Cuando la lluvia convierte al Gran Mendoza en un río
Una reflexión sobre la respuesta del sistema aluvional del Gran Mendoza durante las últimas tormentas que afectaron el sector.
Cada vez que llueve fuerte en el Gran Mendoza se repite una escena que empieza a resultar demasiado familiar: calles anegadas, autos avanzando con el agua hasta las ruedas y esquinas donde el tránsito se vuelve prácticamente imposible. No es un episodio aislado ni una situación excepcional. Es una imagen que, con mayor o menor intensidad, vuelve todos los veranos.
Pero más allá de las imágenes impactantes, la pregunta de fondo es otra: ¿es normal que una ciudad se inunde de esta manera?
El fin de semana de vendimia, tras una tormenta intensa, volvió a verse una escena que ya resulta conocida para muchos mendocinos. En redes sociales comenzó a circular un video donde una calle de Mendoza parece literalmente un río. El agua corre con fuerza, baja con corriente y obliga a los vehículos a atravesar la calle con extrema precaución. La grabación fue realizada por la influencer mendocina Yayo Copa y rápidamente se viralizó.
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Ahora bien, que una tormenta genere acumulación de agua en algunas esquinas puede ser algo relativamente normal en muchas ciudades del mundo. Pero cuando las calles pasan a comportarse como canales por donde corre el agua con fuerza, la discusión cambia.
Vecinos de la recientemente remodelada calle Sarmiento comentaban que el martes pasado, tras una lluvia que duró apenas quince minutos, para poder bajarse del auto debían hacerlo por el asiento del acompañante, porque el agua cubría completamente el lado del conductor.
Mendoza tiene una particularidad histórica: su sistema de acequias. Estas estructuras cumplen una función clave en la conducción del agua y forman parte del diseño urbano desde hace más de un siglo. Sin embargo, cuando el caudal supera su capacidad o cuando el sistema no logra absorber la cantidad de agua que cae en poco tiempo, el agua busca otro camino. Y muchas veces ese camino termina siendo la calle.
A esto se suma otro problema difícil de ignorar: muchos de los grandes desagües del Gran Mendoza terminan funcionando como basurales improvisados. En canales importantes como el zanjón Frías o el zanjón de Los Ciruelos, no es raro ver residuos acumulados que los propios vecinos arrojan. Cuando llegan las tormentas, esa basura termina obstaculizando el escurrimiento del agua y agravando las inundaciones.
Las señales de que el problema existe aparecen incluso en lugares inesperados. Hasta un sacerdote de una importante iglesia del centro suele comentar, con cierta resignación, cómo el templo histórico se inunda cuando las tormentas son fuertes. Si incluso edificios emblemáticos ubicados en pleno corazón de la ciudad tienen dificultades para resistir estas lluvias, la pregunta vuelve a aparecer con más fuerza.
No se trata solamente de una cuestión edilicia menor. Hablamos de un patrimonio que forma parte de la historia de Mendoza y que además integra el circuito turístico de la ciudad. De hecho, hace algunos días intenté comunicarme con el director de Turismo de la Ciudad, Felipe Rinaldo, para conversar sobre la situación de uno de los templos históricos más importantes del centro mendocino, que también se ve afectado por estas lluvias. Hasta el momento no hubo respuesta.
También hay factores humanos que influyen. Acequias tapadas por residuos, sedimentos acumulados o infraestructura que no siempre logra acompañar el crecimiento de la ciudad pueden agravar el problema.
Lo que muestran estas imágenes no es solamente una tormenta fuerte. Es una escena que se repite verano tras verano y que vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda: si cada lluvia intensa termina con calles que parecen ríos, entonces quizás no se trate solamente del clima.
Tal vez la pregunta correcta no sea si la lluvia fue fuerte. La pregunta es si la ciudad y el Gran Mendoza están preparados para ella.