Borges: instrucciones para hacer un laberinto y no morir en el intento
Pasaron 40 años sin Jorge Luis Borges: su laberinto en el campo cultural siembra la política. La izquierda le da risa, mientras la derecha no aprende.
El británico Randoll Coate es el maestro que soñó literalmente el diseño del Laberinto de Borges en San Rafael, en Mendoza, y el de Venecia.
Borges me tiene harto desde hace muchísimo tiempo (años) y lo atribuyo a la impotencia ante su genialidad y su lucidez para dedicarse a lo mejor que podía hacer en su vida: dejar una obra asombrosa e intentar, entre varios asuntos y como al pasar, un relato sobre la Argentina con menos precariedad que la consabida.
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Borges
A veces creo que Borges intentó pensar una mejor historia para la Argentina insuflando cierta sofisticación, elegancia discreta y la cuota de salvajismo que requiere todo relato fundante.
Un gesto rimbombante que sin torcer demasiado lo genuino, desparramó a modo de su "Eneida", hasta porque Virgilio lo atrapaba más allá de este poema que "fundó" Roma.
Es posible que apelando a su precisión demoledora en el lenguaje y a su formidable don para la síntesis que los dioses le otorgaron en el reparto de destrezas, Borges haya dado una versión criolla y germánica, gaucha y erudita, como un vals áspero o una milonga estilizada. Y con la cadencia de una antigua leyenda nórdica pero de fondo, la amenaza del malón, siempre, al acecho.
Ricardo Piglia hace notar que Borges jamás escribió un texto que superase las diez páginas. Ese talento es un privilegio y un compendio que convoca la admiración unánime. Decir mucho y en pocas palabras es una proeza.
Y un día caí en la trampa. Y esa condena es perpetua. Y por eso el hartazgo, el fastidio, lo inexorable: me uní al destino borgeano por buena y propia voluntad, sin reparar en lo que vendría.
Era un juego, creí, pero no fue tan lineal. He ganado mucho más participando en la construcción de esa epopeya en San Rafael, pero, desde entonces, es imposible salir del universo de Borges.
Es una dulce sentencia y una lección para jugadores incautos y soberbios en ascenso. Incluso más: el juego en el Mundial de Borges destierra ambas condiciones. Y si yo era así (y yo era mucho así), ahí quedó aquel ropaje, enterrado con las plantas y taponeado por el riego subterráneo.
Creíamos que era cuestión de plasmar un solo laberinto. Error. Primera devolución del teacher en los preparativos: un laberinto es todos los laberintos. Lo escribió. Aparece en el más renombrado de todos sus cuentos: El Aleph. Y allí está lo que menciono.
Claramente no oía el suave y determinante mensaje del destino. Y ese eco se repetía toda vez que aparecía, de los modos más misteriosos y hasta de los más sencillos que recuerde:
Y para ser muy sincero: si esa instancia se repitiera seguro que decidiría "hacer" lo mismo. ¿Qué cosa? Un Laberinto de Borges, en un lugar al que supimos muy rápido que le venía bien al teacher. Porque si bien fue ciego veía más que los "no" ciegos.
Ese espacio dentro de la estancia Los Álamos era un terreno olvidado, casi un basural, en medio del campo y la luz única que existe en Cuadro Bombal, a 15 kilómetros de la ciudad de San Rafael. Apenas había un sendero entre la maleza y la basura que conectaba a Norma y Oscar con la casa. El diseño del laberinto fue más que respetado: tiene las dimensiones de una cancha de fútbol. Y los viñedos y frutales a su alrededor es la custodia natural.
Allí se han cocinado bastantes asuntos que me reservaré. Política, economía, terroirs, sociales, diplomacia, el fashion show (conocimos a la modelo Heidi Klum antes de ser famosísima). En fin, otros laberintos. Incluso vivió allí un hombre que fue gobernador de Mendoza tres veces.
No estoy nada seguro que Borges haya llegado como visita. Pero ha estado siempre. A causa de Susana Bombal. Hubo en un tiempo seis cartas de Borges dirigida a Los Álamos en Cuadro Bombal, San Rafael. Las ví. Las leí. Luego el cachafaz las vendió. Y nos daba fotocopias diciendo que las estaba protegiendo. Hasta que un día confesó.
