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Sebastián Halpern fue uno de los mendocinos que se animó a participar de este Dakar 2010. Lo hizo como una aventura, porque tenía ganas de tener un desafío así.
"Mi idea fue siempre terminar la carrera. Ni siquiera había pensado en ganar etapas", señaló apenas cruzó la línea de meta en la ciudad bonaerense de Bolívar.
Halpern es uno de los tantos corredores argentinos que decidió meterse al Dakar con la infraestructura y la logística justa y necesaria. Sin lujos, con nada de sobra, a puro pulmón.
Aún así, después de un par de días, Halpern se dio cuenta de que llevaba muy buen ritmo, y que era posible ir por más. En las primeras etapas no estuvo cerca de los de arriba; estuvo entre los de arriba. Y así fue al cabo de la tercera etapa se convirtió en el ganador de la etapa que unió a la ciudad de La Rioja con la catamarqueña Fiambalá.
A partir de ese momento, pareció acomodarse en la carrera. Y comenzó a pelear por un lugar en el podio, atrás de los hermanos Marcos y Alejandro Patronelli, que a esa altura ya mandaban en la general.
El mendocino cometió un error que le costó ese tercer puesto. Transgredió un punto del reglamento -cosa que reconoció y asumió como una equivocación- y tuvo que afrontar una penalización de tres horas.
A pesar de ese traspié, no se entregó y salió a demostrar que podía revertir la historia en la ruta. Siguió marchando entre los delanteros y logró algo histórico: como si no lo le alcanzara ser el primer mendocino en ganar una etapa, ganó otra. Fue entre Mendoza y San Juan, para coronarse cerca de su gente.
Otro mendocino entre los primeros diez
Bernaro Graue se animó al Dakar y tuvo su recompensa. Prolijo y cuidadoso, con el objetivo de llegar al final, el mendocino que condujo un cuatriclo Can Am, logró meterse entre los mejores diez pilotos de la competencia en esta categoría.
Terminó en un noveno y valioso lugar y terminó de consolidar una actuación destacada y equilibrada.