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Salud mental y vida cotidiana: cuando el malestar pide ser escuchado

En diálogo con MDZ, la psicóloga Ailin Di Nasso analizó por qué el cuidado emocional necesita tiempo, escucha y continuidad más allá de las campañas de mayo.


La conversación sobre salud mental vuelve a ocupar espacio cada mayo. Aparecen campañas, publicaciones en redes, mensajes institucionales y frases que buscan romper el silencio alrededor del malestar emocional. El movimiento es necesario, sobre todo en una época en la que la ansiedad, la depresión y el agotamiento forman parte de muchas rutinas.

Pero la visibilidad también abre una pregunta de fondo: ¿qué ocurre con ese tema cuando termina el mes y la agenda pública vuelve a correrse hacia otro lugar?

Una conversación que no puede durar solo un mes

MDZ habló con la licenciada en Psicología Ailin Di Nasso, matrícula 5082, sobre la importancia de sostener la salud mental como una dimensión constante de la vida y no como una consigna pasajera. “La salud mental no es un eslogan ni un tema de temporada”, explicó la profesional. Su planteo coincide con un escenario global complejo: la Organización Mundial de la Salud informó que más de 1.000 millones de personas viven con trastornos de salud mental, una cifra que muestra la magnitud del problema y la necesidad de ampliar el acceso a la atención.

Para Ailin Di Nasso, hablar del tema implica ir más allá de los diagnósticos. No se trata únicamente de ponerle nombre clínico a un malestar, sino de mirar cómo viven las personas, qué exigencias naturalizan, cómo se vinculan, cuánto espacio queda para el descanso y qué lugar ocupan el error, el placer o la pausa en la vida cotidiana. “Hablar de salud mental también es preguntarnos por los modos de vincularnos y por las exigencias que damos por normales”, sostuvo.

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Hablar de salud mental hoy es hablar de política, de regulación, de acceso y de equidad.

Cuando el malestar también dice algo

En tiempos de hiperconexión, productividad permanente y rendimiento emocional, no todo malestar debe leerse como una falla individual. A veces, aparece como una respuesta frente a contextos que demandan demasiado y dejan poco margen para registrar lo que pasa. “El malestar no siempre es patológico; muchas veces es una respuesta lógica a condiciones que nos exigen estar disponibles todo el tiempo”, señaló Di Nasso.

Esa mirada permite salir de las respuestas rápidas. La salud mental no se resuelve con una frase motivacional, ni con una receta igual para todos. Lo que ayuda a una persona puede no servirle a otra. Lo que para alguien representa alivio, para otro puede ser insuficiente o incluso ajeno. Por eso, la psicóloga remarcó la importancia de recuperar preguntas antes que imponer soluciones: "Más que ofrecer consejos universales, necesitamos habilitar preguntas: cómo estoy viviendo, qué me está pasando realmente y qué necesito nombrar".

Escuchar sin apurar

Mayo puede funcionar como un recordatorio, pero también como un punto de partida. No necesariamente para hacer más, sino para hacer distinto. Escuchar sin apurar, acompañar sin corregir y abrir espacios donde no todo tenga que resolverse de inmediato son formas concretas de cuidado. “Cuidar la salud mental no es eliminar el malestar, sino poder darle lugar sin quedar atrapados en él”, explicó Ailin Di Nasso.

El desafío, entonces, ya no parece ser instalar el tema. En buena medida, esa conversación ya llegó a la agenda social. La tarea más difícil es sostenerla con profundidad y evitar que quede atrapada en la lógica del consumo rápido: una placa, una frase, un posteo y nada más. Porque hablar de salud mental, en definitiva, también es hablar de cómo queremos vivir, qué ritmos aceptamos como normales y qué espacios necesitamos construir para no atravesar el malestar en soledad.