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El truco casero que muchos usan en verano para frenar hormigas en casa sin químicos fuertes

Un poco de talco bien colocado puede romper el recorrido de las hormigas y ayudar a mantenerlas lejos en verano.

Uno de los mayores atractivos para las hormigas en verano es la comida dulce o rica en carbohidratos que no está cubierta.

Uno de los mayores atractivos para las hormigas en verano es la comida dulce o rica en carbohidratos que no está cubierta.

En verano, las hormigas suelen aparecer sin aviso y casi siempre por la misma razón: comida al alcance y migas que nadie vio. A veces alcanza con dejar una fruta madura, una gota de azúcar o un plato sin lavar para que se arme una fila perfecta que va y viene.

Frente a eso, muchas personas prefieren probar alternativas caseras antes de recurrir a aerosoles o productos más agresivos. Entre esos recursos, el talco se volvió un aliado clásico porque no “mata por impacto” sino que complica el avance y cambia el comportamiento del hormiguero.

Por qué el talco funciona como barrera

El talco actúa de dos maneras que, juntas, resultan muy útiles. Por un lado, altera el rastro químico que dejan las hormigas para guiar a las demás: cuando ese camino se corta, la columna se desordena y pierde dirección. Por otro, el polvo fino puede afectar su respiración al tapar pequeños orificios del cuerpo, lo que las obliga a evitar la zona o a retroceder. Además, la textura les resulta incómoda.

No es magia ni un “veneno invisible”, pero sí un obstáculo que, aplicado en puntos clave, suele reducir la circulación y evita que la casa se convierta en un pasillo de insectos.

El paso más importante es mirar con atención. No conviene espolvorear al azar: hay que ubicar por dónde entran y qué ruta repiten. Cuando se identifica el recorrido, se coloca una línea fina de talco en zócalos, marcos de puertas, grietas, esquinas y bordes de ventanas. También sirve rodear la base del tacho de basura o la zona donde cae comida. Si la presencia es mínima, se puede aplicar directamente sobre el grupo que aparece, siempre con cuidado de no levantar una nube de polvo. La barrera debe mantenerse seca: si se humedece, pierde efecto, por lo que a veces hay que reponerla.

hormigas

Si hay muchas hormigas, qué sumar para que no vuelvan

Cuando la invasión es grande, el talco ayuda, pero suele necesitar compañía. La estrategia más efectiva combina bloqueo y prevención. Primero, limpieza fina: repasar mesadas, pisos y rincones donde quedan restos dulces o grasos. Segundo, cortar accesos: sellar rendijas con masilla o silicona y ordenar alacenas para que no haya alimento expuesto. Tercero, atacar el “punto de interés”: si van por agua, secar canillas; si van por pan, guardarlo bien. En casos insistentes, algunos recurren a cebos específicos para hormigas en zonas seguras, lejos de niños y mascotas, porque apuntan a la colonia y no solo al tránsito visible.

El talco también se usa como recurso complementario contra otras plagas domésticas o del jardín. En plantas, un espolvoreo suave puede ayudar a incomodar a ciertos insectos, sobre todo si las hormigas estaban “cuidando” pulgones para aprovechar su melaza. En huertas, se menciona como disuasivo para algunos escarabajos en cultivos. Y en el ambiente, hay quienes lo aplican como barrera para evitar que pulgas o mosquitos se acerquen, aunque conviene ser prudente: evitar la inhalación, no usarlo cerca de ojos o nariz y, si hay mascotas, mantener el polvo fuera de su alcance directo.

La clave, en definitiva, está en entender que las hormigas no aparecen por capricho. Buscan alimento, agua y un camino fácil. El talco puede ser ese “corte” que las obliga a cambiar de ruta, pero el resultado mejora si se acompaña con hábitos simples: limpiar rápido, guardar comida, cerrar entradas y sostener el control unos días. Con constancia, la fila se interrumpe, el tránsito baja y la casa vuelve a sentirse tranquila, incluso en los días más calurosos del año.