Durante todos los meses que se prolongó este milagro de construcción hubo viajes a todos lados, incluyendo el que hicieron a Londres, Gabriel Mortarotti y Andrés Ridois, para ver cómo estaban planteados los laberintos históricos, y además conocer y conversar con el diseñador Randoll Coate.
Fueron a que les tiraran un centro. Yo en mi vida había plantado algo. Camilo, igual o peor.
Pero siempre volvíamos a la baticueva. Y era tanta la simbiosis que, en esos meses, todos nos vestíamos con la ropa que quedaba más a mano al despertar. No importaba la propiedad. Era gracioso porque siempre estábamos vestidos del "otro", de "los otros".
¿Algo más borgeano que "yo y el otro yo"? No se consigue. Y nos enteramos de esta melange cuando algún visitante advirtió que esa prenda ya la había visto en algún otro de los otros.
Laberinto
Hay un elemento interesante que a Borges le haría gracia: Randoll Coate llegó a Buenos Aires como agregado de la Embajada del Reino Unido, en los años 50. Cuando murió The Guardian hizo un obituario destacando que había muerto el mejor diseñador de laberintos simbólicos del mundo (hizo uno en un homenaje a los Beatles y ha hecho maravillas).
Randoll conoció a Susana Bombal y ella fue quien le presentó a su amigo Jorge Luis Borges. Coate estaba aprendiendo español y comenzó a leer los libros del viejo loco. Amor a primera vista, reverencia eterna. Cuando se murió Coate comenzó a saberse la verdad: era un espía inglés. Un James Bond literato.
El agente del servicio secreto soñó una noche, ya muerto Borges, con este libro abierto al universo que contiene en su interior letras y símbolos. Estos resumen los temas que convocaron la atención del escritor.
Soñó literal con este diseño que hoy ya es parte de los atractivos de San Rafael pero también de Venecia: allí, unos monjes levantaron una huerta que estuvo en funciones durante 500 años, en la isla San Giorgio, y adaptaron el mismo dibujo para el patio central del convento.
Jorge Luis Borges
Camilo, Gabriel, Andrés y este cronista. Empezamos cuatro y cuando nos dimos cuenta había colas de fieles. Eran más bien inesperados peregrinos: fraternos, incrédulos, extasiados, atónitos. La feligresía requiere de todo lo contrario a lo que hacíamos. Se pide lealtad hasta la muerte, uniformidad de criterios, verticalismo, solemnidad.
Hicimos este laberinto, justamente, para compartir al teacher con todas sus viudas, con los oportunistas, los que descubren pelotudeces de su vida, los cagatintas, los críticos, la academia, los poetas, los jurados del Premio Nobel, los políticos, los militares, los paisajistas, los secretarios de Turismo, los filántropos... Y podría seguir describiendo faunas.
El trabajo inicial fue apenas eso: lo inicial, dejarlo plantado luego de varios meses de absoluta conexión. Estábamos teledirigidos o muy enfocados. Borges siempre aparecía; inevitable.
Uno de los momentos más luminosos en un año que fue completamente iluminador sucedió cuando invitamos a los estudiantes de una escuela de no videntes de San Rafael. Ellos plantaron algunos arbustos e hicieron los primeros recorridos. Escribo esto con muchísima emoción.
Con viento en contra, granizo, dudas y desconfianza, el plan que nunca tuvimos funcionó. El viejo loco nos iba guiando. Abrió caminos azarosos, inquietantes, sobrenaturales algunos. Camilo era el traductor designado. Y nos enseñó a conectar, a estar atentos a ese infortunio que se llama vida. Nacemos sin pedirlo, morimos del mismo modo. Es un infortunio pero de lo más apasionante, cierto.
Esta historia está mucho mejor contada en una película que tuvo su buen y prolongado momento de exhibición en la sala de cine del MALBA en Buenos Aires. En Mendoza, no, nunca se estrenó. Se llama "Jardín de sueños" y fue dirigida por Javier Tanoira y Alejo Yael. Está liberada en YouTube, con el mismo espíritu que se hizo todo: salirnos de nosotros mismos, compartir el gusto por la lectura y por lo colosal que es Borges en la literatura.
Luego tomaron la posta Caro, Marcos, Nacho, Sofía, el padre de Camilo. Y si logramos que 10 personas de las miles y miles que pasan por año por este "libro abierto al universo", en formato lúdico, se entusiasmen por la obra literaria de Borges hicimos una parte de la gran misión.
