. Aunque parecía realmente imposible, el español y el serbio terminaron superando al Maestro en trofeos de Grand Slam y de Masters 1000, los más destacados del tenis.

Sin embargo, el legado de Roger va mucho más allá de los números. Nadal es un animal competitivo. Nadie tiene la garra y la fortaleza mental del mallorquín. Djokovic es quizás el más versátil y resiliente de los tres, con un tenis completo y prácticamente sin fisuras.

Pero ni el español ni el serbio tienen el carisma y la facilidad para moverse por la cancha que tenía Roger. Flotaba por el cemento, el césped o el polvo de ladrillo. Literalmente parecía que volaba.

Los récords están para romperse, ya lo demostró el español Carlitos Alcaraz, la nueva superestrella del tenis mundial, quien se convirtió en el hombre más joven en llegar al número uno del ránking con tan solo 19 años. Dicen los especialistas que Alcaraz es un mix entre Federer, Nadal y Djokovic. Le queda una larga y esperemos, próspera carrera por delante. 

A pesar de Nadal, Djokovic, Alcaraz y los que vengan, cierro esta despedida con la frase que la resume: no existe ni habrá nunca nadie más grande que Roger Federer.

Eternamente agradecidos.