La planta ideal para tener flores y perfume en casa el 21 de septiembre
Las fresias florecen entre agosto y septiembre, tienen un aroma intenso y pueden cultivarse en macetas, aunque deben plantarse con anticipación.
Estas plantas se destacan por sus flores coloridas, su perfume y la posibilidad de cultivarlas en macetas o canteros.
ShutterstockAntes de que el calendario anuncie la primavera, algunas plantas ya comienzan a transformar balcones, patios y jardines. Entre ellas aparece la fresia, una especie reconocible por sus flores de colores intensos y un perfume capaz de extenderse por los ambientes cuando sus varas se colocan dentro de la casa.
Su ciclo coincide con el final del invierno argentino. El INTA señala que las fresias florecen naturalmente durante agosto y septiembre, mientras que la apertura de sus flores puede extenderse unas cuatro semanas. Sin embargo, hay un dato decisivo para quienes quieran disfrutarlas el 21 de septiembre: un cormo recién plantado tarda entre 120 y 140 días en producir flores. Por eso, a fines de agosto conviene comprar un ejemplar ya brotado, con pimpollos o próximo a florecer. Los cormos dormidos que se planten ahora quedarán orientados hacia un ciclo posterior.
Por qué la fresia se convierte en una protagonista de la primavera
La planta nace de un órgano subterráneo conocido habitualmente como bulbo, aunque su nombre botánico es cormo. De allí emergen hojas finas y varas que pueden alcanzar entre 70 y 80 centímetros cuando encuentran buenas condiciones. Sus flores se distribuyen hacia un mismo lado del tallo y pueden ser blancas, amarillas, rosadas, violetas, rojas o anaranjadas. La combinación de esa forma particular con su fragancia explica su uso habitual en jardines, arreglos florales y en la industria del perfume. También se adapta a recipientes, lo que permite cultivarla en balcones o patios pequeños.
Para plantar cormos, el INTA recomienda esperar a que la temperatura del suelo se ubique por debajo de los 20 grados y enterrarlos a unos tres o cuatro centímetros. El sustrato tiene que drenar con facilidad, ya que la acumulación de agua favorece la aparición de problemas sanitarios. En macetas, además de comprobar que existan orificios en la base, conviene dejar una pequeña separación entre cada ejemplar. La fresia necesita buena luminosidad, temperaturas frescas y circulación de aire. No es una planta para mantener permanentemente en un interior oscuro, aunque sus varas cortadas sí pueden utilizarse para perfumar la casa.
Cómo cuidar una fresia que ya tiene brotes o pimpollos
Durante el crecimiento, el riego debe mantener el sustrato ligeramente húmedo, pero nunca encharcado. El INTA aconseja evitar aguas con una elevada concentración de sales y, cuando sea posible, no mojar el follaje. Las varas suelen inclinarse cuando comienza la floración, por lo que pueden necesitar un tutor fino. Tampoco conviene aplicar fertilizantes sin evaluar primero el estado de la planta.
Un estudio realizado por especialistas del organismo encontró que la fertilización foliar retrasó la apertura de las flores entre una y dos semanas y no produjo mejoras claras en la mayoría de los cultivares analizados.
Qué hacer cuando termina la floración
Una vez que las flores se marchitan, pueden retirarse las varas agotadas, pero las hojas deben permanecer hasta que estén completamente amarillas o secas. Durante ese período, la planta continúa almacenando reservas en los nuevos cormos que utilizará en la temporada siguiente. Recién entonces se reduce el riego y se pueden desenterrar los órganos subterráneos para guardarlos en un sitio seco y ventilado.
Con esa pausa respetada, la fresia podrá reiniciar su ciclo cuando vuelvan las temperaturas adecuadas. Para llegar con flores a esta primavera, en cambio, la elección correcta será una planta adelantada: hojas firmes, tallos sanos y pimpollos formados.