Laberinto Borges
Al final, y de algún modo ridículo, que es un adjetivo muy adecuado, Borges es como Isidoro Cañones. O así nos gustaba pensarlo. O así escribimos nuestro Borges. O así honramos a Borges: desde la desfachatez, de la pretensión de creer que la onda era solamente plantar 9 mil arbustos variedad boj, de la cósmica línea del tiempo, del estar hartos de Borges.
En la estancia Los Álamos, el gabinete de los experimentos de Camilo Aldao (al que también le aparecieron viudas luego de morir, rarísimo para un hombre al que le gustaban los hombres, pero síntoma borgeano si lo piensan, o pelotudamente pueblerino, quién sabe), había que estar a la altura de Borges. Y de Susana Bombal.
Y de hacer lo que hacen los muy buenos escritores, como Camilo, que era genial para vivir y no escribir, nada o poco, apenas insinuaciones.
Apenas se terminó aquella locura del "levantar" un laberinto, el tipo fue genial hasta el último instante: listo el "jardincito" de su casa, se murió.
Camilo se fue por la puerta grande. Tardé muchos años en entenderlo. Y a veces estoy harto de Camilo, también. Debí aprender a divertirme en soledad o a divertirme de otro modo y también a no divertirme.
El traductor de espíritus se murió o se mató o las dos cosas o hizo un truco de magia y dejó todo el "jardincito" bien prolijo. Un aplauso, por favor.
Podría haber sido un gran escritor aunque nunca escribió un cuento. Los vivió todos. Trabajó como periodista en la revista "Gente" y su legado, o sea, su escritorio, se lo traspasó a Marcela Tauro. Otro aplauso, por favor.
Con ese humor hicimos el Laberinto Homenaje a Borges en San Rafael y Borges me tenés cansado. Plomazo.
Camilo Aldao
Camilo Aldao fue el 1, no es necesario decirlo. El 1 que jamás lo dijo y ni falta que hacía. El que para rendir una prueba de Literatura en la escuela le hizo una entrevista al maldito Borges, al viejo loco, el ciego que ve, el que indigna a la izquierda porque no hay uno que asome entre ellos para empardarlo, o el mismo que la derecha subestima porque los de derecha, en Argentina, son más capos que Borges, creen.
Me tiene harto, Borges.
Borges
Hace 40 años se murió. Me refiero a Borges, ese viejo loco que poco presumía, o lo hacía de un modo discreto, contundente y sin reclamos. Borges como todo narrador tuvo esa debilidad por una historia en la mejor versión posible. Y esa es la operación que me fascina.
La contribución de Borges al relato que describe la historia de este país es interesada, desde luego. Al que escribe siempre le asiste ese derecho. Pero la suya no es contribución mezquina.
Existe una diferencia notable en esta sutileza. No es el suyo un orden histórico consensuado. Es una Argentina posible, una no antropófaga, ni miserable para defender una o dos certezas o centímetros de poder.
Borges escribió una posibilidad de país sin que nadie se la dictara. Ni amigos ni oponentes ni nadie, Lo hizo sabiendo el peso de su testimonio, de lo incómodo que resulta contrariarlo, de lo que cuesta separar la ficción con la realidad.
¿Construyó una verdad, en la manía de corregir ése "cuento" en mejor versión? ¿Y si para ello forzó o exageró o bien omitió aspectos que lo estorbaban en esa tarea? Si fue así su talento es aún más descomunal.
Borges se fue a Ginebra para morir allí. No quiso el destino fúnebre que tanto lo impactó en ocasión del deceso de Ricardo Balbín. Las fotos que se publicaron del finado orador del radicalismo decidieron a Borges que la muerte tenía que ser bastante menos lúgubre.
En estos 40 años sin Borges la izquierda argentina, tanto como lo hizo durante su vida, ha fracasado en erigir una autoridad tan indiscutible, Y la derecha argentina lo exhibe pero sigue sin leerlo desdeñando un sistema muy cercano a la genialidad, simple y condensado
Síntesis hegeliana: cuatro décadas en su ausencia es una ventaja que nadie ha sabido aprovechar. Y el teacher quizá ha madurado una idea que nos cruza a todos los argentinos: somos incorregibles.